La falta de diésel y queroseno, sumada a sanciones y años de deterioro del sistema eléctrico, deja a más del 60 % de la isla sin servicio en horas pico y provoca cancelaciones de vuelos.
Cuba entra en una nueva fase de su crisis energética con previsiones de apagones récord, suspensión de la venta minorista de diésel y escasez de queroseno para las aerolíneas, un escenario que ya provoca cancelaciones de vuelos y amenaza al turismo, una de las principales fuentes de divisas de la isla.
La empresa estatal Unión Eléctrica anticipó que los cortes simultáneos dejarán sin servicio a más del 64 por ciento del país en las horas de mayor demanda. El déficit energético ronda los 2.000 megavatios, resultado de una capacidad de generación muy por debajo de la demanda y de la paralización de buena parte del sistema termoeléctrico y de la generación distribuida.
La crisis se intensifica en medio del endurecimiento de la presión de Washington. A finales de enero, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva destinada a impedir que terceros países envíen crudo a Cuba, en un momento en que los envíos desde Venezuela quedaron suspendidos tras la captura de Nicolás Maduro y también se redujeron los suministros desde México. El gobierno cubano calificó esas medidas como una “asfixia energética”, mientras expertos independientes señalan que la crisis también responde a décadas de infrafinanciación y poco mantenimiento del sistema eléctrico.
La fragilidad del sistema se refleja en que seis de las 16 unidades termoeléctricas están fuera de servicio por averías, incluidas dos de las mayores generadoras del país. La generación distribuida, que en condiciones normales aporta cerca del 40 por ciento de la electricidad, permanece prácticamente detenida por falta de combustible. Estimaciones independientes citadas por agencias internacionales indican que serían necesarios entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para modernizar la infraestructura eléctrica.

En barrios de La Habana, los residentes buscan alternativas para cocinar y alumbrarse. Agencias internacionales reportan la proliferación de cocinas artesanales hechas con tambores reciclados en las periferias. El carbón vegetal, cuyo precio puede equivaler a cerca de la mitad del salario mínimo mensual, se ha convertido en una compra obligada para hogares que no pueden costear plantas eléctricas o baterías. Comerciantes dicen que nunca habían vendido tanto a clientes particulares y que muchos compran varios sacos ante el temor de que la situación empeore.
Al mismo tiempo, aumenta la demanda de paneles solares entre quienes pueden pagarlos. Empresas privadas de instalación trabajan a contrarreloj ante un aumento de pedidos desde comienzos de año, mientras instituciones religiosas y organizaciones comunitarias recurren a donaciones para financiar sistemas que les permitan mantener comedores sociales y servicios básicos.
Para muchos cubanos, el giro hacia soluciones alternativas recuerda al “período especial” de los años noventa tras la caída de la Unión Soviética, aunque ahora la crisis ocurre en un contexto económico más debilitado.
La escasez de combustible también afecta a la conectividad aérea. El gobierno anunció fuertes restricciones a la gasolina y la ausencia de queroseno para aviones en los aeropuertos del país. Un aviso oficial a pilotos y controladores señala que el déficit afecta a todos los aeropuertos internacionales durante un mes, del 10 de febrero al 11 de marzo.
Air France informó que mantendrá su ruta con La Habana mediante una escala técnica en otro país del Caribe, mientras Air Canada anunció la suspensión de sus vuelos hacia Cuba. En Colombia, la embajada de ese país indicó que las operaciones de Copa Airlines y Wingo se mantienen sin cambios. Sin embargo, la suspensión temporal de los vuelos desde Canadá representa un golpe especialmente duro para el turismo cubano, ya que ese país aporta más del 40 por ciento de los visitantes internacionales.
Entre diciembre y febrero, temporada alta del turismo en la isla, se cancelaron más de un centenar de vuelos semanales desde Canadá. Aerolíneas como Air Canada, Westjet y Transat anunciaron la suspensión de sus operaciones por el déficit de combustible y la repatriación de los viajeros que ya se encontraban en el país. Una estimación sitúa en unos 25.000 los turistas canadienses en Cuba al momento de las cancelaciones.
Según datos oficiales, Cuba recibió el año pasado 1,8 millones de turistas, el peor registro desde 2002 sin contar los años de la pandemia. De ellos, 754.010 eran canadienses, equivalentes al 41,5 por ciento del total. Cálculos independientes señalan que la desaparición temporal de ese mercado podría reducir a la mitad los ingresos del turismo, restar un 3 por ciento al producto interno bruto y contraer un 8 por ciento las exportaciones.
La crisis energética se suma a una economía que ya acumulaba una caída superior al 15 por ciento, con escasez de bienes básicos, inflación elevada y migración masiva. La falta de petróleo importado ha obligado al gobierno a adoptar medidas de austeridad, como reajustes de horarios en oficinas públicas, impulso del teletrabajo y recorte de servicios no esenciales para priorizar hospitales, agua y sectores críticos.
Los apagones prolongados han sido detonantes de protestas en los últimos años, lo que añade presión política sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel. Mientras tanto, Rusia expresó su solidaridad con la isla y criticó lo que calificó como “prácticas neocoloniales” de Estados Unidos, al tiempo que confirmó que los vuelos con turistas rusos se mantienen con normalidad y que unos 4.000 ciudadanos de ese país se encuentran en Cuba.
*Con información de EFE.
