Maria Grazia Chiuri afirma la identidad de la casa italiana con una manifestación contundente de colectividad y conciencia creativa.
El círculo se ha cerrado. Tras dejar su huella en los archivos de Dior y Valentino, Maria Grazia Chiuri regresó a la casa donde todo comenzó hace tres décadas y media: Fendi. Pero su debut como directora creativa en la Milan Fashion Week no fue solo un ejercicio de evocación; fue una potente declaración de principios.
Bajo el lema “Less I, More Us” (Menos Yo, Más Nosotros), a través de la colección Otoño/Invierno 2026-27, Chiuri rescató los códigos históricos de la casa romana y los reorganizó bajo una lógica contemporánea, profundamente ligada al espíritu colaborativo de las hermanas Fendi. En la pasarela, la individualidad cedió su trono para celebrar la comprensión, el intercambio y la aceptación del otro.
Poesía para llevar puesta
Ese eje conceptual de encuentro y diálogo encontró su reflejo en la obra de Mirella Bentivoglio, figura fundamental de la poesía visual italiana. La colaboración entre la casa y el Archivo Bentivoglio dio vida a una edición limitada de joyería, diseñada originalmente por la artista en los años setenta.
En ella, el accesorio abandona su rol decorativo para transformarse en un dispositivo poético: en signos que incorporan pensamiento y memoria, recordándonos que lo que elegimos portar sobre la piel es, en última instancia, una extensión de nuestras ideas.
Códigos de hermandad y resistencia
La narrativa de Chiuri también se fortaleció con la visión de la artista multidisciplinaria SAGG Napoli. Inspirada en la dualidad del deporte competitivo —donde el individuo se funde con el equipo—, la propuesta integró afirmaciones contundentes en bufandas de fútbol y camisetas.
Frases como “Rooted but not stuck” (Arraigada pero no estancada) o “Loyal but not obedient” (Leal pero no obediente) dieron a la hermandad un significado franco. No se trata de una disciplina ciega, sino de una complicidad basada en el discernimiento y la responsabilidad compartida.
La ropa como asunto existencial
En escena, Chiuri desdibujó las fronteras de género. Lo femenino y lo masculino dejaron de ser etiquetas opuestas para convertirse en adjetivos que describen cualidades comunes. En esta visión, la ropa se desprende de su rigidez para entenderse como un asunto de la existencia cotidiana, una narrativa que se apoya en siluetas de marcada estructura en ‘X’ y escotes en V profundos dictaron el ritmo del desfile.
Este lenguaje visual encuentra su fuerza en un dominio absoluto del negro, que fluye entre la delicadeza táctil del encaje macramé y el chantilly tallado en cuero, conviviendo con la resistencia urbana del double denim. Es, en definitiva, un diálogo constante donde la sofisticación de la sastrería más pulida se funde con el pragmatismo de los pantalones cargo, elevando lo funcional a una nueva categoría de elegancia.


El lujo como memoria afectiva
Quizás el gesto más humano de la colección fue el lanzamiento de “Echo of Love”. En un paso firme hacia la sostenibilidad real, Fendi presentó piezas confeccionadas exclusivamente con pieles upcycled de sus propios archivos.
El proyecto invita a llevar sus piezas heredadas a los talleres de la firma para ser reelaboradas. Esta visión entiende que una prenda no es un objeto desechable, sino un estratificado de recuerdos: quién la regaló, quién la usó antes, qué versión de nosotros mismos fuimos cuando la vestimos. “Elegir readaptar una prenda es, ante todo, un acto de lealtad hacia la propia historia”.

Al extender la vida útil de lo que ya existe, Chiuri eleva la conservación de los recursos a una dimensión ética y colectiva. Así, Fendi cierra este primer capítulo con una elegancia sobria y cargada de propósito: un lujo que busca identidad compartida.
