La Cámara de Comercio de Bogotá traza su hoja de ruta para 2026 con foco en internacionalización, ciencia, tecnología e innovación. Su presidente, Ovidio Claros Polanco, asegura que la meta es llevar a más empresarios, especialmente de la base popular, a competir en el mundo.

La Cámara de Comercio de Bogotá, que articula el ecosistema empresarial de la región, cerró 2025 con una serie de apuestas sectoriales que, según Ovidio Claros Polanco, su presidente, generaron un “estallido real” en torno al rol de las cámaras de comercio. La iniciativa buscaba construir rutas concretas para que los empresarios, especialmente los de la economía popular, recorran un camino de crecimiento acompañado.

Uno de los casos más visibles fue el sector moda. La estrategia comenzó desde las bases populares, fortaleciendo capacidades productivas, comerciales y organizacionales. El siguiente paso fue llevar esas iniciativas a escenarios de mayor visibilidad y proyección internacional. “La gran medición al final del éxito es que tú recorres ese camino, llegas allá y muestras un producto terminado”, explica Claros, en referencia al salto de emprendimientos locales hacia vitrinas globales.

Esa experiencia marcó un precedente. Para 2026, la hoja de ruta es más ambiciosa y tiene una palabra clave: internacionalización. La Cámara no solo busca acompañar procesos productivos, sino abrir puertas en distintos mercados del mundo a través de las plataformas creadas en 2025. La meta es que más empresarios de la base piramidal logren insertarse en cadenas de valor globales y encuentren nuevos destinos para sus productos.

“Vamos a profundizar y a ir a diferentes lugares del mundo”, señala Claros. El enfoque no es aislado, hace dos años la entidad comenzó a trabajar en una estrategia que integra internacionalización con ciencia, tecnología e innovación, entendiendo que la competitividad ya no depende únicamente de la capacidad productiva, sino del acceso a herramientas digitales, inteligencia artificial y nuevos modelos de negocio.

Uno de los proyectos más emblemáticos es el Centro de Ciencia, Tecnología e Innovación que se desarrolla junto a Corferias. Allí, la Cámara busca consolidar un campus que articule formación, transferencia tecnológica y acompañamiento empresarial. “Vamos a integrar todo esto para que nuestros empresarios tengan de primera mano todas esas herramientas que tienen que ver con la tecnología, con la inteligencia artificial y demás”, afirma.

La visión es construir un ecosistema donde el pequeño empresario pueda transitar desde la formalización hasta la expansión internacional con respaldo institucional. El campus proyectado, que estaría completamente desarrollado en menos de dos años y medio, pretende convertirse en un nodo estratégico para la región.

En paralelo, la entidad recuerda a los empresarios la importancia de renovar su matrícula mercantil antes de marzo. Más allá del cumplimiento legal, Claros lo plantea como una puerta de entrada a beneficios concretos. Quienes renueven antes del 16 de marzo accederán a descuentos y podrán vincularse a las diferentes plataformas de acompañamiento, innovación e internacionalización.

“Van a poder soñar en ir a otros países a vender sus productos”, insiste. En esa frase se condensa la apuesta institucional: transformar la narrativa empresarial, pasar del temor a la expansión y construir capacidades para competir en mercados globales.

En Colombia la economía popular representa una porción significativa del tejido productivo, y la estrategia de la Cámara de Comercio de Bogotá apunta a convertir ese potencial en exportaciones, tecnología aplicada y sofisticación empresarial. La oportunidad, según su presidente, ya está sobre la mesa, y la siguiente etapa es recorrerla.