Andrea Yáñez, directora ejecutiva del Fondo de Agua Agua Somos, explica por qué Colombia enfrenta una crisis hídrica silenciosa y cómo esta alianza con Estéreo Picnic busca transformar la cultura en acción colectiva.

Colombia tiene agua de sobra, o al menos eso se cree. Mientras el país presume de ser una de las naciones con mayor riqueza hídrica del mundo, una crisis silenciosa avanza desde sus páramos hasta sus ciudades, las fuentes se deterioran, la demanda crece y la conciencia colectiva sobre el problema permanece estancada. Esa es la paradoja que Andrea Yáñez, directora ejecutiva del Fondo de Agua Agua Somos, lleva más de quince años intentando resolver.

En la más reciente cápsula de Forbes Colombia, Yáñez expone con precisión técnica y urgencia estratégica los tres factores que explican la vulnerabilidad hídrica del país: el crecimiento poblacional, el incremento en el consumo per cápita y la creciente amenaza sobre las fuentes de abastecimiento. Pero el diagnóstico es apenas el punto de partida. Lo que diferencia a Agua Somos de otras iniciativas es su apuesta por la medición como herramienta de transformación.

“Si no medimos cuánto volumen de agua usamos, realmente no podríamos tener una corresponsabilidad efectiva y sobre todo real”, afirma Yáñez. En esa lógica, el fondo opera bajo una estrategia que denomina CCCA: conocimiento, conciencia, compromiso y acción. No basta con saber que el agua es escasa. Hace falta entender cuánta se usa, dónde se pierde y qué decisiones concretas pueden revertir el daño.

Uno de los conceptos centrales de la conversación es la huella hídrica, un indicador que cuantifica el volumen de agua incorporado en bienes, servicios y comportamientos humanos. Yáñez lo ilustra con sencillez, los zapatos, la ropa, el hacer la comida, todo tiene y usa agua. Saber cuánta es el primer paso para actuar con responsabilidad.

Agua Somos trabaja actualmente en la macrocuenca del Magdalena, interviniendo territorios en Cundinamarca, Tolima y Boyacá con soluciones basadas en la naturaleza, proyectos de acceso al recurso y sistemas de medición de impacto. Su modelo no opera en solitario, se posiciona explícitamente como una plataforma de acción colectiva que articula al sector público, privado con empresas clave en sectores como el de bebidas, lo académico y comunitario. “En términos de agua no podemos tomar decisiones solos”, señala su directora.

Quizás el capítulo más revelador de esta cápsula es la alianza que Agua Somos ha construido con Estéreo Picnic, el mayor festival de música de Colombia en términos de área ocupada, artistas, aliados y asistentes. La lógica detrás de la iniciativa no es decorativa ni de imagen corporativa, se trata de medir la huella hídrica real que genera un evento con más de 170.000 asistentes y convertir esa medición en acción territorial concreta.

“La cultura amplifica el mensaje, moviliza emociones, conecta generaciones y trasciende en escenarios”, plantea Yáñez. Bajo esa premisa, el impacto esperado de la alianza no se queda en cifras, apunta directamente a la restauración de bosque alto andino para proteger la seguridad hídrica de la cuenca del río Bogotá.

El mensaje que emerge de la conversación es tan urgente como esperanzador. Colombia tiene una ventana de acción. La crisis hídrica no es inevitable, pero sí exige que los sectores productivos, las instituciones y la ciudadanía abandonen la pasividad. “No tengamos miedo de actuar, no tengamos miedo al conocimiento, no tengamos miedo a conocer nuestros impactos”, concluye Yáñez. La pregunta que deja esta cápsula no es si el agua está en riesgo. La pregunta es cuánto tiempo más puede Colombia actuar como si no lo estuviera.

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