Desde Bogotá, Diego Mora lidera la estrategia regional del mayor gestor del mundo que ve en América Latina una nueva fuente de crecimiento. BlackRock ya tiene US$8.000 millones invertidos en Colombia.

“América Latina se ubica en la intersección de varias de las megafuerzas que están redefiniendo la economía global”, dice Diego Mora durante una entrevista con Forbes en la sala de juntas de la oficina de BlackRock en Bogotá, desde donde también lidera la operación para Centroamérica y Perú.

En un mundo en el que los gobiernos pasaron de ser quienes proporcionan calma a ser los orquestadores de la incertidumbre, la mayor administradora de activos del mundo encontró en las megafuerzas un marco para filtrar el ruido del día a día y mantener el foco en tendencias estructurales de largo plazo.

Bajo ese lente, América Latina se convierte en un mercado atractivo. La firma identifica cinco megafuerzas que están reconfigurando el mundo: la divergencia demográfica, con una región que aún conserva una población más joven que buena parte del mundo desarrollado; la transición energética, con oportunidades clave en países como Chile, Brasil y Colombia; la disrupción de la inteligencia artificial, que demandará minerales estratégicos abundantes en el continente; la fragmentación geopolítica y la transformación del sistema financiero.

El ejecutivo bogotano habla de la región y de inversiones con conocimiento de causa. Hace dos décadas, después de trabajar en investigaciones económicas en Citi y Skandia, viajó a Estados Unidos para cursar un MBA cuya práctica lo vinculó a Barclays Global Investors, firma que en 2009 fue adquirida por BlackRock. Desde entonces, ha participado en el equipo para Latinoamérica dentro de la organización.

Mora aterrizó la estrategia de BlackRock en el sur de América: desde el estudio de factibilidad para llevar los fondos cotizados en Bolsa a Brasil, para eventualmente lanzar el primer ETF de ese mercado -así como el primer fondo en acciones peruanas-, hasta la apertura de la oficina en Colombia en 2012.

En el país, la firma lanzó en 2011 el iColcap, el primer y mayor ETF de acciones locales. También estructuró una plataforma de infraestructura que ha lanzado dos fondos al momento: el primero por $825.000 millones en 2017, y el segundo por $2,7 billones en 2023. A esto se suma su posición como principal emisor de fondos internacionales en la rueda del Mercado Global Colombiano.

De los más de US$14 billones que BlackRock administra a escala global, aproximadamente US$8.000 millones están invertidos en Colombia: alrededor de US$3.000 millones en acciones locales, casi US$1.000 millones en infraestructura y el resto en deuda pública.

“Somos unos de los principales tenedores de deuda pública del gobierno colombiano”, asegura Mora, convencido del potencial de Colombia y, al mismo tiempo, del peso en el mercado local de la marca que representa.

Andrés Restrepo Montoya, gerente general de la Bolsa de Valores de Colombia y gerente corporativo de Mercados de nuam, asegura que la “participación de un actor como BlackRock eleva la escala y la liquidez del mercado, amplía la base de inversionistas internacionales y dinamiza la negociación con estándares globales. Su presencia contribuye a canalizar capital hacia emisores de la región y refuerza la competitividad de nuestros mercados en el contexto internacional”.

Más allá de los ETF

BlackRock se convirtió en el gestor en el que más inversionistas han confiado en el mundo gracias a su ADN innovador y su capacidad de identificar las oportunidades. Cuando la firma estadounidense compró el brazo de asset management de Barclays buscaba impulsar su segmento de ETF, hoy es líder de ese mercado con el 30% de la participación global. Ahora, la apuesta está enfocada principalmente en las inversiones alternativas.

“La diversificación en un portafolio normalmente se veía como 60% en acciones y 40% en renta fija, pero la correlación entre ambos activos ha aumentado. Debe reformularse la diversificación: 50-30-20. 50% acciones, 30% renta fija y 20% alternativas pareciera ser el nuevo 60-40”, asegura Mora.

En ese segmento, la compañía ha concentrado su apuesta en tres frentes: infraestructura, crédito privado y bitcoin. En enero de 2024 el gigante compró Global Infrastructure Partners, la mayor plataforma independiente de infraestructura del mundo, con más de US$100.000 millones en activos bajo gestión, en una operación que combinó US$3.000 millones en efectivo y cerca de 12 millones de acciones. Meses después adquirió HPS Investment Partners, referente en crédito privado, con alrededor de US$148.000 millones en activos, en un acuerdo de US$12.000 millones.

Sin embargo, el gigante no es el único que ha visto una oportunidad en los alternativos en América Latina. SURA Investment Management y Credicorp Capital Asset Management operan de manera conjunta una plataforma de infraestructura que incluye un fondo de equity por US$97 millones y otro de acciones por US$86,5 millones. A su vez, Patria Investments, con más de US$42.000 millones en activos bajo gestión en la región, se ha consolidado como el principal administrador de inversiones alternativas en Colombia.

En lo que concierne a los criptoactivos, la postura de BlackRock fue determinante en el repunte histórico de los últimos años. En enero de 2024, la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. (SEC, por sus siglas en inglés) aprobó los primeros ETF de bitcoin y el iShares Bitcoin Trust (IBIT) del gestor se convirtió en el primer fondo en la historia en alcanzar los US$10.000 millones en activos. Hoy supera los US$90.000 millones, consolidándose como el mayor ETF de bitcoin del mercado.

Pero los activos alternativos no son los únicos en los que BlackRock ve oportunidades. Mora sostiene que todavía hay espacio en renta variable de Wall Street, en particular en compañías vinculadas a la inteligencia artificial; también identifica potencial en el mercado accionario de Japón y en la deuda de corto plazo de economías emergentes.

Tanto el inversionista colombiano como la organización que representa tienen claro el rumbo: proteger y hacer crecer el capital que les fue confiado. Son 14 billones de unidades de confianza que exigen disciplina, lectura estratégica del mercado y capacidad de anticipación. La apuesta es sólida: identificar a tiempo las oportunidades -como la que empieza a crecer en América Latina- y posicionarse antes de que el ciclo vuelva a girar.

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