El magnate inmobiliario convertido en diplomático, cuya última declaración financiera se publicó en abril, es un 15% más rico que hace un año gracias a su proyecto de criptomonedas con la familia Trump y su participación en SpaceX, la empresa de Musk.
Ha sido un año lleno de acontecimientos para Steve Witkoff. Este promotor inmobiliario neoyorquino de 69 años, designado por el presidente Donald Trump como su enviado para Medio Oriente en noviembre de 2024, comenzó 2025 con gran ímpetu, logrando un alto al fuego en Gaza, seguido de esfuerzos para negociar la paz entre Rusia y Ucrania y, posteriormente, un acuerdo nuclear con Irán. En junio pasado, fue nombrado “enviado especial para misiones de paz”, lo que refleja su mayor ámbito de responsabilidad.
En el ámbito diplomático, la situación fue compleja: a pesar de haber logrado un nuevo alto al fuego en Gaza en octubre pasado, Rusia y Ucrania no están más cerca de un acuerdo de paz que bajo la administración de Joe Biden, y Estados Unidos e Israel atacaron a Irán en febrero, dando inicio a una guerra que aún continúa pese a la tregua de dos semanas.
Pero en el plano personal, fue un año muy lucrativo. Mientras viajaba por todo el mundo, desde Miami y Moscú hasta Israel y Omán, su fortuna aumentó un 15%, alcanzando los US$2,300 millones, frente a los US$2,000 millones estimados cuando comenzó a trabajar para el gobierno.
Esto se debió en gran parte a sus inversiones en la empresa de criptomonedas World Liberty Financial, que sus hijos Zach y Alex cofundaron con los hijos de Trump, Don Jr., Eric y Barron. Forbes estima que los Witkoff obtuvieron US$130 millones por la venta de tokens de criptomonedas $WLFI.
Él y sus hijos también vendieron aproximadamente la mitad de su participación en World Liberty a Aryam Investment, una empresa respaldada por el jeque Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, miembro de la realeza emiratí, por unos US$48 millones (después de impuestos), en una transacción que fue reportada inicialmente por el Wall Street Journal.
Los representantes de Witkoff no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre su patrimonio neto.
Esta venta le dejó con una participación estimada del 6.4% en el negocio de stablecoins de la compañía, que emite USD1, una versión digital del dólar estadounidense respaldada por bonos del Tesoro. Forbes valora esa participación en unos US$60 millones, basándose en emisores comparables de stablecoins, o criptomonedas respaldadas por activos del mundo real que mantienen un valor constante.
Él y sus hijos también conservan unos 375 millones de tokens de World Liberty Financial, cuyo valor Forbes no refleja mientras permanecen bloqueados, con un valor aproximado de US$42 millones. En total, las inversiones en criptomonedas de Witkoff añadieron unos 280 millones a su patrimonio neto.
Su éxito en el mundo de las criptomonedas sigue los pasos de Trump, cuyos criptoactivos representan ahora cerca de un tercio de su patrimonio neto de US$6,200 millones. Pero Witkoff también se benefició de una inversión oportuna que realizó por primera vez en octubre de 2022.
Fue entonces cuando invirtió US$100 millones en la privatización de Twitter por parte de Elon Musk, ahora conocida como X. Esto le otorgó una participación estimada del 0.3% en la empresa, que en ese momento estaba valorada en US$31,000 millones netos de deuda.
Desde entonces, X se fusionó con la startup de inteligencia artificial de Musk, xAI, en marzo de 2025 y posteriormente con su fabricante de cohetes SpaceX en febrero, valorando la compañía resultante en US$1.25 billones. De acuerdo con Forbes, la participación de Witkoff se diluyó hasta un mínimo del 0.017%, con un valor aproximado de US$210 millones.
Esto significa que Witkoff ya ha duplic su inversión, y podría aumentar aún más su valor, ya que SpaceX tiene previsto salir a bolsa a finales de este año. Al parecer, Musk busca una valoración superior a los 2 billones de dólares en la próxima salida a bolsa de SpaceX, lo que supone una prima del 60% sobre su valoración actual.
La mayor parte de la fortuna de Witkoff reside en Witkoff Group, la promotora inmobiliaria con sede en Nueva York que fundó en 1997. Forbes estima que la empresa tiene un valor de US$1.600 millones, con valiosos activos como el Shore Club en Miami —que contará con 49 condominios frente al mar y un hotel de lujo Auberge de 73 habitaciones— y el Shell Bay Club, un complejo de golf, hotel y condominios en Hallandale Beach, Florida, cuya membresía cuesta US$1.5 millones. También está desarrollando otro club de golf con un hotel de lujo, Dutchman’s Pipe, en asociación con Access Industries, de Len Blavatnik, en Palm Beach.
“Nuestra amplia experiencia en el desarrollo inmobiliario nos permitió identificar una oportunidad idónea para establecer una presencia de primer nivel en el mundo del golf en el sur de Florida”, declaró Alex Witkoff, hijo de Witkoff y sucesor de su padre como director ejecutivo de la empresa a principios de 2025, en una entrevista con Forbes en octubre.
A pesar del aparente éxito de sus propiedades, Witkoff busca distanciarse de la firma que lleva su nombre, al menos en teoría. Su primera declaración financiera, publicada en septiembre, reveló que había vendido una participación en la firma por US$120 millones, aunque no reveló el nombre del comprador, la fecha de la venta ni el porcentaje de su participación vendida. Su última declaración, publicada en abril, indicaba que estaba “en proceso de renunciar a sus cargos como socio gerente” de la firma.
Lo que no piensa abandonar pronto es su colección personal de lujosas propiedades, que incluye una finca en los Hamptons, dos propiedades en el exclusivo barrio de Sunset Islands en Miami Beach, un apartamento en el barrio de Tribeca en Nueva York y una extensa finca de 24 hectáreas con una casa de seis habitaciones y establos para caballos en Lexington, Kentucky.
Su declaración más reciente también incluye una participación en un inmueble de uso mixto en Marsella, Francia, y en un proyecto de desarrollo urbanístico en Bombay, India; otra coincidencia con Trump, quien el año pasado reveló haber recibido US$10 millones en concepto de honorarios de desarrollo de una empresa propiedad de Reliance Industries, del multimillonario indio Mukesh Ambani.
Dado su apretada agenda de viajes, no sorprende que Witkoff haya invertido parte de sus ganancias en un nuevo jet. Vendió su jet Gulfstream G650 el año pasado por unos US$40 millones y lo sustituyó por un nuevo Bombardier Global 7500, fabricado en 2024, que probablemente le costó alrededor de 75 millones de dólares. No lo pagó todo al contado: según su declaración de abril, Witkoff obtuvo préstamos para la compra de aeronaves por un valor aproximado de US$58 millones de JPMorgan y M&T Bank.
Ese nuevo jet ya ha resultado muy útil: de acuerdo con datos de vuelo de ADSB Exchange, Witkoff lo utiliza con frecuencia para viajar entre Miami y Washington, además de para viajes diplomáticos a Ginebra (Suiza) y Mascate (Omán) (para conversaciones con Irán antes del estallido de la guerra); Moscú (para reuniones con Vladimir Putin); y para dialogar con líderes mundiales en Abu Dabi, Francia, Alemania, Israel, Italia y el Reino Unido.
Independientemente de cómo se desarrollen sus actividades diplomáticas en 2026, es probable que Witkoff siga cosechando los frutos de sus inversiones en criptomonedas, así como una posible ganancia si las acciones de SpaceX alcanzan un éxito rotundo.
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