El cannabis medicinal moverá US$61,9 mil millones en 2026 y crecerá a más del 20% anual hasta 2035. Aunque Colombia lidera en exportaciones regionales, su mercado interno apenas alcanza US$64 millones. La regulación podría cambiar el rumbo.

El cannabis ha vivido durante años en una frontera incómoda, más cerca de quienes lo señalan de ser una droga y un problema de salud pública que de quienes defienden sus propiedades medicinales, incluso por encima de los medicamentos químicos.

Casos como el de Charlotte Figi han avivado el debate. La niña estadounidense encontró en el extracto de cannabis de alto contenido de CBD y bajo contenido de THC -psicoactivo- un alivio importante al síndrome de Dravet, un tipo de epilepsia severa que le provocaba hasta 50 convulsiones al día algunas de hasta 20 minutos. Aún después de su muerte, su madre, Paige Figi, promueve la conversación sobre las propiedades médicas del cannabis.

En varios países del mundo ya existe una regulación para su consumo; en algunos se permite la venta de flor para fines medicinales como en Italia, Israel, Polonia y Chile, y en otros está permitido su consumo recreativo como en Estados Unidos -en algunos estados-, Canadá, Uruguay y Alemania.

En Colombia la regulación también avanza. El Decreto 1138 de 2025 emitido el 27 de octubre por el Ministerio de Salud y Protección legaliza la venta, con fórmula médica, de flor seca de cannabis como producto terminado en farmacias autorizadas. La norma exige la vigilancia del Invima, el ICA y el Fondo Nacional de Estupefacientes para los actores involucrados en la cadena productiva y comercial. Una debida implementación de este decreto abre el camino a la consolidación de una industria responsable.

Foto: Colombian Sweet Leaves
Foto © Diana Rey Melo

Sweet Leaves, una empresa de cultivo de cannabis con sede a las afueras de Bogotá, tiene una alianza con un banco global de semillas para el cultivo de alta calidad genética, está certificada por el Icontec en cinco países y se rige bajo el Decreto 811 de 2021 que establece la normativa para esta actividad. Este producto de altos estándares se comercializa en su mayoría fuera de Colombia.

La compañía exporta a diferentes países del mundo entre los que se encuentra Alemania, el mercado más grande de cannabis medicinal de Europa con ventas en 2024 superiores a €420 millones -unos US$495 millones-, con proyecciones de superar los mil millones para 2030. El país europeo tiene 300.0000 pacientes activos, 2.500 farmacias distribuidoras y el precio de venta oscila entre los 9 y 12 euros por gramo, según datos de mercado de la empresa.

Mientras tanto, en Colombia el mercado legal del cannabis regulado -que incluye varios segmentos entre ellos extractos y derivados- movió un aproximado de US$64 millones en 2024 -una participación muy pequeña en los US$61,91 mil millones de dólares que la industria moverá en 2026, según datos de Business Research Insights-. Se estima que existen alrededor de 35.000 usuarios activos en el país.

Javier Amaya Mercado, CEO de Colombian Sweet Leaves, cree que el país tiene una oportunidad enorme, no solo de competir afuera con calidad y precios atractivos de cultivo, sino también de desarrollar el mercado interno después de la nueva regulación.

Se abre la puerta a “tener más usuarios, muchas más farmacias especializadas y tradicionales vendiendo con receta y nuevos emprendimientos con el respaldo de médicos especializados en medicina cannabinoide. Tal cual funciona el sistema de salud, pero girando alrededor de nuevos negocios como los vaporizadores herbales que mueven millones de dólares al año”, explicó Amaya, quien insiste que el éxito dependerá de la buena implementación del decreto y asegura que los precios de venta en el país podrían estar muy por debajo del referente europeo.

Dos orillas, un mismo fin

El debate del cannabis tiene posturas opuestas incluso cuando se trata de su faceta medicinal. Marco Serrano fundó y dirige Hepta, una marca que cultiva cannabis para elaborar productos entre los que se incluyen cremas, óleos, shampoos y próximamente una línea de lubricantes íntimos, también vende fórmulas magistrales con receta médica que se administran vía sublingual.

“El cannabis se usa con fines medicinales desde hace muchos años. China la usa desde el 2.600 a.C. para el manejo de las convulsiones y para aumentar el apetito y en la India se usaba para tratar la ansiedad desde el 1.500 a.C.”

Marixa Guerrero Liñeiro
médica anestesióloga, especialista en cuidados paliativos

Mientras atiende una entrevista con Forbes, Serrano revisa un chat de WhatsApp con decenas de imágenes, “acá están los casos de éxitos de los clientes”, dice. Muestra fotos de notables mejoras en casos de alergia, resequedad, dermatitis, irritación del cuero cabelludo, lesiones, cicatrices y más. Su marca, con venta en punto directo y a través de la red nacional de Cruz Verde, ha ayudado a miles de colombianos a curar y mejorar diferentes patologías.

Serrano conoce casos de pacientes europeos que han tenido resultados destacados y rápidos con dosis de cannabis inhaladas -a través de la combustión de la flor o de vaporizadores-, aún así, es defensor de las fórmulas magistrales.

“Hemos encontrado que las fórmulas magistrales, a través de las vías sublinguales, son una opción espectacular. Es una dosificación más uniforme, el médico la puede determinar muchísimo más fácil que a través de una vía inhalada y no se corre el riesgo de adicción porque están balanceadas con un mínimo de THC -necesario para que el compuesto tenga los efectos esperados-”.

Marixa Guerrero Liñeiro, médica anestesióloga, especialista en dolor y cuidados paliativos, epidemióloga y experta en cannabis asegura que la planta “se usa con fines medicinales desde hace muchos años, China la usa desde el año 2.600 a.C. para el manejo de las convulsiones y para aumentar el apetito, los sumerios tienen reportes del año 1.800 d.C. para el manejo de neuralgias y en la India se usaba para tratar la ansiedad desde el año 1.500 a.C.”.

La especialista señala la FDA aprueba el uso de Cannabinoides para patologías como náuseas y vómito asociados a la quimioterapia, convulsiones, hiporexia -disminución del apetito en adultos mayores o pacientes de enfermedades graves-, esclerosis múltiple, entre otras.

En otra orilla del debate están quienes le dan al cannabis un enfoque de salud mental. John Chavarriaga es cofundador de Conexión Natural, un proyecto de atención integral al consumidor que nació del convenio entre Sintrabacann (Sindicato de Trabajadores del Cannabis) y la Fundación Atar. Su enfoque es principalmente psicológico.

Entre las iniciativas del proyecto está Casa Wêt-Wêt -que en lengua Nasa significa “la casa de la felicidad”- un espacio que funciona como dispensario de cannabis, amparado por la Sentencia C-127 de la Corte Constitucional. Allí se defiende la libre expresión de la personalidad y se enfocan en tratar problemas como el estrés, la ansiedad, los bloqueos creativos e inbcluso la adicción a drogas pesadas y al alcohol. Aunque también tienen pacientes que la usan para patologías físicas como un hombre de 84 años que calma su parkinson fumando marihuana.

Si bien Chavarriaga y su equipo no exigen una fórmula médica para hacer parte de esta comunidad, sí es obligatorio un registro psicológico del paciente que incluye información sobre sus hábitos de consumo, preexistencias y otros datos del perfil del consumidor. El espacio se encarga de brindar herramientas para el consumo responsable y los hábitos de bienestar.

En la práctica, ambos empresarios trabajan desde orillas opuestas de la industria del cannabis, pero se encuentran en puntos clave: las bondades de la planta y la importancia de su calidad.

Juan Andrés Leguízamo, presidente de Sintrabacann, explica que la flor que llega a los dispensarios de Conexión Natural está enmarcada dentro de un “programa de reducción de riesgos y daños que ofrece garantías tanto a los usuarios como a los trabajadores de la industria”.

Javier Amaya Mercado, fundador y CEO de Colombian Sweet Leaves
Marco Serrano, fundador y CEO de Hepta
Foto © Diana Rey Melo
Juan Andrés Leguízamo, presidente de Sintrabacann
Foto © Diana Rey Melo

El sindicato ha organizado a quienes hacen parte de la cadena productiva del cannabis, desde el cultivo a manos de comunidades indígenas y campesinas hasta el consumidor final, para asegurar trazabilidad y calidad, así como un pago justo y condiciones laborales dignas para los cultivadores. El colectivo tiene como prioridad asegurar el consumo responsable de un producto de calidad.

Entre tanto, el CEO de Hepta hace un llamado a los empresarios que compiten en este mercado en expansión para tener “buenas prácticas de cultivo y asegurar un producto totalmente libre de metales pesados y de bacterias. Se deben hacer post cosechas y cromatografías para que el producto que llegue al público esté totalmente libre de contaminación”.

Desde donde se aborde la conversación queda claro que la prioridad es que el consumidor tenga acceso a un producto de alta calidad. Mecanismos como licencias, programas educativos, vigilancia sanitaria y certificaciones del producto final sirven como garantes de una industria responsable. Después de todo, sustancias como el tabaco y el alcohol, con poca evidencia científica de sus beneficios, cuentan con una industria más organizada y visible.

Aún con empresarios comprometidos, un sindicato organizado, más médicos especializados y unas reglas de juego claras, la responsabilidad recae sobre el usuario final quien debe velar por su bienestar y consumir productos de calidad, desde flor seca para fumar, hasta cremas y óleos de uso externo. Con todos los actores de la industria velando por el bienestar del consumidor, el cannabis tiene el potencial de desbloquear nuevos avances médicos y sociales en Colombia.

#NuestraRevista | Este es uno de los artículos de nuestra edición de la revista Forbes Colombia de marzo.  Si desea recibir esta información de primera mano en la revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.

Lea también: Esta empresa de vapeo de US$100 millones es un pilar de la industria del cannabis de EE.UU.