Cuatro expertos latinoamericanos revelaron, en el Gut Summit de Opella, por qué el equilibrio intestinal es mucho más que una cuestión digestiva, y cómo reconocer las señales de alerta.
Hay un órgano en el cuerpo humano que produce el 90 % de los neurotransmisores, alberga el 70 % del sistema inmune y se comunica de manera directa con el cerebro. No es el corazón ni el hígado, es el intestino, durante décadas, la medicina lo trató poco menos que como un tubo de paso, y esa visión está cambiando a velocidad acelerada.
En el marco del Gut Summit – Enterogermina, un encuentro científico organizado por Opella en Bogotá que reunió a más de 150 médicos, pediatras y gastroenterólogos, cuatro especialistas latinoamericanos pusieron sobre la mesa lo que la ciencia ya no puede ignorar, la microbiota intestinal, ese ecosistema de billones de microorganismos que habita en nuestro sistema digestivo es, según sus propias palabras, “el área de investigación más importante de la medicina actual”.
Un ecosistema andante

El Dr. Farhad Rezvani, gastroenterólogo costarricense, fue directo desde el inicio, “la microbiota no solo está en el intestino. Está en todo el cuerpo. Son bacterias, levaduras, protozoarios, incluso algunos virus que forman un ecosistema complejo que se comunica con todo el organismo”. Su colega argentino, el Dr. Juan Pablo Stefanolo, agregó una perspectiva aún más diciente, los seres humanos ya no deberían pensarse como individuos aislados, sino como holobiontes, unidades ecológicas compuestas por múltiples especies. “Somos un bosque”, resumió.

Esa metáfora no es poética, es clínica. Alteraciones en ese ecosistema, lo que los especialistas llaman disbiosis, se han vinculado con obesidad, enfermedades cardiovasculares, problemas de piel como acné y rosácea, trastornos del estado de ánimo, enfermedades autoinmunes e incluso patologías neurodegenerativas. “Cuando hay problemas fuera del sistema digestivo, podemos inferir que hay problemas de microbiota”, explicó Rezvani. Lo que durante años se trató como síntomas aislados, fatiga, piel reactiva, ansiedad, hoy la ciencia los lee como señales de un desequilibrio intestinal.
Una de las preguntas del encuentro fue ¿cómo sé si lo que siento es un problema digestivo ocasional o algo más profundo? El Dr. Alejandro Concha, reconocido gastroenterólogo colombiano, respondió sin rodeos, “si usted lleva semanas distendido después de comer, si el gas o el malestar se convirtieron en su nueva normalidad, si eso le genera vergüenza o le afecta su vida diaria, eso ya es una señal de alarma. El error es normalizarlo”.

La Dra. Juliana Suárez, especialista en gastroenterología y conocida como “Dra. Popó”, con una comunidad digital de más de medio millón de seguidores, sumó otra dimensión, el estrés crónico. “Hoy el estrés es la constante. El síndrome de intestino irritable, la disbiosis, los síntomas dispépticos, todo eso tiene una conexión directa con el eje cerebro-intestino”, señaló. Ese eje, que conecta literalmente el sistema nervioso central con el tracto digestivo, explica por qué las emociones se sienten en el estómago y por qué un intestino inflamado puede afectar el humor.
El Dr. Stefanolo fue preciso al momento de dimensionar el problema del diagnóstico, la disbiosis no es una enfermedad con síntomas definidos. Es un mecanismo, un terreno alterado, que se manifiesta de formas distintas dependiendo del paciente. “Lo que sí sabemos es que cuando hay síntomas repetitivos, persistentes, que afectan la calidad de vida, hay que buscar atención. No esperar”.
El problema de los falsos probióticos
Los cuatro especialistas abordaron el mercado de los probióticos, hoy uno de los segmentos de mayor crecimiento en salud y bienestar, con una claridad que pocas veces se escucha en un evento de estas características, la mayoría de lo que se vende como probiótico, no lo es.

“El yogur, el kefir, la kombucha, son bebidas con cepas probióticas, no probióticos. Usted no puede saber cuántas bacterias viables contiene ese tarro ni si van a llegar al intestino”, diferenció el Dr. Concha. Un probiótico real es un microorganismo vivo, identificado con una cepa específica, como un número de cédula, en palabras del Dr. Rezvani, que ha sido estudiado en ensayos clínicos controlados en humanos y cuya dosis está validada. Todo lo demás es suplemento.
Y la diferencia importa por razones prácticas. La Dra. Suárez lo explicó con precisión, “no existe una dosis universal para los probióticos. La dosis viene de la evidencia publicada en estudios científicos con humanos. Si el producto no tiene eso, no sabemos qué estamos tomando ni para qué sirve”. La Dra. Suárez también marcó una distinción clave para el entorno colombiano, hay probióticos registrados como medicamentos ante el INVIMA, con eficacia demostrada para tratar enfermedades; y hay suplementos dietarios, que pueden complementar la alimentación, pero no tienen función terapéutica reconocida.
En ese contexto es donde encaja Enterogermina, un probiótico con Bacillus clausii 1 reconocido como medicamento por el INVIMA en Colombia, no como suplemento, y que lleva décadas de evidencia clínica acumulada 2. Su diferencial técnico está en lo que sus creadores llaman Inteli-Esporas™*, una forma esporulada que resiste la acidez gástrica sobrevive al tránsito digestivo 3 y llega prácticamente intacta al intestino**4, donde germina y se multiplica.
“Si el probiótico muere en el ácido gástrico, invertiste dinero en algo que pensabas que te iba a servir, pero no está llegando vivo al intestino”, resumió el Dr Concha. A diferencia de otros probióticos que deben tomarse separados de los antibióticos para no perder eficacia, las cepas de Bacillus clausii presentes en Enterogermina—NR, OC, SIN y T— presentan resistencia a varios antibióticos***5, lo que las hace en especial útiles precisamente cuando más se necesita, durante o después de un tratamiento con estos fármacos.
¿Qué sí funciona?
Ante la pregunta de qué hacer concretamente para cuidar la salud intestinal, los cuatro especialistas coincidieron en lo fundamental y disonaron, de manera notable, con algunas tendencias del wellness moderno. Mantenga un peso adecuado, coma comida real, “se volvió casi cliché decirlo, pero es verdad”, comentó el Dr. Concha. Reduzca los ultra procesados, coma fruta, no jugo de fruta, haga ejercicio, no fume, reduzca el alcohol, maneje el estrés con técnicas como el mindfulness y la terapia cognitivo conductual y duerma bien.
El intestino, al final, no pide suplementos de moda ni lavados de café ni análisis de heces, prácticas que los cuatro especialistas desaconsejaron de forma categórica. Cuando sí necesita apoyo clínico, pide evidencia científica saber qué cepa, en qué dosis, para qué condición. Lo demás, como siempre, es coherencia, descanso, comida de verdad y menos estrés. Lo que cambió no es el intestino, es que por fin le estamos prestando atención.
* Enterogermina está compuesto por las cepas de Bacillus Clausii O/C, SIN, T y NR. ** Llegan vivas al intestino donde germinan y se multiplican. *** Los antibióticos pueden afectar tu flora intestinal. Clindamicina y Claritromicina 1. Inserto Enterogermina 2000 millones. 2. Dong et al. Nutrafoods. 2009; 8(2): 7-14. Disponible en: http//biospring.Com.Vn/wp-content/uploads/2015/06/bacillus-probiotics-general-review.Pdf. 3. Vecchione, A. et al. “Compositional Quality and Potential Gastrointestinal Behavior of Probiotic Products Commercialized in Italy.” Frontiers in medicine vol. 5 59. 7 Mar. 2018. 4. Ghelardi et al. Current progress and future perspectives on the use of bacillus clausii. Microorganisms. 2022; 10: 1246-1262. 5. Kesavelu et al. Ther Adv Infect Dis. 2023; 10: 1-18. Es un medicamento. No exceder su consumo. Leer indicaciones y contraindicaciones en la etiqueta. Si los síntomas persisten, consultar al médico. Para reporte de eventos adversos escríbenos a [email protected]. Enterogermina 2000 millones suspensión Reg. San INVIMA 2023M-0004725-R2. Enterogermina PLUS Reg San INVIMA. 2023M-0016328-R1. MAT-CO-2600818 V1.0 03/26 Código de Notificación INVIMA: 2026003571
