Zona Franca Santander recibió la certificación “OECD Certified FTZ”, la única otorgada a una zona franca colombiana. Un hito que redefine los estándares de confianza y competitividad del comercio exterior en la región.
Solo tres países del mundo fueron seleccionados para el piloto del esquema de certificación de zonas francas de la OCDE: España, Costa Rica y Colombia. El 13 de marzo de 2026, en París, una ejecutiva colombiana recibió de manos del organismo multilateral el primer certificado “OECD Certified FTZ”, entregado a una zona franca en territorio nacional y en toda Suramérica. Su nombre es Andrea Serrano, CEO de Zona Franca Santander, y el reconocimiento, emitido por Bureau Veritas, con vigencia hasta 2031, no llegó por casualidad.
“Este logro demuestra que el comercio exterior en Colombia está avanzando con un enfoque claro en competitividad y estándares internacionales”, dice Serrano desde el área metropolitana de Bucaramanga, en Santander, donde el parque industrial que lidera genera hoy 4.500 empleos directos y recibe mensualmente cerca de 200.000 personas entre trabajadores, visitantes y operadores logísticos.
Lo que hizo diferente a Zona Franca Santander desde el comienzo fue su apuesta por un modelo menos tradicional dentro del régimen franco colombiano. Mientras gran parte de la oferta se concentraba en logística y manufactura, ZFSantander incorporó también una plataforma de servicios con infraestructura moderna, lo que le permitió atraer un perfil más diverso de compañías y abrir espacio para actividades intensivas en conocimiento. Su ubicación en un entorno urbano, dentro de una de las regiones más competitivas del país, refuerza además su atractivo para empresas que buscan cercanía al talento, a servicios especializados y a un ecosistema empresarial en crecimiento.
La historia de Zona Franca Santander no arranca en 2026. Inició en 2009, con una visión deliberadamente distinta a la del modelo tradicional de zona franca que se desarrollaba en el país. Desde su origen, la sociedad promotora del parque apostó por una propuesta de valor orientada al desarrollo regional, la sostenibilidad y la construcción de un ecosistema empresarial más robusto. Esa visión fue la que más adelante se tradujo en una arquitectura de estándares y certificaciones que hoy hace plenamente coherente el reconocimiento de la OCDE.
ISO 9001 en calidad, ISO 14001 en gestión ambiental y BASC para el aseguramiento en las cadenas de suministro fueron algunos de los primeros hitos. Luego vino la condición de Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (BIC) y el inicio de la transición hacia Parque Eco-Industrial, en articulación con la ONUDI.
“Nuestra propuesta fue concebida desde el inicio para generar un impacto positivo en el territorio. Surgimos desde un marco global, avanzamos hacia estándares internacionales, consolidamos un compromiso empresarial y evolucionamos hacia un parque Eco-Industrial. Actualmente buscamos llevar este modelo más allá con la certificación de la OCDE como garantía de confianza y transparencia”, explica Serrano.
La certificación OECD FTZ no es un sello que se gestiona en solitario. Cubre al usuario operador y a los 35 usuarios calificados en el parque, un ecosistema diverso que incluye actores del sector logístico, manufacturero, farmacéutico, textil, tecnológico y de servicios. Alinear ese universo empresarial con el código de conducta de la OCDE, que exige políticas internas de transparencia comparables a las de entidades financieras supervisadas, fue el reto más complejo del proceso.
35 empresas, un solo estándar

“Cuando la certificación depende solo de una organización, el proceso es manejable. Nuestro verdadero desafío fue alinear a 35 empresas diversas y lograr que todas operaran bajo un mismo estándar, demostrando que pese a la diferencia en sus operaciones, todas podían cumplirlo”, reconoce Serrano. La ventaja fue la arquitectura relacional que Zona Franca Santander había construido durante años con sus usuarios, que incluye revisiones anuales de procesos, acompañamiento en gestión de riesgos y formación continua que convirtieron la adhesión al estándar en un proceso de adopción cultural más que en una auditoría impuesta.
Para las empresas instaladas, el valor no está solo en operar dentro de una zona franca, sino en hacerlo dentro de un ecosistema que hoy eleva su perfil internacional y fortalece su credibilidad frente a autoridades, contrapartes comerciales e inversionistas. Hoy, después de obtener la certificación, el principal efecto es claro: contar con una plataforma que agrega confianza, mejora la conversación con mercados internacionales y refuerza el valor reputacional del entorno en el que operan.
Ese impacto hacia afuera tiene un contexto regulatorio que lo amplifica. En Estados Unidos avanza el denominado Clean FTZ Act, una propuesta del senador Bill Cassidy que busca evaluar las zonas francas extranjeras mediante un semáforo basado en estándares internacionales para medir su exposición a riesgos de comercio ilícito y lavado de activos. Para los inversionistas que hoy miran Colombia desde afuera, la certificación OECD emitida por Bureau Veritas, un ente auditor independiente, no la propia zona franca, cambia la conversación.
“No vamos a reemplazar los factores clásicos de inversión; las regiones tenemos que seguir siendo competitivas en costos, talento y conectividad. Pero sí agregamos algo adicional, y es esa confianza verificable a través de un estándar internacional. En la práctica, una zona franca bien gestionada, con empresas conocidas, procesos entendidos, trazabilidad, control documental y trabajo coordinado con la autoridad aduanera, no es el entorno más cómodo para un mal actor”, subraya Serrano.
Santander en el mapa global
El escenario en el que se entregó el certificado no fue menor. El foro de la OCDE en París donde Serrano participó en un panel de mejores prácticas estaba centrado en la lucha contra el comercio ilícito y en los esquemas de trazabilidad para cadenas globales de valor.
Piotr Stryszowski, jefe de unidad en la Dirección de Comercio y Agricultura de la OCDE y responsable del Grupo de Trabajo sobre Lucha contra el Comercio Ilícito, señaló que: “En el entorno volátil actual, la confianza se convierte en una ventaja competitiva. La Certificación de Zonas Francas de la OCDE es un club global de zonas de confianza. El logro de Zona Franca Santander la posiciona entre los líderes a nivel mundial, y esperamos que más zonas colombianas se sumen a esta red”.
Estar allí como única representante de una zona franca colombiana, y suramericana, certificada bajo este estándar implicó algo más que recibir un diploma, implicó posicionar a Santander como referente en una conversación que involucra a los reguladores más influyentes del comercio mundial.
“Este hito representa la oportunidad de llevar a Santander a una conversación global, posicionando a Colombia con su primera zona franca certificada y demostrando que desde una región intermedia también se pueden implementar prácticas seguras y transparentes que impulsen el desarrollo del país”, dice la CEO.
Lo que viene para los próximos 30 años

En 2024, Zona Franca Santander obtuvo la prórroga de su autorización por 30 años adicionales. La certificación OCDE marca el punto de partida de esa segunda etapa. Actualmente, 12 nuevos proyectos empresariales están en desarrollo dentro del parque, con operaciones esperadas para el segundo semestre de 2026 y el primero de 2027. El parque está desarrollado aproximadamente en un 50 % de su capacidad total, y existe una reserva de cuatro hectáreas destinadas a edificios de servicios cuya construcción ya está en fase de planeación.
La meta no es administrar un logro; es convertirlo en palanca. Parque Eco-Industrial, formación de talento en inteligencia artificial y desarrollo de software, conexión de empresas con inversión e innovación, y una visión de desarrollo regional trazada al horizonte 2050 junto con otros actores del ecosistema santandereano hacen parte de la siguiente etapa. Con este nuevo estándar, Zona Franca Santander busca consolidarse como una de las plataformas empresariales más confiables de la región para compañías que quieren crecer, invertir y operar en Colombia con visión de largo plazo.
“Entendemos nuestro propósito como algo que va mucho más allá. Queremos que las oportunidades de crecimiento se construyan sobre confianza y una visión de largo plazo que genere valor real. Esta certificación nos exige sostener ese estándar y convertirlo en una ventaja para las empresas y para la región”, concluye Andrea Serrano, CEO de Zona Franca Santander.
