Tras un repunte del 7% en el número de transacciones entre 2024 y 2025, el mercado de fusiones y adquisiciones (M&A) creció dentro del segmento tecnológico B2B. Ahora las compañías apuntan a tener éxito priorizando la capacidad de controlar la narrativa antes, durante y después del acuerdo.

Una fusión o adquisición empresarial está definida por cifras, ingresos proyectados y sinergias; sin embargo, en la práctica, su impacto se mide en percepciones. La forma en que se comunica una transacción y los matices que la rodean puede fortalecer la confianza o derrumbarla en cuestión de días.

El informe 2026 M&A Report de Bain & Company confirma que las operaciones de M&A crecieron un 7% entre 2024 y 2025, con un aumento en su valor. Este repunte obliga a los directivos a entender que la comunicación no es un detalle menor, sino un activo estratégico.

En el contexto de Colombia, el mercado de fusiones y adquisiciones registró 288 transacciones entre enero y diciembre de 2025, lo que representó una caída del 7% en volumen en comparación a 2024. Aun así, las operaciones en el sector superaron los US$10.000 millones, según el informe anual de Aon, construido en colaboración con TTR Data y Datasite.

En América Latina durante el 2025 se registraron 219 operaciones de M&A tecnológicas, un aumento del 25% frente a 2024, con un valor total de US$2.300 millones, según registró la plataforma TTR – Transactional Track Record. Lo que afirma que en la región se estarían aplicando estrategias de comunicación y expansión tecnológica con mayor intensidad.

De acuerdo con la M&A Integration Survey de PwC, la comunicación es el segundo factor más determinante en los procesos de integración, sólo es superado por la ejecución operativa. En este contexto, se explica por qué dos operaciones con fundamentos similares pueden tener resultados radicalmente distintos en el mercado.

Cuando las empresas no logran informar con claridad por qué ocurre una transacción o qué implica para sus grupos de interés, ese espacio lo ocupan interpretaciones externas y suposiciones. Una adquisición puede leerse como una salida forzada; por su parte, una fusión puede ser reflejo de una señal de debilidad. Esas narrativas una vez asimiladas por el público, son difíciles de revertir.

Ahora los equipos directivos están obligados a pensar la comunicación como parte integral de la estrategia, no como un ejercicio posterior. Esto implica definir desde el inicio mensajes diferenciados para audiencias clave que pueden ir enfocados a empleados, clientes, inversionistas y analistas, cada una con expectativas y riesgos específicos.

Por ejemplo, la experiencia reciente en el sector tecnológico muestra que las operaciones mejor recibidas no necesariamente son las más grandes, sino las mejor explicadas. Cuando las compañías logran mezclar la lógica financiera en la expansión geográfica, complementariedad tecnológica o fortalecimiento del modelo de ingresos, el mercado tiende a responder con mayor estabilidad.

Pero incluso la mejor narrativa puede fallar si no hay coherencia dentro de las organizaciones. Los empleados son los primeros amplificadores del mensaje. Si no tienen claridad sobre lo que ocurre y el objetivo a donde se espera llegar, la incertidumbre hace que se deriven problemáticas ligadas a la fuga de talento, pérdida de foco comercial y ruido reputacional.

Además, en un contexto donde la información circula en tiempo real, la gestión del sentimiento se vuelve una capacidad estratégica. Ya no basta con anunciar una operación, es necesario monitorear cómo evoluciona la percepción en medios, redes, clientes e inversionistas, y ajustar el mensaje en respuesta a los comportamientos y pensamientos de las audiencias.

Distintos estudios afirman que los primeros 90 días son determinantes para validar o desmentir las promesas hechas al mercado. La ausencia de avances visibles y tangibles puede perjudicar la confianza construida durante el anuncio.

En este nuevo ciclo de M&A, donde la actividad del mercado vuelve a crecer, la ventaja competitiva no estará solo en identificar oportunidades, sino en saber explicarlas. Porque en un entorno saturado de información, el valor de una compañía no depende únicamente de lo que compra o vende, sino de la historia que logra construir alrededor de una decisión.

Con información de Forbes US

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