Pablo Mondragón, VP de Hotmart Latam, explica que la región vive un punto de inflexión histórico: los productores de contenido ya no solo acumulan seguidores, sino que dirigen compañías con ingresos de millones de dólares anuales.
Una década atrás, monetizar conocimiento en internet era territorio de pioneros. Pero hoy, según datos de la industria, el mercado de la Creator Economy proyecta crecer más de nueve veces hacia 2033. América Latina no solo se hace parte de esta expansión, sino que lidera gran parte de la narrativa. Lo que comenzó como un fenómeno de nicho, es decir personas compartiendo tutoriales, recetas o consejos financieros desde sus habitaciones, han evolucionado hacia una industria mucho más estructurada, con reglas propias, líderes definidos y cifras de negocio cada vez más relevantes.
Para Pablo Mondragón, Vicepresidente de Hotmart Latam, la plataforma tecnológica que conecta a emprendedores digitales con compradores en todo el mundo, no es simplemente un boom de tendencia dentro de la región, es una maduración estructural del ecosistema, visible en los balances, en los organigramas y en la manera en que estos nuevos empresarios proyectan su crecimiento.
“Vivimos un momento sin precedentes en la Creator Economy. Hoy, para entrar a esta industria lo que necesitas es un celular y las ganas de crecer. Las barreras de entrada han caído, democratizando las oportunidades para una nueva generación de productores”, afirmó Mondragón.
Lo que hace apenas cinco años era una comunidad de entusiastas con cámaras y micrófonos improvisados, se ha convertido en un sector donde los jugadores más consolidados dirigen equipos, gestionan portafolios de hasta treinta productos digitales y generan ingresos recurrentes que les permiten reinvertir, escalar y profesionalizar sus operaciones bajo lógicas similares a las de cualquier empresa tradicional.
La inflexión que cambió las reglas
Hotmart llegó a Latinoamérica entre 2017 y 2018. Lo que encontró entonces fue un mercado prometedor pero aún incipiente, donde la mayoría de los productores operaban de forma individual, sin una estructura empresarial consolidada. La pandemia aceleró la transformación de manera decisiva, ya que millones de personas adoptaron el consumo de conocimiento en formato digital, los productores ampliaron sus audiencias y, con ello, surgieron incentivos claros para construir modelos de negocio más robustos y sostenibles.
“En estos últimos dos años hemos visto una inflexión donde la madurez de estas personas ya es superior. Ya están consolidados como empresas formales, siendo así emprendedores digitales”, explicó Mondragón.
El perfil del emprendedor digital latinoamericano ha cambiado radicalmente. Ya no solo se trata del productor solitario que vive de un único curso en línea, sino de organizaciones con organigramas definidos, áreas especializadas y estrategias de monetización que combinan cursos, eventos presenciales, membresías y comunidades privadas. La diversificación de ingresos dejó de ser una aspiración para convertirse en un estándar operativo del segmento más maduro.
Para reconocer y articular a ese nuevo perfil, Hotmart lanzó Nova 30, una comunidad cerrada de treinta emprendedores digitales de la región que ya facturan millones de dólares al año. El criterio de selección no es la cantidad de seguidores ni la viralidad de su contenido, sino la solidez de sus operaciones. Son personas que tienen fuentes de ingreso diversificadas y que están en plena transición de productores a CEOs. El primer encuentro presencial, celebrado en Cancún, México, reunió a todos los miembros del programa por primera vez.
“El hecho de que pudieran estar juntos, compartir ideas, problemas, cómo han logrado superarlo, fue muy valioso. Uno de los principales aprendizajes que nos llevamos es cómo todos estos clientes se están formalizando y están profesionalizándose desde el aspecto comercial, financiero y empresarial”, comentó Mondragón. “El evento dejó en evidencia algo que los datos ya anticipaban; los emprendedores tienen tanto que aprender entre sí como cualquier comunidad de founders del ecosistema de startups tecnológicas”.
Si la pandemia fue el detonante cultural, la infraestructura tecnológica ha sido el motor silencioso de esta transformación. Hotmart opera hoy en más de 28 monedas locales y más de 40 métodos de pago, una combinación que tiene un efecto directo y medible sobre los negocios de sus usuarios.
Dentro de Hotmart, en Latinoamérica hispanohablante, el 50% de las transacciones ya se genera en distintos países al de origen del productor, lo que convierte a estos emprendedores en exportadores de conocimiento sin necesidad de abrir una oficina en el exterior ni navegar la burocracia de los mercados internacionales.
Esto significa que un emprendedor colombiano que enseña finanzas personales, una especialista mexicana en bienestar o un coach argentino en liderazgo pueden vender sus programas en mercados como España, Estados Unidos, Nueva Zelanda, o en cualquier país del mundo, con la misma fluidez con la que operarían en su mercado local. Las barreras geográficas que durante años frenaron la internacionalización de los negocios latinoamericanos, hoy se están reduciendo de forma acelerada.
A esa capa de distribución global se suma ahora la inteligencia artificial aplicada al lenguaje. Mondragón anticipa que el subtitulado automático y el doblaje de idiomas contribuirán a eliminar una de las últimas barreras relevantes para la expansión internacional de los productores de la región. “Ya no solo reducimos las barreras geográficas, sino también las del idioma. Todo se transforma en conexión, autoridad y conocimiento”, señaló.
La apuesta de Hotmart es que, cuando un emprendedor tiene conexión genuina con su audiencia, respaldo intelectual sobre su tema y capacidad para generar valor real, cualquier persona en el mundo puede convertirse en su comprador. La tecnología, en ese modelo, no reemplaza al talento sino que amplifica su alcance de manera exponencial.
Entonces, ¿cuál es el próximo capítulo de la economía digital latinoamericana?
Nova 30 no es un destino, sino, un punto de referencia. Mondragón anticipa la creación de comunidades adicionales para otros segmentos del ecosistema, con la intención de que los casos de éxito de los emprendedores más maduros sirvan de hoja de ruta para quienes apenas comienzan o se encuentran escalando. La lógica es la de un círculo virtuoso; es decir, más herramientas generan más ventas, más ventas atraen más talento y más talento eleva el estándar general de la industria, posicionando a la región en un referente global de la economía del conocimiento.
Los indicadores macroeconómicos refuerzan esta tendencia. La adopción de smartphones, la expansión del acceso a internet, el crecimiento del e-commerce y la mayor confianza de los consumidores latinoamericanos para transaccionar en entornos digitales construyen un piso sólido sobre el cual esta industria seguirá expandiéndose.
La pregunta que queda abierta no es si la Creator Economy latinoamericana seguirá creciendo, sino cuántos de los actuales productores tendrán la visión empresarial para hacer la transición que ya recorrieron los que hoy conforman Nova 30.
