Durante décadas, la empresa de la manzana vendió dispositivos. Bajo Cook, aprendió también a vender historias

Hay una escena que recuerda mucho a Apple bajo la sombrilla de Steve Jobs: miles de personas haciendo fila en la acera, horas antes de que abra una tienda, para comprar un rectángulo de aluminio y vidrio. Era un ritual de consumo que ningún otro fabricante de electrónica había logrado replicar. Jobs convirtió el hardware en teatro, y a Apple en la compañía más valiosa del mundo.

Cuando Jobs murió, en octubre de 2011, Tim Cook heredó esa liturgia. Lo que nadie anticipaba era que también estaba a punto de inventar una nueva.

El 20 de abril de 2026, Apple anunció que Cook cederá la dirección ejecutiva a John Ternus (su vicepresidente sénior de ingeniería de hardware, de 50 años) a partir del 1 de septiembre.

Cook asumirá el cargo de presidente ejecutivo del consejo de administración. CNBC Con esa transición, comienza también el tiempo de los balances. Y uno de los más reveladores tiene poco que ver con chips o carcasas: en sus casi 15 años al frente de Apple, Cook construyó silenciosamente uno de los imperios mediáticos más influyentes del planeta.

Un nuevo acto para Apple

La narrativa más fácil es que Cook fue el sucesor operacional del visionario: el hombre que pulió la cadena de suministro mientras Jobs había diseñado los productos. Es una narrativa correcta, pero incompleta. Porque Cook hizo algo que Jobs nunca había intentado en serio: transformar a Apple en una empresa de contenidos.

La primera señal llegó en 2015 con el lanzamiento de Apple Music. En apariencia, era la respuesta de Cupertino al ascenso de Spotify. En la práctica, fue algo más calculado: un mecanismo para mantener al usuario dentro del ecosistema Apple mucho después de comprar el iPhone. La compañía que había popularizado la venta de canciones individuales a 99 centavos de dólar pasaba ahora a vender acceso a una biblioteca de decenas de millones de títulos. Pero fue más allá del catálogo: contrató a figuras como el productor y presentador Zane Lowe para conducir entrevistas y programas de radio en vivo, llevando personalidad y cultura a un servicio que sus rivales trataban como utilidad.

Cuatro años después vino la apuesta más ambiciosa. En noviembre de 2019, Apple TV+ llegó al mercado con una estrategia que desconcertó a los analistas: pocos títulos, presupuestos de calidad cinematográfica y ninguna obsesión por el volumen. Era la ruta HBO en un mundo que ya se había rendido ante el modelo Netflix. Al principio, la apuesta pareció temeraria. Luego llegaron Ted Lasso y Severance.

Las cifras cuentan dos historias al mismo tiempo. Según The Information, Apple TV+ alcanzó 45 millones de suscriptores en 2024, muy por detrás de los 302 millones de Netflix. Broadband TV News La división de streaming es, según estimaciones, la única unidad de Apple que no genera ganancias, con pérdidas cercanas a los 1.000 millones de dólares anuales. Variety Para cualquier otra empresa, eso sería una crisis. Para Apple —que en su año fiscal 2024 registró ingresos de 391.000 millones de dólares y una utilidad neta de 93.700 millones— es, en palabras de un analista, “un error de redondeo”.

Mientras Apple TV+ perdía dinero, los ingresos totales de la división de servicios alcanzaron US$96.200 millones en 2024, sostenidos por el App Store, Apple Music, iCloud y otros negocios.

El streaming es, en ese contexto, un gasto de imagen estratégico: el precio que Apple paga por tener presencia diaria en la vida cultural de sus usuarios, más allá de la pantalla que ya les vendió.

Y esa presencia ha sido reconocida. Desde su lanzamiento, los contenidos originales de Apple TV+ han acumulado más de 2.500 nominaciones y 538 galardones Broadband TV News, incluyendo 81 candidaturas al Emmy en 2025. En 2022, CODA se convirtió en la primera producción de un servicio de streaming en ganar el Óscar a Mejor Película. En 2025, la película de Fórmula 1 protagonizada por Brad Pitt recaudó alrededor de US$634 millones en taquilla mundial, el primer gran éxito de Apple en las salas de cine convencionales.

El director de “F1”, Joseph Kosinski, y las estrellas Brad Pitt, Kerry Condon y Damson Idris llegan al estreno de la película.

Lo que Cook construyó no es, en rigor, una compañía de medios. Es algo más difícil de nombrar: un ecosistema donde el contenido actúa como pegamento entre dispositivos, servicios y usuarios. Apple News, a menudo ignorada en el análisis, distribuye periodismo de terceros a millones de lectores, posicionando a la empresa como intermediaria entre el periodismo y su audiencia. Apple One, el paquete de suscripción que agrupa música, video, noticias, almacenamiento y juegos, es la manifestación más clara de esa estrategia: no compites con Netflix ni con Spotify; ofreces un mundo alternativo donde todo funciona junto y donde salirse tiene un costo real.

Apple TV+ ocupa el quinto lugar en participación de mercado en el segmento de video por suscripción en Estados Unidos, con un 9% Evoca, muy por detrás de Amazon y Netflix. Pero esa cifra subestima su influencia cultural: ningún otro servicio con una biblioteca tan pequeña ha ganado tantos premios ni generado tanto debate en los últimos años.

John Ternus, ingeniero mecánico de 51 años que se incorporó al equipo de diseño de producto de Apple en 2001, tiene sus huellas digitales en cada generación del iPad, en los últimos modelos del iPhone y en los AirPods. Fortune Es, en esencia, el heredero natural del Apple de Jobs: el hombre del hardware. La pregunta que Ternus deberá responder es si seguirá apostando por el costoso experimento mediático que Cook dejó en marcha, o si reequilibrará la empresa hacia sus raíces en el silicio.

Tim Cook, por su parte, construyó su legado sobre una paradoja elegante: tomó la compañía más centrada en objetos físicos de la historia reciente y la convirtió, sin hacer demasiado ruido, en una fuerza que moldea lo que la gente escucha, mira y lee. No reemplazó el teatro del hardware. Simplemente añadió un segundo acto.