Colombia enfrenta una caída histórica en sus reservas de gas natural y un aumento en las importaciones. En este contexto, el GLP gana protagonismo como alternativa complementaria para garantizar la continuidad operativa de la industria.

Colombia atraviesa uno de los momentos más desafiantes de su historia reciente en materia energética. La pérdida de autosuficiencia en gas natural, confirmada a finales de 2024, marcó un punto de inflexión que hoy redefine la conversación sobre seguridad energética, competitividad industrial y sostenibilidad.

“Colombia es un país diseñado para el gas natural”, afirma Patricio Mura Escobar, gerente general de Grupo GasPaís, durante esta Charla Forbes Colombia. Sin embargo, esa realidad enfrenta tensiones crecientes. Las reservas probadas han caído cerca de 64% en poco más de una década, mientras el país ya importa alrededor del 20% del gas que consume, cifra que podría escalar hasta el 25% en 2026.

El impacto no es menor. Más allá de los hogares, donde el suministro se mantiene estable, el mayor golpe lo ha recibido la industria. “El déficit de gas natural ha afectado principalmente a los sectores industriales, que requieren continuidad operativa 24/7”, explica Mura. Ante este escenario, las empresas han tenido que reaccionar con rapidez, migrando hacia alternativas complementarias como el diésel, el carbón o el gas licuado de petróleo (GLP).

Es en este punto donde el GLP ha pasado de ser un actor ocasional a protagonista. “El GLP ha jugado un rol que en condiciones normales no le hubiese tocado jugar. Es como el jugador que entra desde la banca cuando el partido está cuesta arriba”, señala Mura. En los últimos meses, su demanda industrial se ha duplicado, cubriendo entre el 40% y el 50% del déficit energético en algunos sectores.

La razón de este crecimiento no es casual. A diferencia del gas natural, cuya infraestructura requiere inversiones intensivas y largos tiempos de desarrollo, el GLP destaca por su flexibilidad. Puede transportarse en cilindros o camiones, adaptarse rápidamente a distintas geografías y ser implementado en cuestión de semanas. “Una solución industrial con GLP puede estar operativa en 20 o 30 días, y consolidarse en menos de 90”, afirma el ejecutivo.

Esta agilidad ha sido clave en un contexto donde las decisiones no admiten pausas. Industrias como la cervecera, la del vidrio o la del cartón han recurrido a este energético para evitar interrupciones en sus operaciones, porque detener la producción no es una opción viable.

Más allá de la coyuntura, el debate también incorpora una dimensión ambiental. En medio de la transición energética, el GLP y el gas natural son considerados combustibles de transición, con una huella de carbono significativamente menor frente a alternativas como el carbón o el diésel. “El GLP tiene cerca de 20% menos emisiones que el diésel y hasta 50% menos que el carbón”, explica Mura, subrayando su rol dentro de una matriz energética más limpia.

Sin embargo, el desafío estructural persiste. Colombia enfrenta la necesidad de redefinir su estrategia energética a largo plazo. Las opciones incluyen reactivar la exploración, desarrollar proyectos offshore, avanzar en infraestructura de importación o fortalecer esquemas de contratos internacionales. “Colombia no se va a quedar sin gas, pero necesita tomar decisiones para garantizar competitividad y estabilidad en el tiempo”, sostiene.

Por eso, su llamado para las empresas es claro. La energía dejó de ser un asunto meramente operativo para convertirse en una variable estratégica. “Los industriales deben diversificar sus fuentes y prepararse para un entorno donde la flexibilidad será clave”, afirma Mura.

La reflexión trasciende lo técnico ya que la nueva realidad global está marcada por la volatilidad, la capacidad de adaptación emerge como la principal ventaja competitiva. “Hoy, más que el conocimiento, lo que marca la diferencia es la capacidad de reaccionar frente a cambios imprevistos”, concluye.

La crisis energética, lejos de ser un episodio aislado, se perfila como un catalizador de transformación. Y en ese nuevo tablero, la rapidez para ajustar la estrategia puede definir quién logra mantenerse en juego.