El primer hotel boutique de Guadajalara, México, se despliega como una opción intimista que ha cautivado a viajeros exigentes y artistas por igual.
El próximo 21 de octubre, el hotel boutique Villa Ganz cumplirá 25 años de construir una historia de hospitalidad con sello franco-mexicano en Guadalajara, Jalisco. El primer cuarto de siglo de operación llega acompañado de una remodelación integral que preserva intacto el carácter fundacional de un espacio que data de los años 30 y que se ha consolidado como refugio de artistas, creativos y viajeros que valoran la hospitalidad hecha a mano.
“Recuerdo que abrimos en octubre de 2001, y para el aniversario de la ciudad (en torno al 14 de febrero) tuvimos como huéspedes a Celia Cruz y Armando Manzanero. Celia insistía en lavar su propia taza después de usarla, al sentirse como en casa; vivía el hotel como un espacio propio, íntimo”, narra a Forbes México Cecilia Blanquel, primera gerente general de Villa Ganz y actual socia de la propiedad junto a su esposo, Akis Neocleous.
Nuevos destinos culinarios
A 25 años de su fundación, la renovación del Villa Ganz inaugura una nueva era para el hotel boutique de 10 habitaciones en la ciudad mexicana.

Entre sus novedades destaca Íntimo 1739, un restaurante que enlaza las cocinas francesa y mexicana, a través de un recetario tradicional, servido a lo largo del día con horarios flexibles. El servicio, discreto y cercano, acentúa la calidez que caracteriza a la propiedad. También se incorpora Donde Klix, un bar de carácter intimista nombrado así en honor al propietario original de la casona de los años treinta. Su barra propone una selección cuidada de vinos, destilados nacionales y coctelería clásica y de temporada.
Las palabras de Klix Kaltenmark, fundador de Villa Ganz (presentes en el sitio web del hotel, también recién renovado), orientan el espíritu de este hotel boutique de cara al futuro: “hospitalidad como oficio, belleza como compañía y un jardín que recuerda que el tiempo puede ir más despacio”.
Carácter renovado
Akis Neocleous señala que Villa Ganz refleja una filosofía afín a los preceptos de Klix Kaltenmark: lo antiguo no se desecha, se transforma. “Restauramos piezas, muebles y objetos —muchos de plata o latón— para darles una segunda vida. Lo viejo no se tira, se restaura”, afirma. En ese proceso, las piezas recuperan su funcionalidad y renuevan su valor estético.

Bajo esta visión, el hotel integra baúles, mobiliario y elementos históricos intervenidos que aportan carácter y una elegancia que remite a otras épocas. “Energía renovada”, resume el hotelero, subrayando que la intervención mantiene intacto el pulso original de la propiedad.
Al preguntarles por su espacio favorito en Villa Ganz, las respuestas de los entrevistados conducen a dos áreas interconectadas que sintetizan la esencia del lugar. “Me encanta sentarme en la sala, pero también estar en el jardín, que es el lugar más especial, donde sientes que te transportas a otro tiempo”, comparte Cecilia Blanquel. “Mi lugar favorito es la terraza”, añade Akis Neocleous. “Me hace imaginar la transformación de la casa; me despierta curiosidad pensar en cómo evolucionó hasta ser lo que es hoy”.

Sus elecciones confirman la vocación del hotel boutique Villa Ganz: sumergir a sus huéspedes en una atmósfera singular, tan única que distintas épocas se agolpan al instante.
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