Desde el petróleo hasta el oro y los alimentos, los precios están reaccionando no solo a la oferta y la demanda, sino a un entorno internacional cada vez más fragmentado. El resultado: mayor volatilidad, nuevas oportunidades de inversión y riesgos difíciles de modelar.
La energía, los metales preciosos y los productos agrícolas se encuentran en un entorno de alta volatilidad, por lo que sus pronósticos se están reconfigurando. El detonante más inmediato es el conflicto en Oriente Medio. Las restricciones en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, han alterado los flujos comerciales y elevado la prima de riesgo.
La International Energy Agency (IEA) califica la crisis como “la mayor amenaza a la seguridad energética global”. Sin embargo, el shock no es únicamente energético, sino multicommodity, ya que afecta a toda la cadena industrial.
Un análisis reciente sobre las perspectivas del sector de materias primas, publicado por el Chief Investment Office de UBS, señala que, aunque países productores como Arabia Saudita han redirigido exportaciones y las economías desarrolladas han liberado reservas estratégicas, el mercado sigue tensionado. La capacidad de respuesta no es inmediata y los inventarios no compensan completamente la disrupción.
Las nuevas proyecciones apuntan a un Brent cercano a los 120 dólares por barril en el corto plazo. No obstante, el verdadero riesgo se encuentra en un escenario extremo: si las interrupciones se prolongan, los precios podrían escalar por encima de los 150 dólares, con efectos directos sobre la inflación global y el crecimiento. En este sentido, la Organización Mundial del Comercio advierte que el encarecimiento del petróleo puede reducir el crecimiento global en 0.3%; además, podría desacelerar el comercio internacional y afectar especialmente a sectores intensivos en energía, incluyendo la inteligencia artificial y la manufactura.
En Latinoamérica, los principales beneficiarios serían los países exportadores, como Brasil, Colombia y Argentina. Empresas como YPF o Vista Energy ya experimentan mejoras en sus ingresos externos y en sus márgenes operativos, mientras que la mezcla mexicana de petróleo ha seguido una tendencia alcista.
Por otra parte, el oro ha reaccionado como suele hacerlo en momentos de tensión: con un repunte inicial seguido de estabilización. Sin embargo, según UBS, su comportamiento reciente confirma que ya no es un refugio automático frente a conflictos. Actualmente, el metal precioso está más vinculado a variables monetarias que a factores militares. Tasas de interés, deuda pública y confianza en el dólar pesan tanto o más que los eventos geopolíticos.
Aun así, la tendencia de fondo sigue siendo alcista. La demanda de bancos centrales se mantiene firme y el contexto de deuda creciente en Estados Unidos, junto con señales de desdolarización, refuerzan su atractivo. Las previsiones apuntan a niveles cercanos a los 6 mil dólares por onza en el mediano plazo, lo que implicaría nuevos máximos históricos.
El reporte del Chief Investment Office de UBS indica que, en el caso de los productos agrícolas, el panorama es más matizado. A pesar de un entorno de oferta relativamente sólida, con cosechas abundantes en países como Brasil, los precios han comenzado a subir.
Así es cómo el conflicto en Oriente Medio sacude los commodities
El motivo no es la escasez inmediata, sino el aumento de los costos estructurales. Una energía más cara, fertilizantes más costosos y mayores gastos logísticos están elevando el “piso” de los precios agrícolas. Esto marca un cambio relevante: el mercado transita de una etapa de estabilidad a otra de mayor volatilidad, en la que los shocks externos tienen un impacto más directo.
Al mismo tiempo, algunos productos muestran señales de ajuste. El cacao, por ejemplo, ha sufrido una fuerte corrección tras el aumento de la oferta, mientras que el café podría enfrentar presiones bajistas si se consolidan mejores cosechas. Por su parte, la guerra ha impulsado los precios de la soja, llevándola a niveles máximos desde 2024 en el mercado de Chicago, lo que beneficia a grandes productores como Argentina y Brasil.
El sector ganadero evidencia un fenómeno clave en la economía global actual: la fragmentación. En Estados Unidos, la escasez de ganado ha llevado los precios de la carne a niveles récord, impulsados por inventarios en mínimos de décadas. En contraste, China enfrenta el problema opuesto: sobreproducción de carne de cerdo y caída de precios. Este desacoplamiento refleja ciclos productivos desincronizados y subraya la dificultad de analizar los mercados de materias primas bajo una sola narrativa global.
El conflicto también ha retirado del mercado cerca de un tercio de la oferta global de helio, debido a la interrupción en el complejo energético de Ras Laffan. Este gas es clave para la producción de semiconductores, la realización de imágenes médicas y diversas aplicaciones tecnológicas avanzadas. Según el Foro Económico Mundial, si la interrupción se prolonga, podría intensificar la presión sobre un mercado ya altamente concentrado y convertirse en un obstáculo importante para las cadenas de suministro industriales.
El mensaje para los inversionistas es claro: las materias primas están cambiando de régimen. Ya no se mueven únicamente por fundamentos tradicionales, sino por una combinación de factores geopolíticos, financieros y estructurales. Esto refuerza su papel como herramienta de diversificación, pero también eleva la complejidad del análisis. En un mundo más incierto, los commodities no solo reflejan la economía real: se han convertido en un espejo directo de la tensión global.
El conflicto ha generado un panorama de “ganadores y perdedores” en Latinoamérica: mientras los productores de energía y granos incrementan sus ingresos, también enfrentan mayores costos en logística e insumos; por otro lado, los países importadores netos de petróleo experimentan presiones inflacionarias más intensas. En este contexto, la guerra también está complicando la toma de decisiones de política monetaria.
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