Mattelsa refuerza su apuesta por la sostenibilidad con Makuk, su segunda reserva natural en Colombia. El proyecto, financiado con el 100 % de sus utilidades, busca restaurar el bosque seco tropical en la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los ecosistemas más amenazados del país.
La sostenibilidad suele ocupar un lugar secundario frente al crecimiento de los negocios, y Mattelsa avanza en una dirección distinta. La marca de ropa premium colombiana fundada en Medellín que produce sus prendas internamente y trabaja principalmente con materiales de origen natural, anunció la creación de Makuk, su segunda reserva natural, ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta, con un potencial de 270 hectáreas destinadas a la restauración del bosque seco tropical.
El proyecto se financia en su totalidad con las utilidades de la compañía, una decisión que redefine la relación entre rentabilidad y propósito. En lugar de distribuir dividendos entre sus socios, la empresa ha optado por reinvertir estos recursos en iniciativas que buscan regenerar los impactos derivados de su operación.
“En Mattelsa tomamos la decisión de que las utilidades no se distribuyan entre los socios, sino que se reinviertan en un ecosistema que regenere lo que la empresa toma de la sociedad. No hablamos de donaciones, sino de proyectos autosostenibles en el largo plazo”, afirma Mateo Jaca, cofundador de la marca.
Makuk se suma a Magara, la primera reserva natural impulsada por la compañía en Moñitos, Córdoba. Este terreno, de más de 130 hectáreas, pasó de ser una finca degradada en 2014 a convertirse en un referente de restauración activa. Allí, Mattelsa ha liderado la siembra de más de 500.000 árboles y la recuperación progresiva del ecosistema.
Ambas iniciativas se desarrollan en un contexto crítico para el país. Según estimaciones, Colombia ha perdido el 92% de su bosque seco tropical original, un ecosistema clave para la biodiversidad y la regulación climática. En regiones como Moñitos, la expansión de la ganadería extensiva, sumada a la erosión del suelo y la falta de alternativas productivas, ha acelerado la degradación ambiental durante décadas.
Frente a este panorama, la compañía ha adoptado un enfoque que trasciende la reforestación. La restauración, en su modelo, implica intervenir las dinámicas económicas y sociales que han llevado al deterioro del territorio. Esto incluye la generación de oportunidades locales, la educación ambiental, recuperación de espacios comunitarios y la construcción de modelos productivos sostenibles.

En conjunto, Mattelsa ya suma más de 450 hectáreas en proceso de restauración ecológica. A esto se suman otras iniciativas, como la inversión en una fábrica que desarrolla bioplásticos derivados del maíz y materias primas de origen natural, que buscan reducir la dependencia de materiales tradicionales en la industria textil.
De cara a los próximos cinco años, la empresa proyecta fortalecer ambas reservas, ampliar las áreas intervenidas y consolidar un centro de voluntariado que permita vincular a más personas en los procesos de restauración. Asimismo, contempla replicar este modelo en territorios como La Guajira, así como establecer alianzas con comunidades indígenas para integrar conocimientos ancestrales en la gestión del paisaje.
El anuncio de Makuk también está acompañado de una edición especial de producto. Mattelsa lanzó un nuevo drop enfocado en el medio ambiente, compuesto por 130 piezas únicas, ya que es el número de hectáreas que tiene Magara, su primera reserva natural.

Más allá de la expansión de sus proyectos, la compañía pone sobre la mesa una discusión que gana relevancia en el entorno empresarial colombiano, el papel de las empresas en la regeneración ambiental, ya que la sostenibilidad ha sido, en muchos casos, un ejercicio de mitigación, por lo que Mattelsa propone un modelo centrado en la restauración activa como eje de su operación.
La iniciativa sugiere una lectura distinta sobre el crecimiento empresarial. No se trata únicamente de expandir ingresos o participación de mercado, sino de replantear cómo esos resultados pueden traducirse en impactos positivos sostenibles en el tiempo.
