De cara al próximo gobierno, el sector de las pymes pide con urgencia rediseñar las reglas de juego con una política diferencial, reducción de trámites y un acceso al crédito que impulse productividad.

El foro Forbes Colombia Pymes: Pequeñas Gigantes 2026, reunió a voces clave del ecosistema empresarial para analizar los principales retos y oportunidades de las micro, pequeñas y medianas empresas en el país, un segmento que, pese a su peso estructural en la economía, enfrenta crecientes tensiones para sostenerse y crecer.

En el panel ‘Panorama general de las pymes en Colombia’ participaron Nicolás Botero, presidente de Confecámaras, y María Elena Ospina, directora ejecutiva de Acopi, quienes centraron la conversación en temas como la informalidad, el acceso al crédito, la alta mortalidad empresarial y la necesidad de una política pública diferenciada. El diagnóstico fue claro: Colombia tiene un tejido empresarial dinámico en creación, pero frágil en sostenibilidad.

Desde Acopi, Ospina planteó que el momento actual de las pymes es de alta presión, donde predomina la resistencia sobre el crecimiento. “Resistimos, sobrevivimos y en alguna medida crecemos, pero realmente donde está el enfoque hoy es en la resistencia”, afirmó, al tiempo que subrayó que las mipymes representan el 99,5% del tejido empresarial. Sobre el acceso a financiamiento, fue contundente: “Con tasas de interés del 11,25% es muy difícil que la mipyme acceda al crédito… no hay una línea que realmente beneficie a la microempresa”.

Por su parte, Botero advirtió que, aunque Colombia muestra una alta capacidad de emprendimiento, con 311.000 nuevas unidades productivas en 2025, la calidad de ese crecimiento es limitada. “Tenemos un tejido empresarial muy vibrante, pero todavía es frágil en productividad, en escalonamiento y en generación de empleo”, explicó. Además, señaló que el 75% de las nuevas empresas corresponden a esquemas de autoempleo, lo que evidencia un patrón de subsistencia más que de expansión.

La informalidad fue el eje transversal de la discusión. Ospina la calificó como un problema estructural que sigue ampliándose, “más del 50% del empleo en este país es informal… y la brecha, en vez de cerrarse, se abre cada día más”. A su juicio, el sistema actual desincentiva la formalización pues “cuando tú te formalizas, inmediatamente viene una cantidad de cargas… entonces muchas empresas prefieren devolverse a la informalidad”.

En esa misma línea, Botero señaló la carga regulatoria como una de las principales barreras. “La gran barrera a la formalidad es la avalancha regulatoria… de la noche a la mañana tienes que declarar IVA, renta e ICA, sin haber hecho nada”, señaló. “Si destino más tiempo al cumplimiento normativo que a la actividad económica, ahí está la mortandad: en menos de cinco años solo el 30% sobrevive”.

De cara al próximo gobierno, ambos líderes coincidieron en la urgencia de rediseñar las reglas de juego. Ospina pidió una política diferencial para mipymes, reducción de trámites y un acceso al crédito que impulse productividad. “Entre todos le aportamos al PIB aproximadamente el 40%, y somos los mayores generadores de empleo… tiene que valer la pena ser formal”.

Botero, por su parte, insistió en la creación de un régimen especial que simplifique y estabilice las condiciones para las microempresas. “No puede seguir siendo una mejor decisión ser informal que formalizarse; el sistema debe invitar a que la gente ‘se pelee por hacer fila’ para registrarse”.

El mensaje es claro: las pymes son el corazón productivo del país, pero siguen operando en un entorno que las empuja más a sobrevivir que a crecer. Sin ajustes estructurales en regulación, financiamiento y formalización, ese 40% del PIB que hoy sostienen podría seguir atrapado en la fragilidad.

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