La empresa cofundada por Mauricio Sánchez y José Martínez opera como intermediario logístico en cuatro países, moviliza el 25% de sus ingresos desde EE.UU. e invierte más de 2 millones de dólares anuales, cada año, en su expansión para 2029.

El comercio transfronterizo en América Latina mueve más de 100.000 millones de dólares anuales, pero más del 90% de ese volumen pasa por grandes operadores que diseñaron sus modelos para cuentas corporativas, no para la pyme que quiere enviar su primera caja. Ahí, en esa brecha, nació Ágilex Express.

“Nosotros nunca nos consideramos como un operador, sino como un intermediario que construyó un ecosistema”, explica Mauricio Sánchez, gerente de Crecimiento y cofundador de la compañía. Junto a José Martínez, fundador y CEO, identificaron que el cuello de botella del emprendedor no era la falta de vuelos o camiones, sino la ausencia de alguien que tradujera la complejidad aduanera, arancelaria y financiera en un proceso manejable desde el celular. Colombia, donde el 90% del tejido empresarial está compuesto por micro y pequeñas empresas según el Dane, concentra exactamente ese perfil de cliente que los grandes operadores logísticos históricamente ignoraron.

Hoy, Ágilex opera directamente en Colombia, Ecuador, México y Estados Unidos. Tiene más de 100 empleados, 16 puntos de atención en Colombia, 2 en Ecuador, 1 en Ciudad de México, 1 hub logístico en Ocala, Florida, y una red de más de 500 aliados logísticos distribuidos en distintas latitudes. Ninguno de esos activos incluye aviones propios. El modelo se apoya en la economía colaborativa, alianzas con plataformas como Uber y otros operadores de última milla, para recortar costos estructurales y trasladar esa eficiencia a tarifas accesibles para las pymes. “Tener una flota propia hoy es muy costoso. Utilizar economía colaborativa nos permite ofrecer una tarifa más justa que la de los operadores tradicionales y, además, ser más rápidos”, apunta Sánchez.

En ciudades de alta densidad como Bogotá o Ciudad de México, Ágilex puede gestionar una recolección que se realiza en menos de diez minutos. Desde ahí, el proceso de alistamiento, documentación aduanera y despacho internacional ocurre el mismo día. Lo que para una corporación implica días de coordinación interna, para Ágilex es un flujo integrado que opera como una sola capa de infraestructura invisible para el emprendedor.

Gobierno corporativo y capital como palancas de escala

El salto de startup a multilatina no ocurrió de forma espontánea. Ágilex lo atribuye a una decisión deliberada de fortalecer su estructura interna antes de acelerar la expansión. “Construimos una junta asesora con personas que han trabajado en grandes multinacionales en Colombia, México, Ecuador y Estados Unidos, y eso nos permitió definir objetivos financieros claros hasta 2029”, señala Martínez. La organización también estandarizó sus procesos contables y tecnológicos a través de outsourcings especializados que hoy operan de forma integrada en los cuatro países donde tiene presencia directa.

Este año la compañía destinará más de 2 millones de dólares en inversiones operativas, alrededor de 500.000 dólares en reconocimiento de marca, con embajadores como el actor Ramiro Meneses y participación publicitaria del Tino Asprilla, una porción relevante en mejoras salariales y programas de cultura organizacional, y el resto en la expansión hacia los mercados prioritarios del período, entre ellos Perú, Guatemala, República Dominicana, Panamá y España. La empresa también aspira a llegar a Venezuela, donde ya tiene presencia operativa informal a través de colaboradores locales que facilitan conexiones de primera y última milla.

En paralelo, Ágilex participa como ángel inversionista de Finturu, una fintech que facilita el recaudo transfronterizo en dólares para exportadores colombianos sin necesidad de abrir una empresa en el exterior, acaba de cerrar una ronda de 1,3 millones de dólares y se prepara para una segunda instancia con participación de inversionistas de diversas regiones del mundo. Para los fundadores, esta apuesta financiera no es periférica sino estructural, ya que si el problema del emprendedor es exportar, el problema que sigue inmediatamente después es cobrar sin fricciones lo que vendió.

La cultura interna también fue objeto de rediseño. Ágilex definió cinco valores corporativos: ambición, comunicación, honestidad, aprendizaje continuo y responsabilidad, y los tradujo en programas de capacitación cruzada entre áreas. Hoy hay colaboradores que han rotado por cinco roles distintos dentro de la compañía. “Promovemos que el talento aprenda cosas distintas en cada etapa. Eso transfiere conocimiento de una manera que ningún manual puede replicar”, dice Sánchez. El resultado financiero de esa transformación cultural es medible, desde que implementaron esa mirada de gobierno corporativo y redefinieron roles, la compañía ha crecido a doble dígito incluso en períodos de contracción del mercado.

Ágilex Plus, o cómo quitar la última fricción de un envío internacional

El lanzamiento más reciente de la compañía sintetiza bien su filosofía de eliminar fricciones. Ágilex Plus es una solución de envíos con impuestos incluidos en el precio, hacia Estados Unidos, México, Panamá y República Dominicana. El emprendedor paga un único valor desde el primer clic y su cliente en destino no recibe ningún cargo adicional en aduana. Desde agosto de 2025 los cambios en la política arancelaria de Estados Unidos elevaron el escrutinio sobre importaciones de bajo valor, encareciendo los envíos e-commerce para quienes no conocían la nueva normativa. Ágilex leyó esa turbulencia como una oportunidad.

“Lo estructuramos en menos de tres días después de escuchar activamente el dolor comercial, muchos clientes preferían no enviar antes que arriesgarse a un recobro sorpresa en aduana”, explica Sánchez. El mecanismo técnico detrás es una consolidación semanal de paquetes en seis centros de distribución propios en Estados Unidos en Miami, Orlando, Nueva York, Illinois, California y Laredo, Texas, donde la mercancía se nacionaliza en un solo proceso aduanero y se inyecta en la red de operadores locales, lo que se traduce en menos trámites, menos costos, menos esperas.

La adopción fue inmediata. En menos de dos meses los envíos bajo este esquema ya representaban cerca del 20% de las ventas totales de Ágilex. El mismo modelo se replicó hacia bodegas en República Dominicana, Panamá, México y Ecuador, aprovechando la infraestructura que la compañía ya tenía desplegada en esos mercados.

El impacto sobre los clientes tiene un caso de referencia concreto. Varias empresas del sector de suplementos nutricionales, un segmento que requiere permisos FDA en EE.UU. y registros Invima en Colombia, encontraron en Ágilex un aliado que los acompañó desde la formalización regulatoria hasta la integración con plataformas de e-commerce como Shopify, el almacenamiento en mercados clave y la monetización de divisas a través de Finturu. “Pasaron de tener un emprendimiento local a operar como jugadores locales en tres países, sin abrir una empresa en el exterior”, señala Martínez. Según los registros de la plataforma, los clientes que utilizan el ecosistema completo reportan aumentos del 100% en sus ventas.

El siguiente paso en esa arquitectura es la inversión en bodegas propias en Florida, que permitiría a Ágilex centralizar el fulfillment para el mercado norteamericano y ofrecer entregas en el mismo día, una expectativa que el consumidor estadounidense ya considera estándar. Para los fundadores, esa inversión no es solo infraestructura, es la consolidación de una promesa que repiten desde el inicio y que el mercado ha empezado a reconocer como diferencial real. La pregunta que guía a los cofundadores José Martínez y Mauricio Sánchez no es cuántos países más pueden entrar, sino cuántas familias emprendedoras pueden dejar de preguntarse cómo se exporta para simplemente empezar a hacerlo.