Cofundadora de una IPS que triplicó sus ingresos en cinco años, ganadora del premio al mejor caso clínico del mundo con hilos tensores, autora del libro Quiérete, presentadora de televisión, e incluso Capitán de la Policía, Alexandra Rada reescribe lo que significa curar sin bisturí.
Colombia se consolida como referente global en procedimientos de medicina estética, un sector que superó los USD 100.000 millones a nivel mundial en 2025. Detrás de esas cifras hay historias que los datos no alcanzan a explicar, la de una mujer de 19 años que perdió 50 kilos y transformó su salud y autoestima, la de una sobreviviente de un ataque con ácido en qué perdió sus ojos, y como una forma de salir adelante aprendió a hacer accesorios sin necesidad de ver. La de una paciente que descubrió una masa en su pecho porque redescubrió su amor propio frente al espejo.
Todas ellas pasaron por el consultorio de Alexandra Rada, cofundadora de Sergio y Alexandra Rada Medicina Estética Especializada.
Rada quería ser ginecobstetra. Lo tenía claro desde niña, con esa certeza de vocación que no necesita argumentos.
Antes de terminar la carrera inició su noviazgo con Sergio Rada, el primer médico que hizo medicina estética en Colombia hace 37 años. Viendo que frente a ella se abría su verdadero camino hizo unos pinos en medicina estética se formó en mesoterapia en Francia y en homotoxicología en Colombia
“Yo me preguntaba si quizás era algo muy superficial, que solo se concentraba en la apariencia externa. Tenía muchos planes y no me terminaba de hallar en la medicina estética. Cuando empecé a trabajar y a darme cuenta de lo que era adelgazar un ser humano, rejuvenecer a otro, entendí que transformar el cuerpo también sanaba el alma”.
Decidió no ser la doctora ni la MD (Medicinae Doctor) lejana, sino mirar a los pacientes a su misma altura y sin usar una bata blanca de medicina para no trazar una diferencia entre el médico y el paciente y su historia.
La bisagra definitiva fue esa paciente de 19 años que entró a su consultorio a acompañar a una amiga y se fue convertida, meses después, en otra persona: 50 kilogramos menos, sin el sentimiento de que sus padres le habían pagado demasiados tratamientos para adelgazar sin éxito, que los había decepcionado, sin la idea de que no merecía, hoy es dueña de varias franquicias de Sergio y Alexandra Rada Medicina Estética Especializada.
Ahí Rada entendió que la medicina estética no era lo de afuera, era sanar el alma desde la piel.
Sergio y Alexandra Rada Medicina Estética Especializada lleva 37 años en el mercado colombiano, un sector donde las clínicas abren y cierran con la velocidad de una tendencia de redes sociales.
Lo que ha hecho exitosa la clínica es la personalización de los tratamientos, allí cada paciente es tratado según su necesidad y de forma holística gracias a sus líneas de atención que van de suplementos propios, tecnologías, y un entendimiento que va más allá de lo puramente médico y entra a lo emocional, a los hábitos, a factores genéticos que ningún aparato puede reemplazar, y es esa sumatoria de habilidades lo que hace que los tratamientos funcionen.

Esa filosofía se tradujo en números que hablan solos, de USD 1,6 millones de ingresos en 2021 a USD 4,1 millones proyectados en cinco años, siete sedes, más de 140 colaboradores directos y una rotación de empleados que la propia Rada describe como mínima. Su explicación es tan simple como poco frecuente en la industria, cuando hay satisfacción del cliente interno, es decir los trabajadores, el cliente externo, lo siente.
“Cuando tú te organizas y formas un equipo de trabajo comprometido, feliz y que quiere cumplir los objetivos a la par contigo, logramos tener la mínima rotación de los empleados y existe compromiso. Y cuando hay compromiso hay resultados”, apunta la doctora.
En 2026, la IPS obtuvo la doble certificación ISO 7101 e ISO 9001, convirtiéndose en la única institución de medicina estética en Colombia con ese estándar simultáneo. La ISO 7101, norma del año 2023 centrada en la humanización de la salud, no es obligatoria. Que la clínica la haya buscado de forma voluntaria dice más de su modelo que cualquier diploma. Como lo describe Rada, es como tener en casa un auditor permanente que evalúa cómo te despiertas, cómo duermes, cómo lavas la ropa. Y luego mantener los estándares.
En 2017, Alexandra Rada viajó a Tokio y regresó con el JBP Trophy, el reconocimiento al mejor caso clínico del mundo con hilos tensores. El caso no fue un rostro, que era lo convencional entonces, fue el abdomen de aquella misma paciente de los 50 kilogramos, cuya piel no tenía tonicidad después de la pérdida de peso y no había ninguna herramienta disponible para lograrlo. Rada aplicó los hilos de forma corporal, obtuvo un resultado que el jurado internacional no había visto antes y poco después estaba haciendo el mismo procedimiento en cinco o seis pacientes más. Fue, según ella misma, posiblemente la primera en Colombia en usar los tensores de esa manera.
Ese reconocimiento abrió puertas que ya estaban entornadas. Hoy, Rada entrena médicos en India, Dubái, México, Perú, Bolivia y Francia. India celebró su primer congreso de medicina estética hace apenas tres años; Colombia lleva 37 haciéndolo. Esa brecha de experiencia se convierte en autoridad cuando se enseña, y enseñar obliga, como ella lo pone, a estar siempre reentrenándose. Harvard Medical School, Seúl, París, Universidad del Valle, cada escala formativa responde a la misma brújula que no se trata de tener un cartón, sino la humildad de reconocer que hay otro que puede saber, incluso, más
Un trabajo que va más allá del consultorio
No es extraño encontrar a Alexandra en alguna de sus clínicas, en su casa con sus perros, sus caballos mini y sus pájaros, que siempre tienen un gesto de cariño con ella, compartiendo con su familia, o en sus acciones de responsabilidad social donde brindan ayuda, desde 2016, para mejorar las cicatrices de cientos de sobrevivientes de ataques con ácido, quemaduras y agresiones físicas, que nunca desaparecen del todo pero que mejoran lo suficiente para que, como dice Rada, sanen también las del alma.
Y la doctora sí que sabe de eso, perdió a su único hermano, asesinado durante un robo al negocio familiar, y encontró una forma de transformar el dolor propio haciendo accesorios, algo que transmitió a las mujeres y hombres de la fundación.
“Mejorando las cicatrices externas, mejora las cicatrices del alma. Es mostrarles que tienen una oportunidad, que se salvaron de agresiones emocionales y físicas como 20 martillazos, cortes con una botella o ataques con agentes químicos en la cara, y que si hay razones para seguir intentándolo”.
Otra de sus facetas es como presentadora donde dirige una sección de nutrición y bienestar en el programa Buen Día Colombia, tal ha sido el reconocimiento que, en ocasiones, solo con oír su particular y ronco tono de voz las personas la reconocen, le piden consejos, y le agradecen por su ejemplo para amarse, a conocer su cuerpo y a buscar ayuda cuando es necesario.
Así surgió su libro Quiérete, nacido de sus apariciones en TV y convertido en vademécum de autocuidado casero, donde condensa su filosofía, son recetas con ingredientes accesibles, rituales como el “espejito, espejito” (para reconciliarse con lo que se ve al espejo) y la convicción de que quererse no es un lujo sino el punto de partida de todo lo demás.
Porque, como lo dice ella con la claridad que le da haber visto todo tipo de cuerpos y todo tipo de dolores, cuando uno no se mira, ni siquiera se toca, ¿cómo va a descubrir que algo está mal o que hay algo en ti que te puede hacer infinitamente feliz?
Hace poco Alexandra dio una charla en TEDx titulada “desaprendiendo a comer”, que, sin hablar de comida, exploraba cómo reaprender a comer, desde el uso básico de los cubiertos, el horarios de ingesta de los alimentos, adquiriendo habilidades y desestimando viejos patrones.
Hoy dice que una nueva charla se llamaría “Las mujeres maravilla”, para destacar a todas las mujeres que necesitan entender que son poderosas, bellas y capaces de todo y empoderarse.
“No la que tiene superpoderes de películas, sino que puede calmar el dolor de un hijo, empujar al esposo a mejorar, para transformar una situación desagradable en algo llevadero, pero ante todo para no permitir nunca que las situaciones de la vida transformen tu esencia. Por encima de las tristezas, de los daños, de las agresiones de la vida, que nunca transformen nuestra esencia, y lo que somos en realidad”.
A punto de cumplir 51 años, con siete sedes, certificaciones internacionales, un premio en Tokio y un trabajo de compromiso social permanente desde hace una década, Alexandra Rada habla de lo que viene con la misma ecuanimidad con la que habla de todo lo demás.
Busca seguir acompañando a su madre quien, a los 83 años, sigue siendo productiva, berraca e independiente. Seguirá guiando a sus hijas y seguirá amando al mismo hombre quien ha sido su compañero de vida, en todo sentido.
“Seguir siendo esa trabajadora, entendiendo que el ritmo se va transformando con los años, empiezo a cosechar todo lo que sembré. Continuar siendo alumna para aprender y profesora para enseñar, pero ante todo pedir a Dios que sea quien guíe el camino, para salir adelante con todo lo que hemos construido” finaliza Alexandra Rada, mujer, hija, esposa, madre, profesional y lideresa.
