Una conversación con Viviana Echeverri, directora de Asuntos Corporativos de Comfandi, Marcela Astudillo, Presidente Ejecutiva de la Fundación Carvajal, y Daniela Konietzko, Presidenta de la Fundación WWB Colombia.
Hay fundaciones que miden su impacto en familias que salen de la pobreza, en mujeres que acceden a crédito por primera vez, en comunidades que cambian de vida de forma duradera. La pregunta que se hace cada vez más el sector privado es si ese modelo también es rentable — y en qué términos.
En este panel, Viviana Echeverri, directora de Asuntos Corporativos de Comfandi, Marcela Astudillo, Presidente Ejecutiva de la Fundación Carvajal, y Daniela Konietzko, Presidenta de la Fundación WWB Colombia, la Caja de Compensación y las fundaciones más influyentes del suroccidente colombiano hablan sobre inversión social con resultados medibles, los modelos que funcionan y los que no, y por qué la pobreza no es un destino sino un problema con solución técnica.

En esta conversación, se ahondó en los modelos que aplican cada una de sus organizaciones para desarrollar transformaciones duraderas y los sistemas en los que se apoyan para tener trazabilidad del impacto.
Viviana Echeverri, directora de Asuntos Corporativos de Comfandi, se refirió al Índice de Armonía, una herramienta que diseñaron y han desarrollado junto a ICESI desde hace dos años para identificar de qué manera podía ser más estratégica la asignación de inversión social por parte de los empleadores.
“Debíamos entender dónde estaban las grandes brechas porque la capacidad de inversión social de las empresas, y en general de la sociedad, es limitada, para así orientar esa inversión y acompañamiento de las cajas de compensación. Hemos tenido varias empresas en la medición y hemos identificado tres elementos fundamentales en los que es necesario enfocar los esfuerzos: estabilidad financiera, salud mental y definición del propósito. Con esta información podemos empezar a construir bienestar en las organizaciones”, enfatiza.
Los números respaldan el enfoque. En su Asamblea General de Afiliados celebrada el 30 de abril en Cali, Comfandi presentó ingresos por $1,47 billones y un remanente de $74.710 millones en 2025, resultados que, según la compañía, reflejan decisiones conscientes que permiten seguir generando valor social para los afiliados y maximizar los aportes de las empresas. Detrás de esas cifras hay 59.002 empresas afiliadas y 1.224.629 trabajadores y beneficiarios cubiertos.
Para los próximos seguir haciéndolo, la directora Echeverri proyecta una inversión cercana a $400.000 millones en 11 Campus E, ecosistemas de aprendizaje y bienestar distribuidos en la región, más $40.000 millones en infraestructura recreativa previstos para 2026. En crédito, desembolsó $224.080 millones a 37.282 beneficiarios, generando ahorros por $13.339 millones en tasas de interés, mientras más de 40.261 trabajadores quedaron cubiertos con planes de protección y seguros. La tesis de Tovar cierra el argumento: “Este es un reto compartido entre empresas, cajas de compensación y trabajadores. Solo así lograremos transformar realidades y generar desarrollo sostenible en la región”.
Para Daniela Konietzko, Presidenta de la Fundación WWB Colombia, los datos también son un elemento crucial en el aterrizaje de programas sociales. Siendo las mujeres su público objetivo, han encontrado que hay una profundización en las brechas sociales y económicas determinadas por el género, esto asociado a la economía del cuidado, que sigue recayendo principalmente en las mujeres, con una brecha de cuatro horas en el tiempo que dedican a estas labores comparado con los hombres.
Lo anterior supone una feminización de la pobreza, si se tiene en cuenta que la mitad de los hogares colombianos tienen jefatura femenina y una buena parte de estos son conformados por madres solteras. “Una de las brechas más importantes que no permiten que las mujeres desarrollen su máximo potencial y aporten a la productividad de las regiones es la escasez del tiempo, esto tiene que ver con las labores del cuidado. Ahí es donde estamos trabajando para que las mujeres puedan aportar al PIB de las regiones, por lo que no se trata de justicia social, sino de un tema de negocios”.
El mercado laboral ofrece una lectura concreta de esas brechas. En 2025, Comfandi registró 39.326 hojas de vida, 20.879 vacantes y 63.176 remisiones, con una efectividad del 87 % entre vacantes y contrataciones. Entre los vinculados están 2.889 jóvenes, 120 personas con discapacidad y 102 trabajadores en el exterior, poblaciones que concentran buena parte de las exclusiones que Konietzko describe. La pregunta que persiste es si esa efectividad alcanza de forma equitativa a las mujeres que lideran hogares sin red de cuidado.
Respecto al dilema del dato, Marcela Astudillo, Presidente Ejecutiva de la Fundación Carvajal, sugiere que los números por sí solos no cuentan historias. “Hoy no se puede hablar ni de número de beneficiarios, ni de número de actividades, ni de número de capacitaciones; hay que hablar del impacto que genera ese número de cosas que hago. Si no hablamos en términos de impacto y transformación, en realidad, estamos botando la plata. Por eso hay que pensar en que el trabajo social es a mediano y largo plazo, y no de transformaciones cortas”, explica.
En su caso desarrollaron una herramienta que nombraron el semáforo de la eliminación de la pobreza, que les permite medir el avance de sus programas. Es una herramienta que describe como sencilla, pero profunda, que cuenta con las seis dimensiones de la pobreza multidimensional y 37 indicadores, siendo el objetivo que cada uno de ellos esté en verde. Han realizado tres mediciones desde 2023 y han encontrado niveles importantes de satisfacción y de mejoría en la reducción de la pobreza.
Medir el impacto también implica reconocer los límites del sistema. Uno de los principales frentes de tensión para Comfandi en 2025 fue el sector salud, la cartera con la EPS SOS superó los $300.000 millones, una presión que pone a prueba la sostenibilidad del modelo. Aun así, la caja registró 3.947.122 atenciones con indicadores un 16,4% por encima de las metas nacionales en áreas como riesgo cardiovascular, control prenatal y VIH, y logró eficiencias por $17.314 millones. En educación, el 93 % de los egresados de sus colegios transitó hacia educación superior, empleo o emprendimiento, con seis instituciones clasificadas en categoría A+ en pruebas Saber. Son los números que Astudillo defiende cuando dice que el trabajo social debe medirse en transformación, no en actividades.
Vea el panel completo en el canal de YouTube de Forbes Colombia
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