En entrevista exclusiva con Forbes Colombia, el español Juan de Antonio, fundador de la plataforma de movilidad Cabify, insiste que la tecnología debe ser usada para devolver espacio en las ciudades a sus habitantes.

Para explicar por qué fundó Cabify, Juan de Antonio Rubio se remite a una imagen. No es un gráfico de crecimiento ni una curva de valoración. Es la calle.

Cualquier calle de cualquier ciudad latinoamericana un martes a las ocho de la mañana, sucumbida en embotellamientos, ruido y asfalto entregado a carros, motos y buses.

“Miramos por cualquiera de nuestras ventanas y vemos demasiado espacio todavía para ese vehículo particular”, dice en entrevista con Forbes Colombia el ingeniero de telecomunicaciones español de 45 años, que en 2011 fundó en Madrid esta plataforma de movilidad, que opera en España, Colombia, Argentina, Chile, Perú, y Uruguay. “La tecnología viene a devolvernos la ciudad para las personas”.

El empresario, graduado en la Universidad Politécnica de Madrid y con un MBA cursado en Stanford gracias a una beca Fulbright en 2010, lleva 15 años repitiendo la misma tesis. El vehículo privado ocupa el espacio urbano el 97% del tiempo sin transportar a nadie.

Cabify, con su modelo de movilidad, logra que los vehículos que operan en su plataforma estén transportando pasajeros cerca del 60% del tiempo.

“Ese salto del 3 al 60% es enorme”, sostiene, “pero mirando las calles hay que admitir que nos queda mucho por hacer”.

Colombia, donde compiten con plataformas como Uber, Yango, Didi e Indrive, ocupa un lugar especial en esa historia.

Juan de Antonio, fundador y CEO de Cabify. Foto: Diana Rey Melo / Forbes Colombia.

Cabify llegó al país en 2015, cuatro años después de su fundación en España, y hoy representa, junto con el resto de Latinoamérica, más de dos tercios de los ingresos globales del grupo.

En sus 10 años de operación en el país, la plataforma ha generado $1.7 billones en ingresos acumulados para más de 250.000 conductores, conectado a más de 3.5 millones de usuarios y se ha consolidado como un jugador relevante de movilidad corporativa, con más de 6.000 empresas vinculadas.

Bogotá alberga además el centro regional de atención al cliente de la compañía, con más de 460 colaboradores que dan soporte a todos los países donde opera.

Una de las movidas que impulsó la estrategia local fue la integración del taxi amarillo a la plataforma en 2019, a través de la adquisición e integración de Easy Taxi, que a su vez había absorbido la colombiana Tappsi. Una apuesta que hoy parece obvia pero que en su momento resultaba contracultural en una industria que concebía a los taxistas como adversarios de las plataformas.

Desde esa integración, el volumen de viajes en la plataforma se ha multiplicado por cuatro, y cerca de 100.000 taxistas han realizado al menos un viaje a través de la app. Según Cifras & Conceptos, uno de cada dos taxistas que usan aplicaciones en Bogotá elige Cabify.

“Nosotros somos un grupo de empresas que aglutina servicios de taxi, servicios de servicio especial”, explica De Antonio. “El ciudadano necesita distintas alternativas y elige en cada momento lo que mejor se adapta a su necesidad”.

El argumento regulatorio es uno de los que más peso tiene en la agenda del CEO. Colombia ha visto sentencias favorables de la Corte Constitucional al modelo de intermediación digital, pero el marco normativo sigue sin consolidarse. De Antonio no apunta dedos. Propone una lectura distinta.

 “Creo que hay una oportunidad muy relevante porque la necesidad de movilidad es creciente. Esto no va de eliminar los ingresos para unos para dárselos a otros”, anota.

 En 10 años, dice, el 70% de los taxistas que trabajan con Cabify mejoraron sus ingresos. El crecimiento de la demanda, argumenta, es suficientemente grande para que todos los actores del ecosistema, incluyendo taxis, plataformas de servicio especial y nuevas categorías, crezcan simultáneamente si la regulación avanza hacia una apertura progresiva y ordenada.

Cabify ha recaudado más de US$600 millones de inversionistas e instrumentos de deuda desde su fundación, de firmas como Rakuten Capital, Seaya Ventures, Mutua Madrileña y Endeavor Catalyst.

Fue el primer unicornio español (empresa tecnológica valorada en más de US$1.000 millones) y el ruido sobre una eventual salida a bolsa ha acompañado a la compañía con la regularidad de las temporadas.

De Antonio, sin embargo, no parece particularmente interesado en esa conversación. “¿Es necesario una salida a bolsa para llegar ahí? Pues no. Puede ser un camino que en un momento dado elijamos, pero ese no es nuestro fin”. Lo dice sin nerviosismo. “El éxito es disfrutar del camino, trabajar en algo que es relevante para ti. Una salida a bolsa, una ronda de financiación, pues son pasitos que das”.

Hacia adelante, la compañía apuesta por una transición tecnológica que De Antonio lee con calma estratégica.

El vehículo eléctrico, el vehículo conectado y el vehículo autónomo son, para él, catalizadores que harán más atractiva la movilidad como servicio frente a la propiedad privada del automóvil.

“Si un vehículo cuesta más, empiezas a plantearte si verdaderamente lo necesitas comprar o es más eficiente que pagues por minutos”.

 La inteligencia artificial, precisa, no es algo nuevo en Cabify.

“Lo que ahora se viene llamando inteligencia artificial, nosotros lo trabajamos desde hace tiempo”, dice, recordando que su director de tecnología hizo un doctorado en el MIT en modelos de aprendizaje reforzado. La diferencia, aclara, es que en Cabify esa tecnología siempre estuvo al servicio de dos variables concretas, que son seguridad y calidad.

Madrugador por naturaleza (se levanta a las 6:30 para responder correos, sacar a pasear a sus perras y llevar a sus tres hijas al colegio, De Antonio reconoce que el mayor error recurrente en 15 años de liderazgo ha sido tardarse en tomar decisiones difíciles.

“A todos nos cuesta tomar decisiones difíciles”, admite. “El coste hundido como humano nos cuesta.”

Lo que sí reivindica como acierto es la coherencia de propósito, al no haber sacrificado la cultura de la empresa en nombre de la velocidad o la valoración.

 “El éxito es haberte mantenido fiel a ese propósito”, dice.

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