Daniela y Santiago Barrios fundaron ClosetUp hace 3 años y medio. Han recirculado más de 260.000 prendas, tienen más de 4.200 usuarios activos y una red de más de 68 marcas y retailers que emplean su canal B2B.

¿Cómo puede una prenda olvidada en el clóset convertirse en una oportunidad de negocio? Daniela Barrios lo descubrió mientras estudiaba Diseño de Modas en el Istituto Marangoni, en Milán. Al revisar su armario, decidió dar una segunda vida a las prendas que ya no usaba: las recirculó y las vendió, generando ingresos adicionales y prolongando el ciclo de vida de cada pieza.

Esa idea fue el principio de la fashtech ClosetUp. La startup de moda circular complejizó su modelo de negocio para ir más allá de la venta de segunda mano y crear una plataforma tecnológica para operaciones B2B Y B2C.

Los hermanos Barrios, ambos menores de 30 años, tenían claro que su camino estaba en el emprendimiento, lo aprendieron de sus padres que han sostenido durante décadas la empresa familiar. “Habíamos trabajado juntos en la empresa. Tenemos bagaje en la industria de la moda por nuestros padres, que empezaron con una sastrería y hoy tienen una importadora textil”, cuenta Daniela.

Ella es diseñadora de modas y Santiago, su hermano, es ingeniero industrial. Aunque provienen de disciplinas distintas, encontraron en esa complementariedad el equilibrio perfecto para emprender juntos. Al analizar el mercado, identificaron que el reto de la circularidad en la industria de la moda no solo afectaba a los consumidores, sino también a las empresas, incluida la de sus padres, que enfrentaban dificultades para gestionar los excedentes de inventario.

“Iniciamos con un modelo B2C, como otros en el mercado, porque empezamos a ver que había una tracción en el mercado de personas que compraban y vendían ropa de segunda mano, generando ahorros económicos y reduciendo el impacto ambiental con cada transacción”, agrega Santiago.

Esa puerta al modelo corporativo se abrió con la solicitud de una disquera que necesitaba artículos de moda para sus artistas y los extras en los videos. “Fue un punto de inflexión en el que dijimos: la moda alternativa no es solo para el consumidor final, también es para las empresas que quieren consumir de forma consciente”.

Identificaron que había empresas que tenían excedentes de inventario limpio y que podía adaptarse para los requerimientos de producciones y eventos o para la indumentaria de colaboradores. Comenzaron a recibir producto existente y diseñar soluciones alternativas para integrarlos nuevamente en el flujo corporativo, ahorrando costos e impacto ambiental. “Les ahorramos entre el 30% o 40% del valor del producto en el mercado inicial, les disminuimos tiempos porque esas existencias están disponibles de inmediato y les damos un certificado de las reducciones en huella de carbono y uso de agua”, explica Santiago.

ClosetUp lleva 3 años y medio en el mercado, tiempo en el que ha generado más de US $2 millones en ventas y han recirculado más de 260.000 prendas. Actualmente, detallan los hermanos Barrios, tienen más de 4.200 usuarios activos y una red de más de 68 marcas y retailers que emplean su canal B2B.

“Hemos podido reducir en un 82% las emisiones de carbono asociadas a la industria de la moda y más de 97 millones de litros de agua por la transaccionalidad de nuestros productos hacia los corporativos y hacia los consumidores”, agrega.

Han conseguido varios hitos pese a su corta trayectoria, haciendo parte de importantes aceleradoras como Endeavor, Platzi for Startups, IF Ventures y Social Skin de Davivienda, demostrando por qué el emprendimiento sostenible es rentable.

Cómo operan los dos canales

La regla general es que una vez ClosetUp recibe el producto, toda la trazabilidad está en el dashboard de la plataforma y el usuario o marca reciben su respectiva comisión mensual por ventas. Esto lo que permite es reducir fricciones en la logística y tener un control preciso del inventario.

“Hoy realmente el 90% del flujo de ingresos viene del B2B. Esto porque el ciclo de venta del corporativo es más extenso, sin embargo, los tiene tickets muy altos. Entonces, un corporativo te puede hacer un ticket de US $25.000 a US $35.000 por pedido y te hace tres a cuatro pedidos al año. Estamos hablando de un lifetime value de US $100.000 al año”.

“En la industria de la moda local, el overstock es uno de los grandes problemas que nadie quiere nombrar. Con Closet Up decidimos enfrentarlo: transformamos más de 200 millones de pesos en capital activo. Hoy, ese dinero ya no está detenido en cajas, está impulsando nuestras próximas colecciones”, comparte Juliana Palacios, fundadora y directora creativa de Local Atelier, una de las marcas que se beneficia del canal B2B. Un inventario que, de otra manera, se contemplaría comouna pérdida en el balance financiero.

Aunque el canal B2C representa el 10%, es el que mayor impacto tiene en el conocimiento de la marca, gracias al voz a voz de los usuarios. Su operación es más sencilla, el vendedor publica sus prendas, que entran a la oferta de ClosetUp, y es notificado cuando genere una venta y a final de mes recibe una consignación de las ventas de ese periodo.

“Asumimos la cadena hasta el final del producto. Esa es la diferencia del e-commerce al marketplace, que es solo un intermediario. Nosotros realmente tenemos la trazabilidad de todo el producto“.

Mantener ambos segmentos es una decisión alineada al propósito de ClosetUp de promover la moda circular. “La industria de la moda es la segunda más contaminante a nivel ambiental, hay mucho por trabajar dentro de la industria. Hay marcas que trabajan la sostenibilidad desde la materia prima, nuestra idea es poder cerrar ese ciclo con los productos ya existentes en el mercado y, por qué no, a un nivel masivo”, comenta Daniela.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, la moda representa hasta el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero y consume hasta 215 billones de litros de agua anuales. Esto explica que la economía circular se fortalezca como una tendencia en el sector en contrapeso a la masividad de plataformas en línea como Temu y Shein.

Su operación es ágil por la base tecnológica que han desarrollado internamente. “Nuestro producto es un e-commerce, que cuenta con un dashboard en el que se visualizan los productos cargados de forma masiva, y a través de inteligencia artificial se realiza la trazabilidad de todo. Es un producto nativo que hicimos con nuestros ingenieros”.

ClosetUp levantó una ronda pre-semilla con fondos de capital de riesgo, ángeles inversionistas y fondos de impacto como el Fondo ProUsar, de la Cooperación Alemana en Colombia.

Este último fue fundamental en la estructuración de su sistema de medición de impacto. “Por ejemplo, si la fabricación de un jean consume 2.700 litros de agua, debemos aterrizar esa cifra en cada una de las transacciones. Con el fondo logramos crear una estructura estándar para medir el impacto ambiental de las prendas según el peso, el producto, el material del producto y así determinar el ahorro promedio en agua y emisiones de carbono”, explica Santiago.

Su camino se ha visto obstaculizado por los prejuicios que persisten alrededor de la moda circular, asociados a la calidad, higiene y buen estado de las prendas. “Tenemos diseñadoras en el equipo que trabajan en cada detalle de las prendas para generar esa confianza en los usuarios”, cuenta Daniela.

El segundo reto ha sido la escalabilidad, sobre todo de cara al canal B2B, en el que reciben grandes volúmenes de inventario. Para ello se apalancan de las bodegas de las marcas y retailers para que sea una infraestructura física tercerizada que no les genere costos adicionales.

El desafío a nivel macro está en el avance de la regulación para incentivar y medir la sostenibilidad en Colombia. Esto además explica que no haya más empresas aguas abajo: hay miles de productores y una oferta amplia de ropa, unos cuantos en la mitad alargando la vida útil de las prendas, y un cuello de botella al final en cómo se reintegran estos productos al mercado o se les da otra transformación. Hacia allá está la oportunidad futura de la moda circular.

Mientras tanto, los hermanos Barrios están buscando expandirse y ser la primera fashtech masiva de Latinoamérica. “Antes se creía que las startups de impacto social y ambiental eran un tema filantrópico. Hoy en día no es así. Hoy en día hemos demostrado que a medida que tú escalas tu impacto, también escalas tu rentabilidad y el modelo de negocio. Closet Up es un claro ejemplo de que la moda circular es un modelo de negocio”, concluye Sanntiago.

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