Tras levantar más de US$160 millones, Pomelo apuesta por llevar su tecnología financiera a nuevas geografías, con Argentina, Colombia y México como hubs de su expansión global.
“Esto nació de nuestra frustración”, aseguró Gastón Irigoyen desde Buenos Aires, Argentina, en medio de una entrevista virtual con Forbes Colombia. El fundador y CEO de Pomelo solo puede remitirse a esa sensación cuando piensa en el origen de su idea de negocio.
Irigoyen y sus cofundadores, Hernán Corral, Chief Operating Officer, y Juan Fantoni, Chief Commercial Officer, son tres argentinos entre los 40 y 45 años con amplia experiencia en el sector financiero. Antes de Pomelo, Irigoyen lideró en Argentina el lanzamiento del banco digital Naranja X junto a Corral, quien a su vez fue “la tercera persona en la historia de MercadoPago”, mientras que Fantoni venía de Mastercard.
“En cada una de esas experiencias previas, nos frustraba tener que trabajar con jugadores incumbentes y muy locales que databan de los años 70 a los 80, cuando los pagos digitales ni siquiera existían”, confiesa Irigoyen. “Veíamos la necesidad de América Latina de modernizar su infraestructura de pagos”.
Pomelo encontró su lugar en la industria financiera regional en la emisión, el procesamiento y la gestión de tarjetas para bancos, fintechs, y otras empresas con soluciones de finanzas embebidas. Entidades como Bancolombia, BBVA, Banco Santander, GNB Sudameris, ARQ -antes DolarApp-, Lulo Bank, Addi, Rappi y Didi conforman el portafolio de clientes de Pomelo.
Con propuestas en los segmentos de tarjetas de crédito, débito y prepago, la startup argentina ha desarrollado tecnología basada en APIs que se integra a los sistemas de compañías financieras y tecnológicas, permitiéndoles lanzar productos sin construir infraestructura desde cero y con una oferta de productos diseñados para el consumidor de hoy que quiere tener la flexibilidad de pagar en pesos, dólares, euros o criptoactivos.
Aquella frustración que sintieron hace algunos años estos argentinos parecía ser un sentimiento generalizado. No solo en cinco años lograron atraer a más de 150 clientes corporativos de gran tamaño en la región, también captaron la atención de fondos globales como Kaszek, Insight Partners y Endeavor Catalyst, entre otros.
Desde su fundación, Pomelo ha levantado US$160 millones. “Las rondas de inversión solamente suceden si hay números que las respaldan”, dice Irigoyen cuando se refiere a la ronda Serie C que cerraron en enero de este año por US$55 millones, en medio de un panorama retador para la atracción de capital de América Latina.
Con su modelo, Pomelo logró consolidarse en el mercado latinoamericano y, con nuevo capital, apunta ahora a expandirse globalmente. Tras su última ronda, el CEO de la fintech anunció dos nuevas líneas de negocio: productos globales y pagos en tiempo real.

“Mucho de lo que hacemos para América Latina lo podemos comercializar globalmente. Un muy buen ejemplo de eso son las tarjetas globales”. Con esa visión, los fundadores de Pomelo apuestan por escalar su solución de tarjetas, diseñada para consumidores que requieren un plástico en moneda local para el día a día y otro en dólares o criptoactivos para transacciones internacionales.
Otro producto que cruzará la frontera regional son los contracargos automatizados. Cuando un cliente solicita la reversión de un cobro por fraude o error, el proceso suele convertirse en un dolor de cabeza para la entidad financiera, que debe gestionar flujos manuales y burocráticos en coordinación con las redes de Visa o Mastercard. Pomelo lleva la inteligencia artificial a la ecuación para hacer de este un proceso que no ocupe el tiempo de los asesores. La solución es de escala global.
En paralelo, la fintech dejará de operar exclusivamente en el riel de tarjetas para incursionar en los pagos en tiempo real, que han ganado tracción en la región con iniciativas como Pix en Brasil y Bre-B en Colombia.
Colombia en el mapa de Pomelo
“A Colombia no lo vemos como un mercado, sino como un hub regional desde donde atendemos Perú, Ecuador, inicialmente Panamá y ahora todo Centroamérica, con excepción de México y el Caribe”, destacó el CEO de Pomelo.
En términos de volumen de negocio, Colombia es el segundo mercado más grande después de México y también el segundo en tamaño de la fuerza laboral, solo por detrás de Argentina.
Para Gabriel Santos, presidente de Colombia Fintech, “Pomelo ha transformado la digitalización de los servicios de pagos ofreciendo una experiencia más eficiente tanto para los negocios como para las personas. En un contexto donde los consumidores son más exigentes, su apuesta tecnológica ha demostrado su valor en reducir las fricciones y, en últimas, contribuir a un mayor uso de estos productos”.
Más allá de su escala en la industria local, donde provee tecnología financiera a algunos de los bancos, fintechs y compañías tecnológicas más grandes del país, Pomelo busca posicionar a Colombia como un punto estratégico en su expansión global. La apuesta va más allá de llevar sus productos a nuevas geografías: se trata de posicionarse como un actor relevante en el futuro de las finanzas que, según Irigoyen, trasciende el dinero fiat y los modelos tradicionales del sistema financiero.
#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de abril. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
Lea también: Microseguros, el “lujo” que cambia vidas
