La empresa familiar con casi 140 años de historia, mundialmente reconocida por sus navajas multiusos, ha convertido a la relojería en uno de sus pilares estratégicos.

Recorrer el Watch Competence Center de Victorinox situado en Delémont, capital del catón del Jura y núcleo de la región suiza dedicada a la producción de relojes, se parece menos a ingresar a un laboratorio hermético y más a presenciar una orquestación técnica: cada estación sigue su propio ritmo, cada especialista domina un lenguaje distinto y, entre máquinas, acero y mediciones microscópicas, circula también un contagioso espíritu de experimentación orientado a avalar la resistencia de sus guardatiempos.

La empresa familiar con casi 140 años de historia, mundialmente reconocida por sus navajas multiusos, ha convertido a la relojería en uno de sus pilares estratégicos. Vinculada desde sus orígenes al trabajo industrial del acero, Victorinox encontró en los relojes una extensión natural de su filosofía de durabilidad y funcionalidad.

Así lo destacó Markus Schoeni, Product Manager Watches, mientras nos guíaba por los talleres de producción, equipados con maquinaria de última generación, donde las varillas de acero inoxidable AISI 316L atraviesan una transformación minuciosa: desde el moldeado de la caja hasta el pulido, el biselado, el montaje y el ensamblaje.

Ahí no sólo se ensamblan cajas completas. Dependiendo la línea de producción, también se fabrican componentes esenciales, como cajas intermedias de carbono, biseles de titanio (ASTM Ti-Grado 2), soportes metálicos para el movimiento, contenedores y fondos de caja.

La instalación refleja el proceso de verticalización que la empresa ha impulsado durante la última década: un camino que comenzó en 2014 con el lanzamiento del modelo I.N.O.X., momento en el que inició la producción interna de componentes, y que se consolidó en 2016 con una inversión superior a los 32 millones de francos suizos destinada a ampliar sus operaciones.

Victorinox
Foto. Prodigious Zurich

La precisión industrial da paso entonces a una de las etapas más delicadas del proceso. Frente a nosotros, el pulido y el biselado de las cajas intermedias, realizados íntegramente a mano por especialistas capaces de alcanzar una precisión imposible de replicar con maquinaria. Antes del acabado final, cada pieza se recubre con una laca morada que protege la superficie y permite verificar la calidad tanto de los acabados mecánicos como de los manuales.

Centro de pruebas integrado: eje neurálgico

Las pruebas, sin embargo, ocupan un lugar central dentro de toda la operación. Antes de llegar a la muñeca de un cliente, cada reloj atraviesa un circuito de validación diseñado para exigir al máximo sus materiales, ensamblajes y mecanismos. No se preparan para un escaparate: se preparan para el uso real.

Una de las primeras pruebas ocurre dentro de una máquina de presión de aire que evalúa la resistencia al agua equivalente a 100 metros. Es apenas el inicio. Después, cada cabeza de reloj se somete individualmente a pruebas de presión de agua superiores a 200 metros.

Watch Competence Center
Fotos: andreasgraber.com

En otra estación, las cajas reciben impactos mediante péndulos balísticos de seis kilogramos —el doble de lo que exige la norma ISO 1413—. El golpe es seco, metálico, repetitivo. Más adelante, algunas piezas permanecen durante 48 horas en cámaras con 93% de humedad y temperaturas que oscilan entre 40 °C y 70 °C, recreando condiciones tropicales extremas.

A la par, otras máquinas evalúan la resistencia al desgaste, los rayos UV, la fuerza de tracción en correas y el funcionamiento repetitivo de biseles y pulsadores activados cientos de veces.

Cada reloj de Victorinox se somete así a pruebas que superan los estándares de la industria. Bajo esa lógica, la inscripción “Fabricado en Suiza” deja de percibirse como un sello de calidad para asumirse como una declaración de exigencia permanente.

El distintivo “Swiss Made” identifica a las piezas que cumplen estrictos criterios de origen y manufactura. La legislación suiza establece que al menos el 60 % de los costos de fabricación deben generarse en Suiza, además de que el movimiento, el ensamblaje final y la inspección tienen que realizarse en territorio helvético.

Schoeni y Karl Kieliger, General Manager de Victorinox LATAM, señalaron que la marca lleva este compromiso aún más lejos, al alcanzar más del 90 % de composición de fabricación suiza en sus relojes.

Al concluir el recorrido exclusivo —del que formamos parte junto a un selecto grupo de periodistas de Brasil y México, mercados clave para la marca en Latinoamérica—, los voceros acentuaron la relevancia que tiene para la empresa la inversión en innovación en busca de dar continuidad su legado, así como el cuidado artesanal de los acabados y las exhaustivas pruebas de validación que atraviesa cada reloj antes de ser enviados al centro de distribución de Seewen, en el cantón de Schwyz.

Estos procesos permiten a Victorinox ofrecer una garantía de cinco años, un respaldo que —aseguraron con fuerza— “no toda la industria relojera puede garantizar”.

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