Los dos planetas más brillantes del cielo nocturno tendrán una conjunción visible a simple vista durante pocas horas después de la puesta del sol.

Venus y Júpiter tendrán este martes 9 de junio uno de los acercamientos aparentes más llamativos del año. Los dos planetas más brillantes del cielo nocturno se ubicarán a solo 1,6 grados de distancia poco después del atardecer, una separación similar al ancho de un pulgar visto con el brazo extendido, de acuerdo con Sky & Telescope.

Para observar el fenómeno no será necesario usar telescopio. El punto de referencia estará hacia el oeste, aproximadamente 45 minutos después de la puesta del sol. La ventana de observación será corta, pues la conjunción solo podrá verse durante un par de horas antes de que los planetas desciendan hacia el horizonte.

Asimismo, Venus aparecerá cerca de Júpiter y ligeramente hacia su parte superior derecha. Mercurio también formará parte de la escena, aunque estará más abajo y hacia la derecha, más cerca del horizonte. El conjunto permitirá ver a simple vista tres planetas en una misma zona del cielo, siempre que las condiciones meteorológicas y la visibilidad del horizonte lo permitan.

A pesar de su menor tamaño, Venus se verá unas siete veces más brillante que Júpiter. Esa diferencia se explica por su cercanía actual a la Tierra y por la capa de nubes reflectantes que cubre el planeta. Júpiter, en cambio, se encuentra mucho más lejos, aunque su tamaño lo mantiene como uno de los objetos más visibles del cielo nocturno.

Por otro lado, el Virtual Telescope Project transmitirá imágenes telescópicas desde Italia cuando ambos planetas estén en su punto de mayor cercanía aparente. La transmisión está prevista para las 19:30 UTC, es decir, 2:30 p.m. hora Colombia, este martes 9 de junio.

Quienes no puedan observar la conjunción por mal tiempo tendrán otras oportunidades durante la semana. Venus y Júpiter permanecerán a menos de cinco grados de separación en las próximas noches, por lo que el acercamiento seguirá siendo visible después del atardecer. Además, el martes 16 de junio, la Luna creciente aparecerá cerca de los tres planetas.

En los días posteriores, Júpiter descenderá progresivamente hacia el horizonte, mientras Venus ganará altura en el cielo occidental. Durante el verano, Venus se mantendrá como el objeto dominante después de la puesta del sol.

Una tabla del cielo que indica cómo ubicar la constelación Corona Borealis entre las estrellas brillantes Arcturus y Vega. El mango del Big Dipper apunta en dirección a Corona Borealis.
NASA/JPL-CALTECH

La cercanía entre Venus y Júpiter será solo visual. Aunque desde la Tierra parecerán ubicados uno junto al otro, en realidad están separados por cientos de millones de kilómetros. Venus se encuentra actualmente a unos 180 millones de kilómetros de la Tierra, mientras Júpiter está a cerca de 900 millones de kilómetros.

En esa línea, la conjunción responde a un efecto de perspectiva. La Tierra, Venus y Júpiter se alinean desde nuestro punto de vista, lo que hace que los planetas parezcan agruparse en el cielo. Estos eventos ocurren porque los planetas orbitan el Sol en planos similares y, en algunos momentos, coinciden sobre una misma región visual del firmamento.

Además de esta conjunción, 2026 podría traer otro evento astronómico visible a simple vista. Se trata de la erupción de T Coronae Borealis, conocida como la “Estrella Llameante”. Este sistema se encuentra a unos 3.000 años luz de distancia, en la constelación Corona Borealis, y corresponde a una nova recurrente, un fenómeno que aumenta de brillo de forma repentina y que se repite en ciclos largos.

Las erupciones anteriores de T Coronae Borealis fueron registradas en 1866 y 1946. Investigadores han señalado el 25 de junio de 2026 como la fecha estadísticamente más probable para su próxima explosión visible. Si no ocurre en ese momento, otra ventana probable se abriría el 8 de febrero de 2027. La predicción se basa en episodios inusuales de oscurecimiento observados en 2023 y 2024, similares al comportamiento registrado antes de la erupción de 1946.

A su vez, T Coronae Borealis está compuesto por una gigante roja y una enana blanca. El material de la gigante roja se acumula sobre la enana blanca hasta que se produce una reacción termonuclear en su superficie, lo que genera una explosión de nova. A diferencia de una supernova, las estrellas sobreviven al evento.

Cuando ocurra la erupción, el sistema podría pasar de su brillo habitual de magnitud 10 a una magnitud aproximada de +2 o +3. Ese nivel permitiría verlo sin instrumentos desde la Tierra. Aunque no igualaría el brillo de las estrellas más intensas, su aparición repentina en una zona del cielo que normalmente se ve vacía lo convertiría en uno de los eventos astronómicos más destacados de la década.

Con información de Forbes US

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