La eventual oferta pública inicial de SpaceX podría valorar la compañía en US$1,77 billones y abrir una nueva lectura sobre su negocio: infraestructura orbital, conectividad, datos y energía.
La posible salida a bolsa de SpaceX no solo pone el foco sobre una empresa de cohetes. La operación, en la que las acciones se venderían a US$135 cada una, también plantea una apuesta por una economía en órbita baja, impulsada por conectividad satelital, infraestructura espacial y nuevas aplicaciones comerciales más allá del lanzamiento de cargas.
La compañía, cuyo nombre formal es Space Exploration Technologies Corporation, cotizaría bajo el símbolo SPCX. Tras haber sido valorada en cerca de US$350.000 millones en 2024, su valoración en la oferta pública inicial llegaría a US$1,77 billones, de acuerdo con la información citada. Esa cifra ubicaría a SpaceX dentro del grupo de empresas con mayor valor de mercado, aunque la tesis de inversión no se limita a su capacidad para fabricar y lanzar cohetes.
En esa línea, Starlink aparece como el argumento más inmediato para explicar el alcance del negocio. La constelación de internet satelital en órbita baja comenzó con sus primeros lanzamientos en 2019 y ya cuenta con más de 10.000 satélites activos, alrededor de dos tercios de todos los satélites operativos en el espacio. La empresa tiene planes de llegar a 20.000 unidades y registra 10,3 millones de suscriptores en 164 países.
Asimismo, el tamaño de Starlink marca una diferencia frente a sus competidores. Amazon Leo, una de las compañías que busca entrar en ese mercado, tiene cerca de 300 satélites en órbita y planes para desplegar 3.200, según Space.com. Mientras que SpaceX pasó de vender acceso al espacio a construir una red global de conectividad, con un negocio que ya muestra ingresos relevantes. Reuters reportó que Starlink generó una utilidad operativa de US$1.190 millones en el primer trimestre de 2026. En el mismo periodo, la compañía registró una pérdida operativa total de US$1.940 millones sobre ingresos por US$4.690 millones.
Para algunos analistas, el mercado aún no dimensiona del todo qué estaría comprando en una eventual oferta pública inicial de SpaceX. “La gente cree que está invirtiendo en cohetes”, dijo Brett Hurt, futurista, empresario y autor de Love Conquers Fear: Humanity, AI, and the Age of Abundance for All. “Está invirtiendo en una red de comunicaciones, en el futuro de los centros de datos y en el futuro de la energía”.
De otro lado, Starship representa una segunda etapa en la evolución de la compañía. El cohete completamente reutilizable está diseñado para transportar más de 100 toneladas a órbita baja, una capacidad que podría cambiar la escala de lo que se construye fuera de la Tierra. Si logra operar de manera regular, el costo de enviar carga al espacio podría caer desde cerca de US$5.000 por kilogramo hasta niveles de pocos cientos de dólares por kilogramo, de acuerdo con algunas estimaciones.
Mark Boggett, CEO de la firma de inversión espacial Seraphim Space, considera que esa capacidad puede abrir una nueva fase para el sector. “Creemos que Starship tiene el potencial de definir una nueva era en el espacio”, señaló por correo electrónico. Tras el más reciente vuelo de prueba del vehículo, Boggett sostuvo que Starship podría ofrecer cerca de diez veces la capacidad de lanzamiento actual a una fracción de los costos. “La masa y el tamaño de la carga útil, históricamente las principales restricciones, podrían dejar de ser factores limitantes”, agregó.

AFP A TRAVÉS DE GETTY IMAGES
Además, una reducción significativa en los costos de lanzamiento trasladaría la discusión hacia otro punto: qué tipo de infraestructura puede instalarse en órbita. Las estructuras más grandes que existen hoy en el espacio, como la Estación Espacial Internacional o los arreglos de torres celulares de AST SpaceMobile, tienen un tamaño cercano al de un campo de fútbol. Con Starship, podrían volverse viables estructuras 100 veces más grandes.
Ese escenario abre varias posibilidades industriales. Entre las opciones mencionadas aparecen centros de datos para inteligencia artificial, plataformas de comunicaciones y sistemas de energía solar ubicados en el espacio. El resultado dependerá de la capacidad de SpaceX para reducir de forma sostenida los costos de transporte orbital y de la demanda que surja alrededor de esas nuevas infraestructuras.
A su vez, la historia de SpaceX ha estado vinculada a metas de largo alcance, como los cohetes reutilizables, las misiones humanas a Marte y el programa Artemis de la Nasa para el regreso de astronautas a la Luna. Sin embargo, la lectura de los inversionistas empieza a incorporar otros elementos: transporte, conectividad global, computación y energía como pilares de una infraestructura económica más amplia.
En ese contexto, la mayor oportunidad de SpaceX podría estar en crear las bases para nuevos mercados en órbita baja. La compañía transportaría cargas al espacio, y también podría participar en la construcción de una plataforma para industrias que aún están en etapa inicial. La oferta pública inicial, por eso, sería una apuesta sobre el papel de SpaceX en una economía orbital que apenas empieza a tomar forma.
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