Barranquilla escala en competitividad y concentra la inversión extranjera del litoral, mientras el resto de la región crece por debajo del promedio nacional y carga con la mayor pobreza del país. El próximo Gobierno Nacional debe actuar para que esa brecha se reduzca.
Si el mapa de Colombia se mira con un lente de competitividad, el Caribe se está partiendo en dos. De un lado está Atlántico, que subió dos puestos en el último año y se instaló en el sexto lugar del país, con 6,15 sobre 10 en el Índice Departamental de Competitividad (IDC) 2025 del Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario.
Es el único departamento de la región cercano a los grandes motores de la economía como Bogotá (8,13), Antioquia (6,82) y Valle del Cauca (6,30). Del otro lado está el resto de la región. Bolívar retrocedió al puesto 12, Magdalena apenas trepó al 18 y La Guajira sigue anclada en el 25, entre los más rezagados del escalafón.
Esa fotografía (una ciudad que despega y una periferia que no le sigue el paso) resume el momento del Caribe de cara a 2026, un año cargado de incertidumbre.
Para María Esperanza Cuenca Coral, coordinadora del grupo de investigación del Departamento de Economía de la Universidad del Norte, quien habla a título personal, 2026 “es un año lleno de incertidumbre a nivel político para el país”, algo que puede golpear la confianza de consumidores e inversionistas.
Fedesarrollo y BBVA proyectan un crecimiento nacional cercano al 2,8%, sostenido por el gasto de los hogares y del sector público, mientras las presiones fiscales amenazan con llevar el déficit total a 8,1% del PIB.
Pero el Caribe crecería menos. Fedesarrollo calcula que la región cerrará el año con una expansión de 2,1%, por debajo del promedio nacional de 2,6% y lejos de Bogotá (3,1%), la región Central (3,0%) y la Pacífica (2,9%).
El contrapeso lo ponen los capitales. En 2025, las actividades no minero-energéticas concentraron el 72,9% de la inversión extranjera directa que llegó a Colombia, con las energías renovables a la cabeza (cerca del 15% de los proyectos acompañados por ProColombia), seguidas de software y TI (11%) y la agroindustria (8%). Barranquilla y el Atlántico lideran la atracción regional con 144 proyectos.
Para Cuenca, la capital del Atlántico se ha vuelto “el puerto seguro para los capitales que buscan eficiencia y estabilidad en el Caribe”.
El problema es lo que rodea ese puerto seguro. El primer cuello de botella es la energía, con un servicio eléctrico que combina altos costos y baja calidad, y que encarece la producción. Cuenca lo dice sin rodeos: el mayor problema de infraestructura del Caribe está “asociado a los altos costos y baja calidad del servicio eléctrico”.
El segundo es la logística. Colombia tiene 49,2 sobre 100 en el Índice de Conectividad Marítima del Banco Mundial, por debajo de Panamá (51,6) y lejos del promedio de la OCDE (58,6); a ello se suma la urgencia de profundizar el canal del río Magdalena para mover más carga.
El mercado laboral da señales mixtas. En el primer semestre de 2025 la desocupación del Caribe bajó a 10,5%, desde 11,2% un año antes, y la ocupación subió a 55,1%.
Pero la calidad del empleo sigue siendo la debilidad de fondo, ya que según el Observatorio de Condiciones Socioeconómicas del Caribe de la Universidad del Norte, en el trimestre noviembre 2025–enero 2026 ninguna ciudad de la costa logró bajar del 50% de informalidad, ni siquiera Barranquilla (51%) ni Cartagena (50%). El observatorio lo explica por estructuras productivas concentradas “en actividades de bajo valor agregado” y por brechas educativas más pronunciadas en la fuerza laboral.
La consecuencia es social. La pobreza del Caribe llega a 44,9%, la más alta entre las grandes regiones del país. La pobreza multidimensional mejoró (de 20,1% en 2023 a 18,5% en 2024), pero de forma desigual, porque La Guajira registra 39,3% y Córdoba 25,7%. Detrás de esas cifras, dice Cuenca, hay “una economía frágil y desigual golpeada por los altos costos de la energía”.
Hacia 2030 la región tiene rutas para avanzar. Cuenca señala la agroindustria y la agroexportación, la logística portuaria y el mantenimiento aeronáutico, el turismo experiencial y, eventualmente, las zonas francas y la cercanía con Estados Unidos como palancas para atraer manufactura.
La apuesta más ambiciosa es el “Triángulo Caribe” (Barranquilla, Cartagena y Santa Marta), que ProBarranquilla, junto con Invest in Cartagena y ProColombia, promueve como plataforma de nearshoring. A su juicio, el próximo Gobierno “debería elevar esta estrategia a política de Estado”.
Convertirlo en crecimiento dependerá del próximo Gobierno Nacional. La agenda que propone Cuenca incluye conectar los más de 4.000 MW renovables adjudicados en La Guajira con los centros de consumo, profundizar el canal del Magdalena, reducir la informalidad con incentivos diferenciados, abaratar la tarifa eléctrica e invertir en capital humano técnico. La advertencia de la economista es que sin esa línea de transmisión, “los 4.000 MW adjudicados no llegarán al sistema”.
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