A punto de cumplir 35 años, el ‘10’ llega a la que podría ser su última cita mundialista convertido en un portafolio de negocios. El fútbol abrió las puertas, pero la marca promete sobrevivir al jugador.

La jugada que hizo despegar su carrera duró tres segundos. En el Mundial de Brasil 2014, James Rodríguez bajó el balón con el pecho y, antes de que tocara el césped, lo clavó de volea. El gol contra Uruguay fue elegido el mejor del torneo y bastó para que la afición le compusiera una tonada. Más de una década después, ese instante sigue rindiendo, porque es el activo fundacional de una marca que hoy va mucho más allá de la cancha.

Aquel torneo (seis goles en cinco partidos y la Bota de Oro) lo catapultó al Real Madrid, que pagó cerca de 75 millones de euros para sacarlo del Mónaco. La cifra lo convirtió en ese momento en el colombiano más caro de la historia y en uno de los fichajes más costosos del fútbol mundial.

Lo que siguió fue una carrera de altibajos: cesiones al Bayern Múnich, un paso por el Everton y un peregrinaje por Catar, Grecia, Brasil y México. Su última escala fue la MLS. A principios de este año firmó con Minnesota United en febrero como agente libre, jugó apenas un puñado de partidos sin anotar y, en mayo, el club lo liberó para que se concentrara con la Selección.

El relato deportivo encuentra su redención lejos del primer mundo. Nacido en Cúcuta, formado en Envigado y curtido en Banfield y Porto antes del estrellato, James cierra el círculo en casa, ya que fue su gol el que selló en Barranquilla la clasificación de Colombia al Mundial de 2026, tras vencer 3-0 a Bolivia.
Capitán y máximo goleador histórico del país en Copas del Mundo, llega a Norteamérica como símbolo de un equipo que regresa a la cita más grande del planeta, la primera con 48 selecciones.

Pero el verdadero crecimiento de James ocurre fuera del campo. Construyó un conglomerado personal compuesto por el restaurante Arrogante (con el grupo Salvaje y sedes en Bogotá, Madrid y Miami), la cadena de café Dos Molinos, la marca de agua 10 Gold y líneas de ropa y suplementos. Y el relato también es producto. El pasado 21 de mayo Netflix estrenó JAMES., una docuserie de tres episodios dirigida por Simón Brand en la que el jugador cuenta su historia en primera persona, lanzada a días del Mundial.

Sobre esa base llega el momento de cosechar. Su sello 10 Coffee se alió con Juan Valdez para lanzar una edición especial en Colombia, Estados Unidos y México (los tres anfitriones), con grano de Huila, Cauca y Norte de Santander cultivado por jóvenes del programa Jóvenes Renacer.

A esa apuesta se suma su rol de embajador. Cerveza Águila, de Bavaria, lo mantiene como imagen de la Selección hasta 2027 y lo puso a protagonizar “Fichaje Nacional”, la campaña con la que la cervecera busca “fichar” simbólicamente a 40 millones de colombianos. BetPlay y Bancolombia también lo lucen en sus piezas, y Mercado Libre, la mayor plataforma de comercio electrónico de la región, lo eligió como embajador de marca.El reto, en cada acuerdo, es el equilibrio.

“Uno de los retos más grandes -a la hora de firmar contratos de patrocinios- es encontrar el punto indicado, en el que todas las partes involucradas queden satisfechas. Hay que equilibrar una máxima eficiencia y ganancia tanto para el deportista como para la empresa. Es algo fundamental en cada negociación”, aseguró a Forbes Colombia Andrei Martínez, CEO de Noss Football Agency.

El cucuteño también se empieza a perfilar como un empresario en la industria de la moda. La marca paisa Monastery presentó ‘JR10 Legend’ una edición especial que busca hacer un homenaje a la carrera de James Rodríguez en la Copa Mundial de Fútbol 2026. El proyecto destinará el 100% de los recursos económicos recaudados por la venta de cada una de las piezas a la Fundación Colombia Somos Todos James Rodríguez, organización impulsada por el futbolista que crea oportunidades para poblaciones vulnerables mediante la ejecución de iniciativas sociales, educativas y deportivas en el país.  

El Mundial de 2026 será, casi con certeza, su última función sobre el césped mundialista, la misma despedida que afrontan Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, los otros rostros de una generación que se apaga. Colombia no parte como favorita. Pero para un país que esperó ocho años, y para el jugador que lo llevó de vuelta, el torneo es ante todo una celebración. Y para la marca James, el escenario perfecto para su acto final sobre el campo, y el primer dividendo de la era que viene.

#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de junio. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.