Cuatrecasas llegó a Colombia en medio de una pandemia y con el mercado legal más competitivo de la región como tablero. Cinco años después, factura COP 61.275 millones y cierra las operaciones que definen la economía e infraestructura del país.

Cuando Cuatrecasas abrió su oficina en Bogotá, en 2020, el país estaba confinado y el mercado legal colombiano llevaba décadas consolidado alrededor de firmas con historia propia. No era el momento más predecible para apostar, pero la firma española, con presencia en once países y con más de 1.900 profesionales, no llegó a tantear el terreno, llegó a quedarse, y lo hizo de una forma que sorprendió incluso a sus propios socios.

“Nada salió como lo esperábamos, salió mejor de lo que esperábamos”, afirma Manuel Quinche, socio director de la oficina de Cuatrecasas en Bogotá. Lo que siguió a esa apertura atípica fue un crecimiento sostenido a doble dígito cada año, algo que, en el mercado local, caracterizado por una oferta de servicios legales de altísima calidad, no tiene precedentes para una firma de reciente entrada. En 2024, Cuatrecasas reportó ingresos operacionales por COP 52.367 millones. En 2025, la cifra ascendió a COP 61.275 millones. Ambos años, la firma ocupó el octavo lugar entre las diez firmas con mayores ingresos del país, según información de las Cámaras de Comercio.

Cortesía de Puerto Antioquia

El crecimiento no se explica por una sola variable. Quinche identifica tres fuerzas que actuaron en simultáneo: un modelo de gestión que resultó novedoso para el cliente colombiano, la atracción de talento senior desde el primer día en lugar del esquema tradicional de pirámide donde los socios son escasos y los asociados juniors abundan, y una inversión sostenida en tecnología que precedió al auge de la inteligencia artificial. “Incluso antes del advenimiento de todo este tema de la IA, Cuatrecasas ya contaba con ingenieros y programadores trabajando para hacer más eficiente nuestra propuesta de servicio”, señala. La consecuencia directa fue poder liberar tiempo y recursos para las tareas de alto valor, que son las que los clientes realmente buscan cuando enfrentan operaciones de envergadura.

Esas operaciones son precisamente las que definen la trayectoria de la firma en Colombia. Cuatrecasas asesoró la financiación de la Primera Línea del Metro de Bogotá en un momento de alta incertidumbre política, cuando declaraciones públicas del Gobierno ponían en duda la continuidad del proyecto. También estructuró el cierre financiero del Túnel de Oriente por COP 1,8 billones, participó en la deuda sindicada de Amarilo por COP 535.000 millones, acompañó la modernización del Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena, y asesoró los financiamientos de los parques solares Puerta de Oro, el más grande del país, y El Campano. A eso se suman emisiones de bonos del Distrito de Bogotá, Davivienda y Sura Asset Management, además de la participación en la estructuración de los principales proyectos de infraestructura 4G y 5G del país.

Cortesía Empresa Metro de Bogotá

El hilo conductor de esa lista no es solo la complejidad técnica sino el contexto adverso en que muchas de esas operaciones se ejecutaron. “Recibimos llamadas donde nos decían ‘hay incertidumbre de qué va a pasar, ¿qué alternativas tenemos?, ¿cómo nos pueden proteger?’”, cuenta. Eso convirtió a la firma no solo en asesora jurídica sino en interlocutora estratégica de empresas, inversionistas y organismos multilaterales que necesitaban entender qué significa un trino presidencial un lunes por la mañana para la viabilidad de un proyecto de infraestructura.

Esa capacidad tiene un nombre dentro de la firma: pensar por fuera de la caja. Quinche lo ilustra con el caso de Puerto Antioquia, proyecto portuario en el Urabá antioqueño que requirió la combinación de soluciones jurídicas y estratégicas para que este proyecto, con el potencial de desarrollar una región entera, fuera posible.

Esa dimensión estratégica no es accidental. Cuatrecasas estructuró su práctica en Colombia alrededor de cuatro áreas core: derecho corporativo y M&A, financiaciones, tributario, y arbitraje y litigios, desde las cuales despliega expertise sectorial profundo en infraestructura, energía, tecnología, sector financiero y aeronáutico, entre otros. Para lograrlo, formó a sus abogados en una lógica multidisciplinaria desde etapas tempranas de carrera; es decir, sus equipos interactúan con ingenieros, economistas y equipos de negocio.

La escala internacional agrega otra capa de valor. Con más de 1.900 profesionales distribuidos entre Europa, América Latina y Asia, Cuatrecasas opera bajo un principio interno que Quinche resume así: “Nos imaginamos como si esas más de 1.900 personas estuviéramos todas en el mismo edificio. Eso significa que cuando un banco colombiano necesita entender cómo se aplica el régimen de grandes exposiciones, podemos responder con la experiencia acumulada en cada jurisdicción donde ese régimen ya maduró. O que cuando un cliente con operaciones en Colombia, México, Chile y Perú necesita asesoría simultánea, recibe un único estándar de calidad y una sola factura, en lugar de cuatro procesos de compliance paralelos”.

Cortesía Empresa Metro de Bogotá

Esa capacidad de actuar como traductor cultural entre mercados es, para Quinche, uno de los activos más subestimados del modelo. La firma acompañó la expansión de fintechs colombianas hacia otros mercados latinoamericanos y recibió a inversores internacionales que necesitaban entender, no solo el marco jurídico local, sino la sensibilidad política y social de sectores específicos.

De cara a los próximos años, la firma trabaja en su nuevo plan estratégico con una pregunta central sobre la mesa: ¿cuál es el espacio que los abogados ocuparán en un mercado donde la inteligencia artificial ya iguala el acceso al conocimiento normativo y jurisprudencial? La respuesta de Cuatrecasas apunta hacia el pensamiento estratégico, la creatividad jurídica y la capacidad de leer contextos que ningún modelo de lenguaje puede capturar con precisión. “Lo que marca la diferencia es la capacidad de ser un asesor que vea 360 grados, que entienda no solo la parte jurídica sino las implicaciones políticas, económicas y sociales de cada proyecto”, sostiene Quinche.

Cinco años después de aquel arranque en cuarentena, la firma que llegó sin historia local en Colombia es hoy parte del ecosistema de las grandes transacciones del país. El siguiente capítulo, dice Quinche, se escribe sobre los mismos principios: talento, especialización y la convicción de que el valor estratégico no se automatiza.