Los hermanos Gustavo e Ignacio Llano convirtieron un negocio que iniciaron en el colegio en una empresa de snacks que vende en Colombia y 12 países. Cuatro décadas después suman 150 referencias en su portafolio y avanzan en una transición generacional marcada por la perseverancia y la capacidad de adaptarse a las crisis.

La historia de los hermanos Gustavo e Ignacio Llano, fundadores de la marca de confitería Manitoba, es bien conocida en Cali. La empresa se ha convertido en una de las más relevantes de la región, porque emplea a 700 personas y exporta sus famosos manís a 12 países de América Latina, El Caribe, Europa y Norteamérica.

Pero aunque todos admiran cómo lograron convertir un emprendimiento que iniciaron cuando apenas estaban en el colegio -a los 15 y 17 años respectivamente- en una compañía multinacional, para Gustavo el verdadero logro es seguir operando después de 40 años y con hitos tan relevantes para la historia del mundo como la pandemia del Covid-19, la profunda crisis económica de 1991, y la reciente guerra comercial entre Ecuador y Colombia que llegó a imponer aranceles del 100% a los productos exportados a ese país.

“Los empresarios tenemos que aprender a sortearlo todo, a adaptarnos, no solo a innovar y transformarnos, sino a hacerle frente a la dificultad. Lo de Ecuador, por ejemplo, se trató de una pelea entre dos presidentes que terminó afectando profundamente a los empresarios y de manera indirecta también al empleo”, explica Gustavo a Forbes Colombia.

Según cifras oficiales, se estima que entre enero y junio de este año, el conflicto produjo una caída superior al 60% en el comercio bilateral y generó la destrucción de más de 8.000 empleos directos. La tensión arancelaria terminó el 1 de junio, cuando el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunció el levantamiento de los aranceles fijados a Colombia.

El impacto para la empresa no era menor. Ecuador representa su segundo mercado después de Colombia. Las exportaciones a ese país arrancaron en 1999 y en 2025, cuando su facturación alcanzó los 250.000 millones de pesos, al menos el 20% provino de las ventas externas. Este año, incluso pese al panorama comercial del primer semestre, la empresa espera crecer 15%.

Mantenerse pese a la adversidad

Sobrevivir a las crisis no es algo nuevo para los hermanos Llano. De hecho, Manitoba nació de la peor crisis que han enfrentado: la muerte de su papá en 1979. Ese año Gustavo, Ignacio y sus otros siete hermanos tuvieron que lanzarse a buscar nuevas formas de traer dinero al hogar para poder seguir estudiando.

A ellos se les ocurrió que podían vender maní confitado que preparaban artesanalmente en casa usando una receta que era popular en su familia gracias a su abuelo. La idea prosperó y el éxito no tardó en llegarles. En 1985 la marca fue registrada formalmente y los hermanos se dieron cuenta de que estaban frente al que sería su proyecto de vida.

“Yo estudié Derecho y llegué a creer que me dedicaría a eso, pero mi hermano Ignacio estudiaba Ingeniería Industrial y su tesis fue un proyecto enfocado en nuestro negocio de maní. Eso nos dio las bases que nos faltaban para tener mucho más clara la construcción de la empresa”, recuerda Gustavo.

Bautizaron la marca como Manitoba por consejo de un amigo de su padre, inspirados en la provincia canadiense con el mismo nombre. El logo que los popularizó incluía dos manís abrazados, que los representaban a él y a su hermano, pero recientemente las figuras fueron desplazadas a la parte trasera de los empaques y el logo se simplificó solo al nombre.

Sus mezclas de maní se convirtieron en su producto insignia. Hoy, desde su planta en Yumbo, Valle del Cauca, inaugurada en 2020, producen unas 450 toneladas al mes. Pero en 2025 consolidaron la ampliación del espacio, agregándole unos 2.500 metros cuadrados más a la planta, para un total de 12.500 m2, con el propósito de duplicar la capacidad instalada para atender mejor la demanda local e internacional.

Además, incursionan en una línea de negocio institucional con Vita Lac, un alimento a base de maní que le venden al Gobierno como parte de iniciativas contra la desnutrición infantil. Esto se suma a las 150 referencias que hoy tienen en su portafolio, incluyendo su línea Consiente, que introdujo al mercado productos con menos niveles de azúcar y sodio.

De cara al futuro, avanzan en la integración de sus hijos para empezar a construir un proyecto de transición generacional. Mientras tanto, se enfocan en su llegada a México, en donde esperan ganar terreno con el maní japonés o maní recubierto.

Para hablar de lo que ha sido su experiencia como emprendedor, usa la analogía de saltar a un precipicio: “Yo no me lancé, a mí tiraron. Así que es como si me hubieran lanzado y luego me preguntaran cómo lo hice. No tengo ni idea, lo hice y salió bien. Lo que sí puedo decir, es que en todos estos años la clave ha sido ser perseverante. Hay que aprender a caminar despacio pero seguro, sin pasar por encima de nadie ni saltarse procesos, eso es lo único que garantiza la continuidad”.

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