Más de 176 millones de transacciones realizadas por agentes de inteligencia artificial en el último año anticipan una nueva etapa para las criptomonedas. Mientras la IA transforma la manera de invertir y operar, América Latina emerge como uno de los principales laboratorios para la adopción de stablecoins, aunque todavía enfrenta desafíos regulatorios.
La inteligencia artificial ya es parte indiscutible de la vida cotidiana. Hoy los motores de IA gestionan tareas que van desde decisiones triviales, como qué cocinar con los ingredientes que quedan en la alacena, hasta preguntas mucho más complejas sobre educación, salud, trabajo o finanzas personales. La industria de las criptomonedas no ha sido ajena a esta transformación.
Lo que comenzó como una herramienta para procesar información y responder preguntas se está convirtiendo en un aliado para analizar mercados, identificar tendencias y ejecutar estrategias de inversión. En un ecosistema tan dinámico como el de los activos digitales, donde los precios pueden cambiar significativamente en cuestión de minutos y la información circula a una velocidad difícil de seguir para cualquier persona, la inteligencia artificial está cambiando la forma en que los usuarios interactúan con sus portafolios.
Un informe elaborado por Keyrock reveló que entre mayo de 2025 y abril de 2026 los agentes de inteligencia artificial realizaron más de 176 millones de transacciones en blockchain y movilizaron más de US$73 millones de forma autónoma. El estudio identificó, además, más de 104.000 agentes de IA capaces de ejecutar pagos, adquirir servicios digitales y operar dentro de ecosistemas basados en blockchain sin intervención humana directa.

Daniel Acosta, general manager de Binance para América Latina, destacó en entrevista con Forbes Colombia que “la inteligencia artificial ayuda a cerrar una brecha que existe hoy entre expertos, traders, family offices o hedge funds que tienen mucha experiencia leyendo los gráficos de mercado y las personas naturales. Estas herramientas le están dando una oportunidad muy grande a los clientes en general de tomar decisiones mucho más informadas”.
Pero el impacto de la inteligencia artificial va mucho más allá del usuario final. Mientras millones de personas comienzan a apoyarse en estas herramientas para navegar los mercados, las empresas del sector cripto están utilizando la tecnología para reforzar la seguridad, automatizar investigaciones y combatir el fraude en una industria que mueve billones de dólares cada año.
“También hay una oportunidad muy grande desde el lado de las empresas. Utilizamos inteligencia artificial para mejorar nuestros sistemas de seguridad, para fortalecer nuestros procesos de compliance y para identificar actividades ilícitas de una manera mucho más eficiente. Creemos que esta tecnología va a seguir teniendo un papel cada vez más importante dentro de la industria”, explicó Acosta.
La tendencia también se observa en compañías especializadas en inteligencia blockchain. Jonathan Levin, fundador y CEO de Chainalysis, aseguró en conversación con Forbes Colombia que usa “inteligencia artificial para reunir información, para entender mejor las estafas y para analizar miles de conversaciones y fuentes de información que nos ayudan a identificar actividades ilícitas. Nos permite escalar nuestras capacidades mucho más allá de lo que sería posible únicamente con trabajo humano”.
La compañía también comenzó a incorporar agentes de inteligencia artificial en sus productos de investigación. El objetivo es que organismos gubernamentales, reguladores y entidades financieras puedan realizar búsquedas complejas utilizando lenguaje natural y acceder a información especializada sin necesidad de conocimientos técnicos avanzados sobre blockchain.
“La inteligencia artificial ayuda a cerrar una brecha que existe hoy entre expertos y personas naturales. Esta herramienta le está dando una oportunidad a los clientes de tomar decisiones más informadas”
Daniel Acosta, general manager de Binance para América Latina.
La oportunidad de América Latina
El futuro de la industria también estará apalancado en el uso de las criptomonedas como forma de ahorro, medio de pago y canal de transferencias internacionales y no solo como un activo de inversión y especulación. En ese escenario América Latina tiene un papel determinante.
Daniel Acosta explica que las stablecoins, criptomonedas diseñadas para mantener una paridad con activos como el dólar, el euro o el peso, se han convertido en la principal puerta de entrada al ecosistema para millones de usuarios latinoamericanos.
“Las stablecoins comenzaron siendo una herramienta para trading, pero hoy se utilizan para ahorrar, para enviar remesas y para acceder a dólares digitales de una forma mucho más sencilla. Entre el 65% y el 70% del volumen cripto de América Latina ya corresponde a stablecoins”.
La magnitud del fenómeno es visible en mercados como Brasil. El CEO de Chainalysis señala que cerca del 90% del volumen de negociación de activos digitales en ese país ya se realiza a través de stablecoins. “En América Latina estamos viendo una adopción muy fuerte de stablecoins para usos económicos reales. Las personas las utilizan para ahorrar, para acceder a dólares digitales y para realizar pagos”, destacó Levin.

En países latinoamericanos marcados por la volatilidad cambiaria, restricciones de acceso a divisas o elevados costos de transferencias internacionales -las stablecoins tienen el potencial de disminuir las comisiones de remesas de 6% a 1%, según estimaciones de Binance- , los activos digitales han comenzado a cubrir necesidades que el sistema financiero tradicional no siempre logra resolver de manera eficiente.
Por el contrario, en economías desarrolladas como Estados Unidos o gran parte de Europa, donde el acceso a servicios bancarios es amplio y las monedas locales mantienen niveles relativamente bajos de inflación, la adopción de stablecoins para ahorro cotidiano sigue siendo mucho más limitada.
El desafío regulatorio
Mientras la inteligencia artificial democratiza las estrategias de inversión y las stablecoins se convierten en una necesidad real para los usuarios en economías emergentes, la regulación no avanza al mismo ritmo que la innovación, rezagando una industria que tiene el potencial de ser clave en el futuro financiero global
En los últimos años, los mercados más desarrollados han construido reglas más claras para los activos digitales. Hace dos años, Estados Unidos dio uno de los pasos más relevantes con la aprobación de los ETF de bitcoin, una decisión que abrió la puerta para que inversionistas institucionales accedieran a este mercado a través de vehículos regulados.
Europa, por su parte, tomó la delantera con la entrada en vigor de MiCA (Markets in Crypto-Assets), considerado el marco regulatorio más completo para la industria hasta la fecha. La regulación establece reglas para emisores de criptoactivos, proveedores de servicios y stablecoins.
Por su parte, América Latina avanza a un ritmo diferente. Brasil se ha consolidado como el referente regional tras aprobar una regulación específica para proveedores de servicios de activos digitales y avanzar en la construcción de un marco de supervisión para el sector. El país no solo lidera la adopción de stablecoins, sino que también ha logrado atraer bancos tradicionales y grandes actores financieros al ecosistema.
“En América Latina estamos viendo una adopción muy fuerte de stablecoins para usos económicos reales. Las personas las utilizan para ahorrar, para acceder a dólares digitales y para realizar pagos”
Jonathan Levin, fundador y CEO de Chainalysis
Argentina y México han dado pasos importantes. Mientras el primero ha fortalecido los mecanismos de registro para empresas que operan con activos digitales y ha buscado generar mayor claridad para los participantes del mercado, el segundo cuenta desde hace varios años con la Ley Fintech, uno de los primeros esfuerzos regulatorios de la región para abordar las innovaciones financieras.
Colombia, en cambio, sigue buscando una hoja de ruta definitiva. Aunque el país fue pionero en la realización de pilotos regulatorios a través del sandbox de la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC), la industria continúa reclamando un marco legal integral que establezca reglas claras para exchanges, custodios y demás participantes del ecosistema.
“Lo que necesita la región es claridad regulatoria. No se trata de imponer barreras, sino de crear un marco que proteja a los usuarios y permita que las empresas responsables puedan operar”, aseguró Acosta.
La cadena de bloques ya cuenta con usuarios, empresas, casos de uso e incluso inteligencia artificial capaz de ejecutar operaciones de manera autónoma. El eslabón que todavía falta fortalecer es el regulatorio. Para una industria que aspira a convertirse en infraestructura financiera del futuro, podría ser precisamente la pieza que determine la velocidad de su desarrollo durante la próxima década.
