Jhoanna Agudelo, fundadora de CAS Entertainment, produce espectáculos para cruceros, resorts, casinos y parques internacionales. Su siguiente proyecto busca atraer capital privado colombiano para llevar una producción original de salsa al circuito mundial.
CAS Entertainment, una productora de espectáculos fundada por la empresaria caleña Jhoanna Agudelo, quiere dejar de exportar artistas por separado para ofrecer producciones completas que puedan operar de manera permanente en los principales circuitos internacionales de entretenimiento.
La compañía cuenta con entidades legales en Colombia, Estados Unidos, España y China y ha desarrollado proyectos para clientes como Royal Caribbean, Disney y MSC. Sus montajes pueden involucrar equipos de hasta 120 personas y presupuestos superiores a US$1 millón, dependiendo de su tamaño y complejidad.
“No tenemos que conformarnos con exportar talento suelto; podemos exportar una industria”, afirmó Agudelo, quien considera que Colombia debe convertir la música, el baile, el vestuario y la producción escénica en productos capaces de competir internacionalmente.

A los 19 años, Jhoanna Agudelo dejó Cali para estudiar en la Universidad de Michigan con la intención de convertirse en médica. Su rumbo profesional cambió en 2008, cuando conoció a un grupo de jóvenes bailarines de salsa y advirtió que, pese a su talento, no existía una estructura empresarial que les permitiera acceder de manera sostenida a escenarios internacionales.
“No me enamoré del baile, me enamoré de ellos, de las personas y del talento que tenían, pero sobre todo de una posibilidad: la posibilidad de sacar ese talento al mundo”, recordó.
CAS surgió de una necesidad que Agudelo fue resolviendo paso a paso. Primero abrió oportunidades para un artista, luego para una pareja y después para grupos completos, mientras analizaba los modelos de contratación y producción utilizados en otros mercados. Lo que comenzó como una gestión puntual terminó convirtiéndose en una compañía dedicada a conectar el talento colombiano con escenarios internacionales.
“Un día miras atrás y dices: ‘construí la mesa donde no me podía sentar’”, explicó sobre el origen de CAS.
Desde la concepción de la historia, la música y las coreografías, hasta el diseño de vestuario, el montaje técnico y la logística, CAS asume el control total de cada espectáculo. En lugar de limitarse a la representación artística, la compañía materializa de principio a fin las producciones que presenta en cruceros, teatros, resorts, parques y casinos.
Cerca de una década de trabajo ininterrumpido con la naviera estadounidense Royal Caribbean (sumada a alianzas comerciales que alcanzan los 13 y 14 años) respalda la solidez de este modelo integral.
En cuanto a la captación de talento, el recorrido comenzó con bailarines caleños y se amplió progresivamente a artistas de Bogotá, Medellín, la región Caribe y el Amazonas. Esa escala nacional dio un salto definitivo en 2025 con una convocatoria internacional que atrajo a cerca de 500 aspirantes de 48 países, entre los que figuraron Italia, Grecia, Estados Unidos, Ucrania, Reino Unido, Brasil y Argentina.

Entre las producciones que marcaron la expansión de la compañía se encuentra Latin Soul, un espectáculo de 24 artistas y músicos en vivo que llegó a países como Turquía y Egipto y permaneció varios años en Macao. Posteriormente desarrolló Frenesí y Latido, una producción creada para Royal Caribbean en la que una sola pareja sostiene un espectáculo de 45 minutos.
La siguiente apuesta será Candela, un musical original que utiliza la salsa para contar una historia sobre migración, identidad y memoria. La empresa se encuentra en conversaciones con José Aguirre, director musical del Grupo Niche y productor ganador del Grammy, para que participe como productor musical, junto con la eventual vinculación de su hijo Juan José Aguirre como coproductor.
El proyecto recibió el aval de la Corporación Colombia Crea Talento, conocida como CoCrea, una entidad sin ánimo de lucro constituida con aportes públicos y privados que evalúa y acompaña proyectos de los sectores culturales y creativos.
Con ese aval, el proyecto puede buscar inversionistas o donantes privados mediante los Certificados de Inversión o Donación, conocidos como CID. El mecanismo permite deducir de la renta líquida gravable el equivalente al 165% del dinero invertido o donado y los certificados pueden circular como títulos negociables. Esto significa que el beneficio se aplica sobre la base gravable del impuesto, no que el Estado devuelva directamente 1,65 pesos por cada peso aportado.
Agudelo espera que este instrumento permita financiar Candela con capital privado nacional, en lugar de depender de un único inversionista. “Las empresas que participen no van a estar apoyando una obra; van a estar construyendo una industria”, sostuvo.
La operación directa de CAS incluye más de 20 personas en labores administrativas, creativas y logísticas, además de unos 25 artistas vinculados actualmente a producciones internacionales. Si se suma la cadena que ha participado durante los 18 años de la empresa (bailarines, músicos, modistas, zapateros, artesanos, coreógrafos, técnicos e ingenieros de sonido), la cifra supera las 500 personas.
La compañía asegura que su relación con los artistas no termina cuando concluye una producción, pues, su modelo contempla contratos, acompañamiento psicológico, clases de inglés y natación, apoyo en procesos migratorios y préstamos sin intereses en determinados casos.
“Mi mayor orgullo no son los contratos ni los escenarios. Es ver a un muchacho que empezó conmigo sin pasaporte y hoy es un artista profesional que vive de su talento, compra casa, educa a sus hermanos menores y sostiene a su familia”, aseguró Agudelo.
Además de llevar Candela a un circuito internacional permanente, la productora planea ampliar su participación en cruceros, teatros, resorts y casinos. También busca fortalecer CAS Global Productions, una división enfocada en espectáculos personalizados para marcas de lujo y eventos exclusivos.
El objetivo de más largo plazo es que la empresa pueda funcionar sin depender directamente de su fundadora. “No estoy construyendo una empresa para hoy. Estoy construyendo un camino para los que vienen atrás”, afirmó.
Agudelo reconoce que buena parte de las reuniones de la industria continúan dominadas por hombres, pero sostiene que el principal desafío no es únicamente llegar a esos espacios, sino contar con la estructura financiera y empresarial necesaria para permanecer.
“La mesa yo la construí”, dijo. Para la empresaria, el reto pendiente de Colombia no está en demostrar que posee talento artístico, sino en desarrollar compañías capaces de financiarlo, organizarlo y llevarlo al mercado mundial bajo marcas y producciones propias.
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