Rolando Roncancio, rector de la Universidad de la Sabana, analiza la metamorfosis del empleo y el valor de los títulos en la era de la automatización bajo los ojos de Unisabana Xperience.
La Cuarta Revolución Industrial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en el epicentro de una crisis de identidad en el mercado laboral colombiano. Con la advertencia de que la mitad de las tareas cognitivas actuales podrían estar automatizadas antes de 2030, el sector corporativo y la academia se encuentran en una intersección crítica. En este escenario, Rolando Roncancio, rector de la Universidad de la Sabana, propone una visión que trasciende la simple adopción tecnológica, el paso hacia un “humanismo aumentado” donde la tecnología no desplaza al profesional, sino que eleva su capacidad de juicio crítico.
Bajo la óptica de Roncancio, el desajuste de talento que reportan los empleadores en el país, donde el 50% asegura no encontrar los perfiles adecuados, no es solo un problema de currículos, sino de una asincronía histórica entre el aula y la empresa. El rector sostiene que el modelo tradicional, donde la universidad entrega un graduado y la empresa lo recibe, ha caducado.
“El éxito de la empleabilidad futura reside en un concepto de “coformación”, en el que el sector productivo se involucra en el diseño del aprendizaje desde el primer día. Ver a las organizaciones como simples receptores de talento es la raíz de esta desconexión, y si se asumen como entidades coformadoras, la dinámica cambia de raíz, permitiendo que el estudiante aprenda mientras resuelve problemas reales con inteligencia colectiva”.
Esta integración orgánica entre el ecosistema real y el académico es lo que ha dado vida a iniciativas como Unisabana Xperience, donde la resolución de retos empresariales ocupa el centro del proceso pedagógico. Sin embargo, el desafío técnico es solo una parte de la ecuación. La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha forzado a la educación superior a replantear su propuesta de valor.
Roncancio advierte que si la educación se entiende únicamente como la acumulación de información que hoy puede encontrarse en un buscador o un video de YouTube, la academia habría perdido la batalla. Por el contrario, explica que toda revolución industrial desplaza las fronteras del trabajo humano y nos obliga a pensar con mayor profundidad dónde están realmente las habilidades propias de nuestra especie.
“Estamos entrando en una era donde la “cointeligencia”, esa simbiosis entre la capacidad humana y la artificial, debe ser la norma. No existe una tarea dentro de una organización que no pueda ser complementada, aumentada o automatizada con IA, pero el foco siempre debe estar en la persona. Esta automatización debe servir para resaltar la labor más esencial del educador y del líder: el acompañamiento y el juicio crítico”, Recalca.
Bajo esta premisa, el retorno de inversión de una carrera universitaria en Colombia ya no debería medirse por la cantidad de datos memorizados, sino por la capacidad adaptativa del individuo y su calidad de juicio.
La longevidad del conocimiento también ha cambiado. Las habilidades técnicas tienen una vida útil que se reduce a menos de un lustro, y la universidad debe mutar hacia una plataforma de aprendizaje permanente o lifelong learning. Roncancio observa que la educación continua ha dejado de ser una oferta secundaria para convertirse en protagonista, especialmente a través de currículos modulares y microcertificaciones que permiten al profesional de cualquier edad, desde el recién graduado hasta el ejecutivo en el silver market, mantener su relevancia en el mercado laboral. Estos títulos de educación continua, respaldados por tecnologías como blockchain, ofrecen una comunicación de habilidades mucho más ágil y válida frente a las necesidades de las empresas.
Mirando hacia el futuro, el rector de Universidad de La Sabana identifica que las verdaderas ventajas competitivas de los líderes no serán técnicas, sino éticas y emocionales. Habilidades como la empatía, la resiliencia y la capacidad de negociación se vuelven innegociables. Pero, por encima de todas, resalta la “competencia reina”, la capacidad de aprender a aprender.
Roncancio comparte una reflexión profunda sobre la conexión entre el aprendizaje y la felicidad, sugiriendo que, a pesar del miedo que suelen generar los cambios disruptivos, estamos ante la etapa más luminosa para el ser humano si sabemos abrazar las transformaciones sin desdibujar la centralidad de la persona.
Finalmente, el consejo de Roncancio para los directivos y emprendedores que buscan llevar sus ideas a la acción es derivar su trabajo de una profunda ambición de servicio. “La capacidad innovadora de una organización no nace de la tecnología per se, sino de conocer y querer a las personas con las que se trabaja. Es a través de ese vínculo humano que se construyen capacidades organizacionales capaces de generar “calidad actual”, una suerte de obsesión por innovar constantemente para servir mejor a una sociedad en transformación. La apuesta es por una ciencia traslacional y una formación que ponga el crecimiento humano en el centro de cada línea de código y cada decisión estratégica”, finaliza Rolando Roncancio Rachid, Rector de la Universidad de La Sabana.
