Aunque el 68% de los líderes de TI en Colombia considera que su estrategia de protección es proactiva, el 40% de las organizaciones opera sin firewall. Frente a estas brechas, cada vez más compañías adoptan centros especializados que vigilan sus sistemas las 24 horas y permiten detectar y contener amenazas antes de que afecten el negocio.

El panorama de la ciberseguridad en Colombia ha cambiado. Lo que antes se consideraba una responsabilidad exclusiva de los equipos de tecnología hoy forma parte de las conversaciones sobre continuidad del negocio, confianza de los clientes y reputación empresarial.

Sin embargo, los datos más recientes de la Ciso Survey de Kaspersky revelan una contradicción entre la percepción de los líderes de tecnología y las capacidades reales de protección de sus organizaciones. Aunque el 68% de los responsables de TI en Colombia considera que su enfoque es proactivo, el 40% de las empresas opera sin firewall, el 38% no utiliza inteligencia de amenazas para anticipar ataques y el 24% carece incluso de software antivirus.

El estudio también evidencia que todavía existe confusión sobre lo que significa adoptar una postura preventiva. Por ejemplo, el 28% de los encuestados clasifica el antivirus como una solución proactiva, aunque esta herramienta actúa principalmente cuando una amenaza ya ha sido identificada.

Esta brecha no se explica únicamente por la falta de tecnología. Una empresa puede contar con diferentes herramientas de protección y, aun así, mantener puntos ciegos si desconoce qué equipos están conectados a su red, quién conserva acceso a sus sistemas o cuáles alertas requieren una acción inmediata.

De las herramientas aisladas a la vigilancia permanente

Uno de los principales desafíos para las organizaciones es tener visibilidad sobre lo que ocurre dentro de su infraestructura. Equipos desactualizados, credenciales que permanecen activas después de terminar un proyecto o permisos que no se revisan periódicamente pueden convertirse en puertas de entrada para los atacantes.

Daniela Álvarez de Lugo, gerente general para la región Norte de Latinoamérica de Kaspersky, explica que la protección efectiva comienza por conocer los activos de la empresa y establecer controles claros sobre quién puede acceder a ellos.

“Nos encontramos con empresas que tienen equipos legacy abandonados en temas de mantenimiento, pero conectados a la red. O proyectos de actualización digital donde, al finalizar la actividad, las credenciales de los colaboradores externos siguen activas. Esto abre ventanas de ingreso para los ciberatacantes que aprovechan vulnerabilidades ya conocidas por los fabricantes”, afirma Álvarez de Lugo.

Además, los ataques actuales no siempre comienzan con un archivo malicioso fácilmente identificable. En algunos casos, los ciberdelincuentes utilizan credenciales robadas o herramientas legítimas de la propia organización para permanecer dentro de sus sistemas sin llamar la atención.

Por esta razón, las empresas están pasando de depender exclusivamente de soluciones aisladas a implementar modelos de vigilancia permanente. Una de las alternativas son los Centros de Operaciones de Seguridad, conocidos como SOC, que funcionan como centros de control desde los cuales especialistas monitorean los sistemas, analizan alertas e intervienen cuando identifican una actividad sospechosa.

Según Kaspersky, el 54% de las organizaciones en Colombia planea implementar un SOC para fortalecer su postura de ciberseguridad, mientras que el 48% busca mejorar su capacidad de respuesta frente a ataques complejos y persistentes. Además, el monitoreo de seguridad durante las 24 horas es la función que más empresas esperan delegar, mencionada por el 52% de las organizaciones consultadas.

El principal beneficio de este modelo es contar con un equipo capaz de distinguir cuáles alertas representan un riesgo real y actuar antes de que afecten las ventas, la atención a los clientes, la producción o el acceso a información crítica.

También permite reducir los tiempos de respuesta. En lugar de descubrir un incidente cuando la operación ya se encuentra interrumpida, el monitoreo continuo ayuda a identificar señales tempranas, contener el ataque y disminuir sus consecuencias para el negocio.

Dwayne Porr, director de ventas Enterprise para la región Norte de Latinoamérica en Kaspersky, destaca que esta vigilancia es especialmente relevante porque los ataques pueden desarrollarse de manera silenciosa durante largos periodos.

“El atacante no tiene horario y las empresas están expuestas permanentemente. Hoy la realidad es que un ataque puede gestarse durante semanas o meses mediante el uso de herramientas legítimas de la propia empresa para evadir la detección tradicional de malware”, explica Porr.

Una decisión de negocio, no solo tecnológica

Mantener internamente una operación de seguridad durante las 24 horas requiere especialistas, procesos, infraestructura y una inversión que no todas las compañías pueden asumir. La industria enfrenta un déficit global de aproximadamente cuatro millones de profesionales en ciberseguridad, como lo alerta Kapsersky, lo que ha llevado a muchas empresas a recurrir a modelos tercerizados o híbridos.

Estos esquemas les permiten acceder a personal especializado y monitoreo permanente sin tener que construir desde cero toda la estructura. Para una compañía, esto puede traducirse en un uso más eficiente del presupuesto, mayor capacidad de reacción y continuidad operativa ante un incidente. Sin embargo, delegar la operación no significa transferir la responsabilidad. La organización sigue siendo la encargada de definir qué información debe protegerse, quién puede acceder a ella, cuáles son sus políticas de confidencialidad y cómo debe responder ante una crisis.

Álvarez de Lugo señala que este cambio requiere liderazgo y procesos claros, no solamente nuevas herramientas.

“El cambio es la única constante en el mercado. En términos de liderazgo, el desafío actual radica en abrazar ese cambio, procedimentar y perseguir su ejecución con rigor. La ciberseguridad exige unir esfuerzos y contar con procesos que garanticen una planificación estratégica absoluta”.

La ciberseguridad también debe involucrar a áreas como finanzas, recursos humanos, comunicaciones y servicio al cliente. Un incidente puede comprometer información sensible, detener operaciones, afectar ingresos y deteriorar en pocas horas una reputación construida durante años.

En este escenario, la madurez de una estrategia de ciberseguridad ya no se mide únicamente por la cantidad de herramientas adquiridas. También depende de que la empresa pueda saber qué ocurre en sus sistemas, detectar a tiempo una anomalía y responder antes de que una amenaza se convierta en una crisis para el negocio.