Ante la posibilidad de un fenómeno de El Niño que amenaza con reducir las lluvias durante el segundo semestre, el Gobierno Nacional aprobó la declaratoria de desastre nacional para acelerar medidas de prevención y mitigar los efectos sobre el campo colombiano.
El Consejo Nacional para la Gestión del Riesgo aprobó la declaratoria de situación de desastre nacional ante la inminencia del fenómeno de El Niño 2026-2027. La medida permitirá al Gobierno actuar de manera anticipada frente a los riesgos de una posible mega sequía, agilizar la ejecución de proyectos y fortalecer las acciones de prevención, respuesta y protección de la población, con base en las alertas emitidas por organismos científicos nacionales e internacionales.
La confirmación llevó al Gobierno Nacional a activar la alerta y reforzar las acciones de monitoreo para la preparación territorial. La más reciente actualización de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica que existe una probabilidad del 96% de que las condiciones asociadas a El Niño persistan durante el trimestre comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Además, los indicadores muestran un elevado contenido de calor en el océano Pacífico y una interacción fuerte entre el océano y la atmósfera, señales de que El Niño se está consolidando y podría intensificarse durante los próximos meses.
“Confirmamos que ha iniciado el fenómeno de El Niño. Ya, desde hace algunos meses, advertimos que existía una alta probabilidad de que este fenómeno se anticipara. Hoy vemos cómo ese escenario se materializa cerca de tres meses antes de lo que indicaban las proyecciones iniciales”, afirmó Irene Vélez Torres, ministra encargada de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
El IDEAM prevé una reducción de las precipitaciones por debajo de los promedios históricos, especialmente en las regiones Caribe, Andina y Pacífica. A ello se sumarían aumentos de temperatura, mayores tasas de evapotranspiración, disminución de caudales y presión sobre los embalses, factores que podrían afectar el abastecimiento de agua, la producción agropecuaria, la generación hidroeléctrica y los ecosistemas.
Su directora, Ghisliane Echeverry Prieto, aseguró que la entidad mantendrá un monitoreo de los indicadores oceánicos y atmosféricos, reiterando el llamado a que autoridades y comunidades activen planes de contingencia para reducir riesgos.
El agro entra fortalecido
Las proyecciones de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) muestran que entre junio y julio de 2026 se espera la cosecha simultánea de 37 productos agrícolas, entre ellos frutas, hortalizas, verduras, raíces y tubérculos que tienen una participación importante dentro de la canasta familiar.
La oferta incluye productos de alto consumo como naranja, mandarina, limón, aguacate, maíz, fríjol, habichuela, zanahoria, papa, yuca, ñame y plátano. Además, la coincidencia de cosechas favorecería a la estabilidad de precios durante los próximos meses.
Según la UPRA, este comportamiento genera un escenario favorable para el abastecimiento y fortalece la seguridad alimentaria de los hogares colombianos, justo cuando el país se prepara para enfrentar los posibles efectos del fenómeno climático.
Sin embargo, la entidad advirtió que este panorama corresponde al corto plazo. El verdadero desafío comenzará a sentirse durante el segundo semestre, cuando la reducción de lluvias pueda afectar los ciclos productivos en diferentes regiones del país.
La situación es relevante para la caficultura. La región Andina, donde se concentra buena parte de la producción nacional, podría registrar una reducción de lluvias cercana al 32,6% durante el segundo semestre de 2026, según cálculos de Grupo Cibest.
Además, el sector ya viene enfrentando dificultades productivas. De acuerdo con cifras de la Federación Nacional de Cafeteros, la producción de café cayó 33,5% durante el primer trimestre de 2026, afectada por factores climáticos, altos costos y menores precios internacionales.
A los cultivos se suma la ganadería, una actividad dependiente a la disponibilidad de agua y pasturas. Según Fedegán, el país mantiene uno de los inventarios bovinos más grandes de América Latina, por lo que una sequía prolongada sería un riesgo para la disponibilidad de forraje, incrementaría los costos de producción y reduciría la productividad de miles de productores pecuarios.
El costo de la sequía
Para Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el debate no debería centrarse únicamente en si llegó o no El Niño.
“El impacto del fenómeno del Niño yo lo veo de tres maneras: qué tanto dura, qué tan duro viene y dónde se presenta”, acotó el dirigente gremial.
Las proyecciones apuntan a una alta probabilidad de sequía, por lo que todavía existe incertidumbre sobre las regiones donde podrían concentrarse los mayores impactos.
“Sería irresponsable decir hoy cuáles son los sectores más afectados porque todavía no sabemos exactamente dónde se va a presentar con mayor intensidad. Tal vez la agricultura puede estar en una posición de mayor vulnerabilidad, pero dependerá mucho de esas variables”, agregó.

Las preocupaciones del gremio coinciden con las estimaciones de Grupo Cibest sobre las consecuencias para la actividad agropecuaria por cuenta de un fenómeno de El Niño fuerte, especialmente en regiones donde la producción depende en gran medida de la disponibilidad de agua.
La temporada de sequía también podría convertirse en un factor decisivo para la inflación y el crecimiento económico. En su análisis, el conglomerado advierte que los efectos de una sequía prolongada suelen transmitirse a través de la disponibilidad de agua, los rendimientos agrícolas y la generación hidroeléctrica, para posteriormente trasladarse a los precios de los alimentos, los costos de energía, el transporte, el comercio y la capacidad de pago de hogares y empresas.
Según la entidad financiera, el país podría enfrentar un incremento adicional de entre 0,7 y 1,9 puntos porcentuales en la inflación anual. Los principales segmentos seguirán siendo los alimentos, frutas, verduras y otros productos perecederos altamente sensibles a las sequías y a las altas temperaturas.
Ahora bien, Colombia enfrenta una vulnerabilidad debido a su dependencia de la generación hidroeléctrica. Como muestra el estudio, cerca del 62 % de la matriz eléctrica nacional depende de fuentes hidráulicas, por lo que una reducción prolongada de las lluvias obligaría a aumentar la participación de las plantas térmicas para garantizar el suministro de energía.
Aunque los niveles actuales de los embalses se encuentran por encima de los registrados antes del fenómeno de El Niño de 2023-2024, el sistema enfrenta una presión adicional por el crecimiento de la demanda energética. Desde diciembre de 2025, el consumo de energía en el país ha aumentado el 6,6 %, impulsado en parte por las altas temperaturas y el mayor uso de equipos de refrigeración y aire acondicionado.
La transición hacia una mayor dependencia del gas importado es uno de los principales desafíos energéticos que dejaría un fenómeno de El Niño intenso. El mencionado estudio sostiene que mientras en 2023 el gas nacional representaba más de la mitad del combustible utilizado para generar electricidad, en 2026 su participación cayó a apenas el 15 %, obligando al sistema a recurrir a gas importado, cuyo costo es aproximadamente 77 % superior al del gas producido localmente.
De otro lado, una de las preocupaciones es la capacidad financiera de los productores para aliviar eventuales pérdidas.
El presidente de la SAC considera que la discusión más importante está relacionada con la capacidad financiera de los productores para recuperarse de eventuales pérdidas. “Si usted llega a perder por sequía su producción o se le mueren los animales y no los tiene cobijados con una póliza de seguros, ¿dónde va a hacer la reclamación y con qué va a volver a empezar a producir?”, cuestionó. Para Bedoya, el nivel de aseguramiento agropecuario sigue siendo insuficiente frente a la dimensión de la actividad productiva nacional.
En las últimas semanas, el Ministerio de Agricultura anunció recursos por $67.272 millones para subsidiar la adquisición de seguros agropecuarios a través de Finagro.
De acuerdo con la entidad financiera, durante el primer semestre de 2026 más de 19.400 productores accedieron a este incentivo, protegiendo cerca de 41.000 proyectos productivos vinculados a actividades como café, arroz, plátano, papa, yuca, cacao y maíz. Además de los seguros, Finagro mantiene instrumentos para financiar inversiones en sistemas de riego, infraestructura hídrica y gestión de riesgos agropecuarios, mecanismos dispuestos para garantizar la productividad durante los próximos meses.
Una sequía prolongada resultaría en menores rendimientos agrícolas, mayores costos de producción y afectaciones sobre el abastecimiento de algunos productos, impactos que terminan trasladándose a los consumidores.
La hoja de ruta frente al Niño
El Gobierno insiste en que el país viene preparándose desde hace meses para este escenario. El Ministerio de Ambiente y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) emitieron circulares orientadas a fortalecer la gestión del recurso hídrico, la prevención de incendios forestales y la preparación de autoridades ambientales y territoriales.
En el frente agropecuario, el reto pasa está en ampliar el acceso a seguros agropecuarios, líneas especiales de crédito y mecanismos de refinanciación para productores afectados. Aunque existen instrumentos para cubrir pérdidas derivadas de eventos climáticos, los niveles de aseguramiento siguen siendo bajos frente a la dimensión del sector rural colombiano.
La experiencia de episodios anteriores demuestra que las pérdidas más severas suelen concentrarse donde la gestión del agua, el aseguramiento y la planificación productiva llegan tarde. Con meses de anticipación y señales climáticas cada vez más claras, el objetivo no es predecir la llegada de El Niño, sino reducir las afectaciones del clima sobre la producción agrícola, la generación de energía y la actividad rural.
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