El proyecto contempla la adecuación de un edificio histórico del Batallón Paraíso con recursos privados y donaciones empresariales.
La sede presidencial alterna que el presidente electo Abelardo de la Espriella instalará en Barranquilla requerirá una inversión superior a los $2.000 millones. Los recursos se destinarán a la adecuación de un edificio histórico del Batallón Paraíso, en el norte de la ciudad, como parte de la estrategia del nuevo gobierno para fortalecer la presencia institucional en las regiones.
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, confirmó que las obras de restauración y adecuación del inmueble costarán alrededor de $2.000 millones. El mobiliario, por su parte, tendría un costo cercano a los $700 millones y será asumido directamente por De la Espriella con recursos propios.
El mandatario electo aseguró que hará públicas las facturas y los giros correspondientes para demostrar que la iniciativa no utilizará recursos del Estado.
“Esas adecuaciones no se están financiando con recursos públicos, con recursos del erario, con la plata de los colombianos como se ha querido presentar. Eso no le está costando un solo peso al pueblo colombiano”, afirmó durante una alocución el pasado 2 de agosto.
Entre quienes han contribuido al proyecto figura Christian Daes, presidente de Tecnoglass, quien confirmó la donación de puertas y ventanas para la adecuación del inmueble.
Del Batallón Paraíso a sede presidencial
La sede funcionará en un edificio ubicado dentro de las instalaciones de la Segunda Brigada del Ejército Nacional, en el Batallón Paraíso de Barranquilla. La construcción comenzó tras la expedición de la Ley 11 de 1935 y entró en funcionamiento en 1938.
De la Espriella explicó que no se trata de una nueva edificación, sino de un inmueble existente de arquitectura neoclásica que será restaurado y adaptado para albergar funciones de la Presidencia. El complejo cuenta además con un búnker subterráneo que originalmente fue diseñado para proteger al jefe de Estado en caso de una confrontación internacional y que hoy funciona como sala de crisis.
El mandatario electo rechazó las versiones según las cuales se estaría construyendo una nueva casa presidencial en el Caribe e insistió en que el proyecto se limita a adecuar una infraestructura ya existente.
La apuesta por descentralizar el Gobierno
La sede de Barranquilla hace parte de una estrategia con la que el nuevo gobierno busca ampliar la presencia de la Presidencia fuera de Bogotá. Durante el proceso de empalme, De la Espriella reiteró que gobernará desde las regiones y anunció que Barranquilla será una sede permanente de trabajo presidencial.
El proyecto también contempla sedes operativas en Medellín y Cali. En paralelo, la Casa de Nariño se convertiría en un museo abierto al público, mientras que las funciones presidenciales serían trasladadas al Palacio de San Carlos.
Antecedentes en la historia política del país
Aunque la iniciativa ha sido presentada como una nueva forma de ejercer el poder, Colombia registra antecedentes de presidentes que gobernaron desde ciudades distintas a Bogotá.
Entre 1886 y 1894, Rafael Núñez dirigió buena parte de su mandato desde su residencia en el barrio El Cabrero, en Cartagena. Desde allí lideró el proyecto de la Regeneración y ejerció el poder sin trasladar formalmente la capital del país.
De acuerdo con antecedentes históricos, entre 1854 y 1900 al menos ocho presidentes gobernaron temporalmente desde otras ciudades por razones políticas, militares o de salud. Sin embargo, Bogotá mantuvo en todos los casos su condición de capital de la República.
Ahora bien, la propuesta del nuevo gobierno va más allá de la adecuación de un edificio. De la Espriella ha manifestado su intención de convertir a Barranquilla en una capital alterna del país, una iniciativa que requeriría una reforma constitucional. Sin embargo, la propuesta también ha abierto un debate sobre el alcance real de esa estrategia y sobre si el traslado de funciones presidenciales a las regiones se traducirá en cambios permanentes en la estructura del Estado o permanecerá como un símbolo político.
Escrita por Juan Camilo Torres Alarcón
Con información de EFE
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