El cierre de Propal reabrió el debate sobre los costos de producir en Colombia. Bruce Mac Master advierte que la revaluación del peso es solo una parte del problema y plantea la necesidad de una política industrial adaptada a la nueva geoeconomía.
El cierre de la planta de Propal en Guachené, Cauca, reabrió una discusión que parecía superada: ¿hasta qué punto un dólar barato puede poner en riesgo la competitividad de la industria colombiana?
Para Bruce Mac Master, presidente de la ANDI, atribuir esa decisión exclusivamente al comportamiento de la tasa de cambio sería “una simplificación imperdonable”. La revaluación del peso, dice, fue el golpe final para una empresa que ya enfrentaba múltiples presiones sobre sus costos, pero el problema de fondo es mucho más amplio.
En conversación con Forbes Colombia, Mac Master sostiene que la competitividad de una empresa depende hoy de una combinación de factores que van desde la carga tributaria y los costos laborales hasta la logística, la energía -en un país que está importando gas a precios altos-, la tecnología y las exigencias ambientales. En ese contexto, una apreciación cercana al 15% del peso frente al dólar puede convertirse en un factor determinante para sectores que compiten con productores de otros países.
“Cuando todo esto sucede y adicionalmente uno tiene un dólar que baja de $3.700 o $3.800 a cerca de $3.200, la posibilidad de generar productos competitivos se ve muy afectada”, afirmó Mac Master en un Space con Aldemar Moreno, editor general de Forbes Colombia y Narciso De la Hoz, coeditor de economía. Para ilustrarlo, recurre a una imagen contundente: “Perder 15% de competitividad es un tsunami”.
“¿Cómo se prepara uno para un tsunami? A veces toca irse del sitio. Un par de flotadores no sirve. Lo que necesitamos es recuperar una política industrial que fortalezca la base productiva del país”, explica.
El dirigente gremial rechaza, sin embargo, que Colombia esté viviendo una enfermedad holandesa en el sentido clásico. A diferencia de episodios anteriores, cuando la apreciación del peso respondía a un auge de las exportaciones petroleras, considera que el fenómeno actual obedece a una combinación de factores, entre ellos el fuerte crecimiento de las remesas, dólares del narcotráfico, la entrada de capitales de portafolio atraídos por las altas tasas de interés y otros elementos de la coyuntura macroeconómica. Por eso considera acertada la decisión reciente del Banco de la República de iniciar un programa de compra de reservas internacionales por hasta US$4.000 millones, aunque advierte que la tasa de cambio es solo una parte del problema.
La reflexión de Mac Master va más allá del comportamiento del dólar. A su juicio, el verdadero cambio ocurrió en la economía mundial. Recuerda que cuando llegó a la presidencia de la ANDI, en 2013, fue ampliamente criticado por proponer que Colombia volviera a pensar en una política industrial. En ese momento, dice, el consenso económico seguía apostando por una globalización basada en mercados abiertos y reglas comunes.
Hoy, sostiene, ese paradigma cambió. Estados Unidos, Europa y las principales economías asiáticas utilizan instrumentos de política pública para fortalecer sus cadenas productivas, proteger sectores estratégicos y responder a una competencia internacional que ya no opera bajo las mismas reglas.
“No es un tema de proteccionismo”, insiste. Se trata de dotar al país de herramientas que permitan desarrollar su aparato productivo y competir en un entorno donde los subsidios, los incentivos y las medidas de defensa comercial hacen parte de la estrategia económica de muchas naciones.
Dentro de ese nuevo escenario, Mac Master expresa especial preocupación por la competencia proveniente de China. Asegura que muchas industrias enfrentan productos que llegan con distorsiones derivadas de subsidios, dumping o desvíos de comercio, situación que obliga a fortalecer los mecanismos de defensa comercial. A su juicio, si Colombia no toma decisiones oportunas, corre el riesgo de profundizar su dependencia de las exportaciones de materias primas mientras pierde capacidad para generar valor agregado.
Como ejemplo de una estrategia de largo plazo, cita el caso de Perú. A comienzos de este siglo, ese país decidió convertir la agroindustria en una política de Estado mediante inversiones sostenidas en infraestructura, distritos de riego, puertos e incentivos a las exportaciones. Dos décadas después, Perú exporta alrededor de US$100.000 millones al año, casi el doble que Colombia, cuyas ventas externas rondan los US$51.000 millones.
Para Mac Master, la diferencia no radica únicamente en la disponibilidad de recursos naturales, sino en la capacidad de mantener una política de competitividad durante varios gobiernos.
El presidente de la ANDI considera que Colombia enfrenta una decisión estratégica. En un escenario internacional marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro y el uso creciente de instrumentos de política industrial, el país debe definir qué quiere producir, cómo quiere competir y cuáles serán las actividades que impulsarán su crecimiento en las próximas décadas. “No sé cuál es la decisión, pero tenemos que tener un plan”, concluye.
Reportado por Narciso De la Hoz G.
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