Una charla en la Universidad de los Andes conectó a Santiago Acevedo con Ricardo Wills. Años después, construyeron Kargoru, un agente de carga rentable que proyecta facturar US$10 millones este año y que levantó US$1 millón en su primera ronda de inversión.
“Este es un barco muy importante para mí. Yo lo llamo el barco manifestación”, dice Santiago Acevedo mientras habla de una afición que lo acompaña desde niño: armar Legos. El modelo representa un portacontenedores con capacidad para 16.000 unidades. Cuando lo construyó por primera vez, difícilmente podía imaginar que esos barcos terminarían marcando su carrera.
Hoy, a sus 29 años, Acevedo es cofundador y COO de Kargoru, un agente de carga que proyecta facturar cerca de US$10 millones este año, atiende unos 300 clientes y mueve alrededor de 5.000 contenedores anuales. La compañía, que emplea a 40 personas, ya es rentable y cerró su primera ronda de inversión por US$1 millón.
“En cada uno de estos contenedores veo un sueño, un empresario que se la jugó, que está asumiendo el riesgo de importar, de exportar”, dice. “Más allá de mover mercancías, estamos moviendo sueños”.
Acevedo creció en Pereira, el menor de cuatro hermanos de una familia cafetera. Buen estudiante -dice que obtuvo el mejor Icfes de su promoción- llegó a Bogotá para estudiar Administración de Empresas en la Universidad de los Andes, aunque se graduó como Ingeniero Industrial. Desde entonces tenía una certeza: quería ser empresario. Lo que no sabía era que terminaría en logística.

La conexión surgió en un salón de clases. Un profesor invitó a Ricardo Wills, fundador de la empresa logística Vigía Plus, para contar su experiencia como emprendedor. Durante la charla, Acevedo levantó la mano una y otra vez. Al terminar, se acercó al conferencista.
“Oiga, yo quiero trabajar con usted”, le dijo.
“Está bien, pero no le pago”, respondió Wills.
“Okay”.
Acevedo terminó trabajando durante el pregrado en el área de innovación de Vigía Plus. “El área de innovación era mi computador y yo”, recuerda. Después pasó por un banco y consideró iniciar una carrera en consultoría. Incluso fue seleccionado por una firma para ingresar a un programa especial, pero el contrato se demoró. Entonces Wills volvió a aparecer.
“Santi, tengo esta idea, usted siempre ha sido un man muy pilo y yo quiero que emprendamos”, le propuso.
La oportunidad estaba en un problema que habían visto de cerca. Pequeñas y medianas empresas llegaban buscando cómo transportar mercancías internacionalmente, en un mercado complejo y dominado por grandes jugadores. Kargoru nació para simplificar ese proceso mediante tecnología.
“Al montar más pymes en la plataforma capturamos más volumen. Podemos llegar a un proveedor y decirle que movemos lo mismo que un Frito Lay, un Coca-Cola o medio Unilever, y pedir las mismas condiciones”, explicó Wills.

Acevedo la compara con Expedia: una plataforma en la que importadores y exportadores pueden comparar opciones, reservar transporte y seguir sus despachos. El software es desarrollado internamente y la inteligencia artificial ya interviene en tareas como negociar con proveedores en China y cargar tarifas al sistema.
Los primeros clientes llegaron antes incluso de que existiera formalmente la empresa. Acevedo y Wills construyeron una landing page y compraron publicidad en Google. Cuando alguien se registraba, recibían un correo. Uno de esos primeros clientes les encargó transportar 40 contenedores de tubería para la industria petrolera.
La compañía también encontró otra oportunidad en Guyana. Ante el auge petrolero y las obras de infraestructura, Kargoru comenzó a fletar buques completos con cemento, acero, asfalto y otros materiales desde Colombia. Acevedo asegura que en unos tres años han transportado mercancías por más de US$300 millones bajo esa línea.
El crecimiento atrajo capital. Kargoru levantó US$1 millón en una ronda en la que participaron inversionistas internacionales, entre ellos Flexport, el agente de carga digital estadounidense. La operación representó alrededor del 7% de la compañía.
Pero Acevedo insiste en una lección de aquellos primeros días: no esperar el cheque para empezar. “Tú necesitas su dinero no para construir la empresa, sino para escalarla”.

Ahora el objetivo es mayor. Kargoru quiere pasar de unos 5.000 contenedores anuales a competir con los mayores agentes de carga del país y abrir operaciones en México, Guyana y Estados Unidos. En tres años, Acevedo espera estar entre los cinco más grandes de Colombia.
El barco de Lego sigue ahí como recordatorio de una idea que apareció mucho antes que la empresa. Solo que ahora, detrás de cada contenedor, Acevedo ya no ve una pieza de plástico: ve una compañía tratando de llegar más lejos.
#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de agosto. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
