La legendaria artista country murió a los 80 años tras más de seis décadas de carrera, en las que convirtió sus canciones, su identidad y su talento empresarial en un legado que trascendió la música.

Dolly Parton murió este martes 25 de agosto a los 80 años, dejando atrás más de seis décadas de una carrera que la convirtió en una de las figuras más reconocibles de la música estadounidense.

La noticia fue comunicada por su familia. De acuerdo con el anuncio, la artista falleció en Nashville y, por deseo de Parton, se realizará una ceremonia pequeña y privada para sus familiares más cercanos. La familia pidió que, en lugar de flores, sus seguidores hagan donaciones a Dolly Parton’s Imagination Library, el programa de alfabetización infantil que la cantante creó en 1995.

Parton fue mucho más que la intérprete de “Jolene” o la autora de “I Will Always Love You”. A lo largo de su carrera construyó una de las identidades artísticas más reconocibles de Estados Unidos y convirtió esa identidad en una plataforma para hacer negocios, crear entretenimiento y desarrollar proyectos filantrópicos.

Nacida el 19 de enero de 1946 en Sevier County, Tennessee, en una familia de escasos recursos, Parton comenzó a cantar y tocar instrumentos desde niña. A los 13 años grabó su primera canción y, a los 18, se trasladó a Nashville, el centro de la industria country, para intentar convertirse en compositora profesional. El salto definitivo llegó en la década de 1960, cuando comenzó a trabajar con Porter Wagoner y a ganar reconocimiento como intérprete y compositora. Fue entonces cuando su música empezó a trascender el country y a mostrar el alcance de una carrera que terminaría conquistando otros géneros y generaciones.

“Jolene” e “I Will Always Love You” se encuentran entre sus composiciones más emblemáticas. Esta última, escrita por Parton en 1973, alcanzó una segunda vida décadas después cuando Whitney Houston la convirtió en uno de los mayores éxitos de la música pop y en una de las canciones más reconocibles de su carrera.

En total, Parton escribió más de 3.000 canciones a lo largo de su vida y vendió más de 100 millones de discos. Acumuló 11 premios Grammy y consiguió 25 canciones que llegaron al primer lugar de las listas de country de Billboard, convirtiéndose en una de las mujeres más exitosas de la historia del género.

Parton conservó además la propiedad de su catálogo, que incluye éxitos como “I Will Always Love You” y “9 to 5” y que, según estimaciones de Forbes, está valorado en unos US$120 millones. Esa obra, junto con sus negocios y otros activos, contribuyó a construir un patrimonio neto estimado en US$450 millones, según la última estimación de Forbes.

Ahora bien, reducir a Dolly Parton a sus cifras musicales sería quedarse corto.

La marca detrás de Dolly

Parton entendió muy temprano algo que hoy resulta casi obvio en la industria del entretenimiento: una estrella también puede convertirse en una marca. Su imagen fue parte fundamental de esa estrategia. El cabello rubio voluminoso, las uñas largas, el maquillaje, los vestidos ceñidos y una estética deliberadamente exagerada terminaron convirtiéndose en elementos inseparables de su identidad.

Parton nunca intentó esconder esa construcción. Por el contrario, la convirtió en parte de su personaje público y jugó durante décadas con la idea de ser percibida como una “rubia tonta”, mientras demostraba que detrás de esa imagen había una compositora, negociadora y empresaria con un notable sentido de los negocios.

Su apariencia terminó siendo tan reconocible como sus canciones. La peluca, las uñas y el maquillaje no eran simplemente accesorios: eran parte de una identidad que podía trasladarse de los escenarios a la televisión, el cine, los productos y los negocios.

Esa capacidad para convertir una personalidad en un activo comercial fue clave para expandir su carrera mucho más allá de la música. Uno de los mejores ejemplos fue Dollywood, el parque temático que Parton impulsó en Tennessee y que terminó convirtiéndose en uno de los principales atractivos turísticos de la región.

En 2024, Billboard la ubicó como la artista country más grande de todos los tiempos, un reconocimiento que resumió el alcance de una carrera que atravesó generaciones y fronteras musicales.

Y mientras su música seguía circulando, su imagen se volvía cada vez más transversal. Parton apareció en películas, televisión, campañas comerciales y proyectos de entretenimiento, manteniendo una identidad pública prácticamente imposible de confundir con la de cualquier otra artista.

La otra cara de la estrella

En 1995 creó Dolly Parton’s Imagination Library, un programa dedicado a entregar libros gratuitos a niños. La iniciativa comenzó en Tennessee y posteriormente se expandió a otros lugares, convirtiéndose en uno de los proyectos sociales más reconocidos asociados a una celebridad. Durante la pandemia de COVID-19, Parton también donó US$1 millón al Vanderbilt University Medical Center para apoyar investigaciones que terminaron relacionadas con el desarrollo de la vacuna de Moderna. Esa combinación entre entretenimiento, negocios y filantropía terminó definiendo buena parte de su legado.

Parton podía aparecer en un escenario cubierta de lentejuelas, con su característica cabellera rubia y unas uñas imposibles de ignorar, y al mismo tiempo hablar de negocios, propiedad intelectual, educación o inversión social con una claridad que desafiaba la caricatura que ella misma había construido.

Su imagen podía parecer excesiva. Su legado nunca lo será.

Dejó una carrera que desafió las categorías en las que intentaron encasillarla y demostró que una mujer podía ser protagonista de su propia historia en una industria que durante décadas puso límites muy claros sobre cómo debía verse y comportarse una estrella. Fue compositora, intérprete, empresaria y filántropa, pero sobre todo fue una mujer que logró construir una vida y una carrera bajo sus propios términos. Y quizá ahí esté la parte más perdurable de su legado: en haber hecho que ser auténticamente Dolly Parton fuera, por sí mismo, una forma de poder.

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