Tras el sismo, 38% de los negocios reportó menos clientes y 20,9% pérdidas de inventario o insumos; ahora, 34,9% identifica el capital como su principal necesidad para volver a operar.
El sismo de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia el 10 de agosto también dejó un fuerte impacto sobre la actividad emprendedora en los territorios afectados. El 76,2% de los negocios no opera con normalidad, 47,1% tuvo que detener por completo sus actividades y 48,7% reportó una caída en sus ventas, según un diagnóstico de la Fundación WWB Colombia realizado a cerca de 4.000 emprendedores en 147 municipios.
Las zonas más golpeadas por el sismo —principalmente municipios de Valle del Cauca, Cauca, Risaralda y Chocó— concentraban antes del evento 269.786 empresas y 1.396.020 empleos formales, equivalentes al 15% del empleo formal del país. De ese universo, 93% eran microempresas, unas 250.628 unidades productivas.
A nivel nacional, el Censo Único de Emergencia de Confecámaras encontró que 85,8% de las empresas reportó afectaciones, 49,6% las calificó como graves o críticas y 48,4% no puede operar.
Tres de cada cuatro negocios se detuvieron
La mayor parte de los casos analizados por WWB Colombia se concentra en el Valle del Cauca, principalmente en Cali, Buenaventura y Palmira. Allí, 76,2% de los negocios no operaba con normalidad al momento de responder la encuesta. La contracción de la actividad comercial aparece entre las principales razones detrás de esta parálisis. 48,7% reportó una disminución en las ventas, 38% una reducción en el flujo de clientes y 20,9% pérdidas de inventarios o insumos.
Los negocios consultados corresponden principalmente a actividades de comercio y servicios, como venta de ropa y confecciones, tiendas y comercialización de alimentos, restaurantes, peluquerías y ebanisterías.

Hay, además, una característica que conecta directamente la emergencia habitacional con la productiva: 71,6% de los emprendimientos operaba dentro del hogar y, en más de 70% de los casos, constituía una fuente fundamental de ingresos para la familia. La interrupción de la actividad productiva, por tanto, también compromete directamente la economía de los hogares.
El 60,4% de los hogares señaló que la afectación del negocio limita en un nivel alto o moderado su capacidad para cubrir los gastos básicos. Para 27,7%, los ingresos ya no alcanzan para cubrir lo esencial, mientras que otro 32,7% logra hacerlo con dificultad y a costa de recortar otros gastos.
Esa presión se refleja en la alimentación. Aunque 80% de los hogares reportó contar con alimentos suficientes, 8,3% accedía a ellos mediante ayudas o comedores comunitarios y 11,7% declaró necesitar apoyo. En conjunto, cerca de uno de cada cinco hogares depende de algún tipo de asistencia o la requiere para garantizar su alimentación.
El impacto se extiende a los servicios que sostienen la actividad económica. La energía eléctrica había sido restablecida en 93,2% de los hogares consultados, seguida por el agua. El internet, sin embargo, mantenía el mayor rezago: cerca de un tercio de los hogares continuaba sin conectividad.
El reto de volver a operar
Ahora bien, los datos apuntan a una recuperación que va más allá de reparar locales, viviendas o reponer inventarios. Para estos negocios, recuperar la actividad implica volver a vender, recuperar clientes y contar con capital de trabajo, mientras sus hogares enfrentan al mismo tiempo las consecuencias de la emergencia.
El capital aparece como la principal necesidad para 34,9% de las personas consultadas, seguido por el acompañamiento psicosocial (22,5%) y la reparación o adecuación de la vivienda (21,7%). La ayuda humanitaria fue señalada por 15,1% y la información y orientación por 15%.
La respuesta, según los hallazgos del diagnóstico, requiere combinar capital con asistencia técnica y comercial, fortalecer los mercados y cadenas locales y facilitar conexiones con nuevos clientes. También plantea priorizar a mujeres, jefas de hogar y otros grupos con mayores barreras, además de acercar los servicios de apoyo a los territorios afectados.
En un país donde los emprendimientos, micronegocios y mipymes representan cerca del 98% del tejido empresarial y generan alrededor del 80% del empleo, según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la reactivación de estas unidades productivas será uno de los grandes desafíos económicos que deja la emergencia.
Reportado por Luisa Triana
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