Las inversiones cruzadas que superan los miles de millones de dólares y se busca consolidar una apuesta firme por los servicios y la innovación tecnológica.

En un escenario global donde la relocalización de cadenas de suministro marca la pauta, la integración intrarregional en América Latina sigue siendo una deuda pendiente. Según estudios recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el comercio entre los países de la región aún se mantiene en niveles considerablemente bajos.

Frente a esta realidad, y en el marco del encuentro de negocios LATAM Colombia 2026, Forbes Colombia dialogó en exclusiva con Ignacio Fernández Ruiz, director general de ProChile, para desentrañar los hilos de una relación bilateral que hoy busca diversificarse más allá de las materias primas tradicionales.

Una balanza comercial equilibrada y en crecimiento

Lejos de una relación asimétrica, el intercambio entre ambas naciones muestra una paridad destacable. El director de ProChile reveló que “la balanza comercial entre Chile y Colombia son alrededor de US$2.200 – US$2.300 millones al año”. Al desglosar el año 2025, calificado por la entidad como un año récord en el que las exportaciones chilenas alcanzaron un techo histórico, los envíos de Chile hacia Colombia se situaron en unos US$1.080 millones, mientras que Colombia exportó a Chile una cifra ligeramente superior, haciendo que la balanza sea “un poco superavitaria para Colombia”.

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El panorama para 2026 es aún más prometedor. Al contrastar el primer semestre del año en curso con el mismo periodo de 2025, el flujo ha reportado un aumento del 11%. Si esta tendencia se proyecta para el cierre del año sin alteraciones macroeconómicas extraordinarias, Ignacio Fernández estima un crecimiento de entre un “11 a 15% quizás por sobre las cifras del periodo anterior”. Esto podría traducirse en exportaciones chilenas sostenidas en el rango de los 1.000 millones de dólares, consolidando un mercado estratégico y prioritario.

Más allá del carbón y el salmón

Históricamente, el comercio bilateral ha estado anclado en sectores tradicionales. Colombia lidera sus envíos con productos energéticos y agrícolas como el carbón, azúcar, atún y café. Por su parte, la canasta exportadora chilena ha estado fuertemente marcada por bienes como el salmón (mercado donde Chile pelea el liderazgo global con Noruega y exporta alrededor de “US$6,500 millones” a nivel mundial), productos del mar, fruta fresca, frutos secos y vino.

No obstante, la investigación de ProChile apunta hacia la sofisticación de estas canastas mediante los servicios basados en el conocimiento y la innovación tecnológica. Ignacio Fernández enfatiza que ambos países no son competidores directos, sino actores complementarios. Hoy, el radar de negocios apunta con fuerza hacia la acuicultura y el sector forestal. En este último, Chile destaca como el segundo exportador potencial de toda América Latina.

Pero el verdadero valor agregado está en los servicios que rodean a estas industrias. Fernández subraya el enorme potencial exportador en tecnología, sustentabilidad y envases. Ejemplifica cómo la industria del salmón y los mejillones ha permitido el desarrollo de “servicios veterinarios” altamente especializados que Chile puede exportar a toda la región.

De igual manera, en la agroindustria hay una oportunidad dorada en los servicios para “la utilización eficiente de los recursos hídricos para la agricultura”. Todo esto se suma a una creciente exportación de servicios de administración de empresas, desarrollo de software y servicios en la nube.

Inversiones de doble vía

El comercio no solo se sustenta en la compra y venta de bienes; las inversiones directas son el termómetro real de la confianza mutua. Actualmente, la inyección de capitales muestra un ecosistema de inversión recíproco y profundo.

“Chile tiene inversiones acumuladas en Colombia por alrededor de US$7.000 millones, pero Colombia tiene inversiones acumuladas en Chile por alrededor de US$3.500 millones”, detalla el directivo.

Estas cifras no están concentradas en nichos marginales, sino en las arterias de ambas economías. Mientras los capitales chilenos apuestan fuertemente en Colombia por los sectores forestal, de la salud, comercio y financiero, las empresas colombianas han encontrado en Chile un terreno fértil para el desarrollo de infraestructuras críticas, como carreteras, y también mantienen una robusta presencia en el sector financiero.

Para dinamizar aún más este escenario, Chile ha implementado una “megarreforma que da ciertas garantías para los inversionistas” y que busca atraer nuevos capitales hacia sectores estratégicos como las energías renovables y la industria alimentaria.

Retos regulatorios y el marco institucional

A pesar del optimismo, sostener y escalar este crecimiento hacia 2027 exige superar barreras técnicas. Ignacio Fernández reconoce que, aunque el marco jurídico bilateral es extremadamente robusto—sostenido por un tratado de libre comercio, un acuerdo para evitar la doble tributación y la participación conjunta en la Alianza del Pacífico—, es necesario “darle mucho más contenido a lo que estamos haciendo”.

El trabajo conjunto entre la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI) en Chile y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en Colombia es vital. Tras reuniones con gremios como la Andi y diversas asociaciones colombianas con inversiones en Chile, se han identificado cuellos de botella.

El gran desafío actual es “eficientar trámites de reconocimiento”, especialmente aquellos relacionados con los organismos sanitarios de ambos países y la homologación en colegios profesionales, pasos indispensables para liberar el flujo de servicios. Además, Colombia juega un rol logístico invaluable en la región, al estar “conectado con dos océanos” y poseer una excelente infraestructura portuaria, lo que lo convierte en un destino natural para el comercio y la inversión chilena.

Un vínculo histórico como motor de negocios

Finalmente, Ignacio Fernández reflexionó sobre un factor intangible pero fundamental para el éxito comercial: las personas y las experiencias compartidas. Para ilustrar este lazo de confianza, el director recordó durante la apertura del encuentro una anécdota deportiva imborrable: el Mundial de fútbol de 1962. Aquel evento, organizado por Chile en la ciudad de Arica, marcó la primera participación de la selección Colombia en un mundial y fue escenario del histórico gol olímpico colombiano.

Ese vínculo cultural se traduce hoy en negocios. Para Fernández, la mayor sorpresa de su visita a Colombia no fue un dato nuevo, sino reafirmar la constancia del interés bilateral. Las empresas colombianas buscan activamente el mercado chileno y viceversa.

“Están dadas todas las condiciones para que esta relación, que es una relación muy potente, muy fluida, avance aún más”, concluye el ejecutivo, con la firme esperanza de que los flujos de comercio e inversión no solo se mantengan, sino que se multipliquen en los años venideros.

Redactado por Juan Camilo Torres Alarcón

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