En apenas seis meses, el Grupo Gilinski pasó de invertir cerca de US$170 millones para convertirse en el mayor accionista de GeoPark a estructurar una operación que le dará el control de la petrolera y una participación valorada en más de US$700 millones.
Seis meses fueron suficientes para que Jaime Gilinski pasara de hacer una inversión minoritaria en GeoPark a quedar a las puertas de controlar una de las petroleras independientes más importantes de América Latina. En el camino hubo compras sucesivas de acciones, una apuesta por Argentina y Venezuela y una operación con un enorme activo petrolero en la Faja del Orinoco que terminó por cambiar la dimensión del negocio.
La historia comenzó el 5 de marzo pasado. Ese día, GeoPark anunció una inversión estratégica de US$107 millones por parte del Grupo Gilinski, realizada a través de Colden Investments. El vehículo de inversión adquirió 12,87 millones de nuevas acciones a US$8,31 cada una y quedó con aproximadamente el 20% de la compañía, convirtiéndose inmediatamente en su mayor accionista.
Pero Gilinski no se quedó ahí. Apenas cuatro días después, Spaldy Investments, otra sociedad controlada por el empresario, compró 200.000 acciones por cerca de US$1,8 millones. El 13 de marzo, Colden adquirió otros dos millones de títulos por US$17,6 millones y tres días después sumó 505.312 acciones por otros US$4,46 millones. Las compras continuaron durante marzo.
Al finalizar ese mes, Colden y Spaldy controlaban conjuntamente cerca del 25,8% de GeoPark. En abril, nuevas compras llevaron la participación conjunta de Colden y Spaldy hasta el 28%, umbral que le dio al Grupo Gilinski el derecho a nominar tres de los nueve integrantes del Directorio de GeoPark. El grupo postuló a Gabriel Gilinski, Dorita Gilinski y Camilo Martínez, quienes fueron elegidos posteriormente por los accionistas en la Asamblea General del 14 de julio.
En total, el Grupo Gilinski destinó alrededor de US$170 millones a construir esa posición, según cálculos a partir de las operaciones realizadas. Pero desde el comienzo la inversión tenía una dimensión que iba más allá de comprar acciones de una petrolera.
La mirada puesta fuera de Colombia
GeoPark tiene en Colombia el centro de su operación, pero desde hace tiempo busca ampliar su presencia regional. Argentina, particularmente Vaca Muerta, se convirtió en una de sus principales apuestas y Venezuela comenzó a aparecer también en el radar.
Para Gilinski, ese último mercado tampoco era desconocido. Ejecutivos y líderes del Grupo y de GeoPark viajaron en repetidas ocasiones a Venezuela durante los meses siguientes, mientras se exploraban oportunidades en un país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
La apuesta venezolana de Gilinski, además, no se limita al petróleo. Grupo Nutresa acordó recientemente la adquisición del 100% de Industrias Tío Rico, fabricante y comercializador de helados, como parte de su estrategia para ampliar nuevamente su presencia en ese mercado.

Pero sería en el petróleo donde se produciría el movimiento de mayor dimensión. El miércoles 2 de septiembre, GeoPark confirmó su entrada a Venezuela mediante el bloque Bare, un activo productor de crudo pesado ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco. La oportunidad, según reveló la propia compañía, fue liderada por el Grupo Gilinski, cuya presencia en Venezuela fue fundamental para asegurar un contrato de 25 años con PDVSA Petróleo.
Bare no es un activo menor. Tiene aproximadamente 15.700 millones de barriles de petróleo original in situ, cerca de 1.100 pozos y acumula históricamente más de 700 millones de barriles producidos. Actualmente genera unos 11.000 barriles diarios, muy lejos de los más de 100.000 barriles que llegó a producir en el pasado. GeoPark estima que su potencial máximo está entre 85.000 y 95.000 barriles diarios.
La petrolera financiará el 100% de las inversiones contempladas en los programas de trabajo y tendrá una participación económica neta del 65%. El objetivo es recuperar progresivamente la producción del campo.
“La reactivación del sector energético de Venezuela representa una de las oportunidades industriales más relevantes de América Latina”, señaló Felipe Bayón, CEO de GeoPark, al anunciar la operación.
De mayor accionista a controlador
Bare terminó convirtiéndose en la pieza que transformó completamente la relación entre Gilinski y GeoPark.
La petrolera tendrá inicialmente el 5% de la sociedad holding que controla el contrato venezolano y posteriormente adquirirá el 95% restante, actualmente en manos del Grupo Gilinski. Pero GeoPark no pagará ese activo en efectivo: lo hará con sus propias acciones.
El Grupo Gilinski recibirá como contraprestación inicial 42,1 millones de nuevas acciones de GeoPark, emitidas a un precio de US$12,22 cada una. Como consecuencia, su participación pasará del actual 28% a aproximadamente 56,3%, convirtiéndose por primera vez en el accionista controlante de la petrolera.
Un mecanismo adicional previsto en el acuerdo podría entregarle hasta 5,4 millones de acciones más si mejoran determinadas condiciones contractuales del proyecto antes del cierre. En ese escenario, su participación podría alcanzar aproximadamente 58,4%.
Y todavía podría crecer más. Gilinski lanzará una oferta pública de adquisición por hasta US$100 millones para comprar acciones de GeoPark a US$12,22 por título. Si logra adquirir la totalidad de las acciones previstas en la OPA, su participación podría aproximarse al 64%, según cálculos realizados a partir de las condiciones anunciadas de la transacción.
La operación fue aprobada por el Directorio de GeoPark sin la participación de Gabriel Gilinski, Dorita Gilinski y Camilo Martínez. Los tres directores nominados por el Grupo Gilinski se apartaron de las deliberaciones y de la votación. GeoPark continuará cotizando en la Bolsa de Nueva York y mantendrá un Directorio de mayoría independiente.
Una participación de más de US$700 millones
Ahí aparece una de las cifras más llamativas de toda la operación. En marzo, Gilinski comenzó con una inversión de US$107 millones. Después de sucesivas compras llevó su desembolso acumulado a alrededor de US$170 millones y alcanzó el 28% de GeoPark.
Tras la transacción venezolana, la participación del Grupo llegará inicialmente al 56,3%. Tomando como referencia el precio de US$12,22 por acción utilizado en la propia operación y la estructura accionaria resultante, esa posición tendría un valor superior a US$700 millones.
Eso no significa, sin embargo, que los US$170 millones invertidos originalmente se hayan multiplicado simplemente hasta superar los US$700 millones.
Una parte de la creación de valor corresponde al aumento en el precio de las acciones que Gilinski adquirió desde marzo, pero el salto en su participación se explica fundamentalmente por los 42,1 millones de nuevos títulos que recibirá como contraprestación por aportar a GeoPark el proyecto Bare.
Es precisamente ahí donde está la particularidad de la jugada: Gilinski no solo compró una participación relevante en GeoPark. Después utilizó su posición y su presencia estratégica en Venezuela para conseguir un activo que, al ser incorporado a la petrolera, terminará convirtiéndolo en su accionista controlante.
La dimensión de GeoPark también cambiará. Con el redesarrollo de Bare y el aumento previsto de la producción en Vaca Muerta, la compañía estima que podría alcanzar entre 75.000 y 85.000 barriles equivalentes de petróleo diarios hacia 2030, aproximadamente 2,7 veces sus niveles actuales.
Para financiar ese crecimiento, GeoPark asegura tener acceso a unos US$700 millones entre liquidez y fuentes de financiamiento comprometidas o negociadas, incluidos aproximadamente US$310 millones de efectivo disponible. Los recursos respaldarán tanto Bare como sus operaciones en Colombia y Vaca Muerta.
La operación todavía debe superar una última etapa. La entrada en vigencia del contrato venezolano está sujeta a aprobaciones, autorizaciones y requisitos regulatorios, así como al cumplimiento del régimen de sanciones aplicable. GeoPark calcula un plazo máximo de 120 días para completar ese proceso.
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