América Latina se encuentra ante el desafío de transformar la minería extractiva tradicional en un modelo regenerativo que no solo mitigue daños, sino que deje un impacto positivo y duradero.

América Latina se encuentra en un punto de inflexión donde su inmensa riqueza mineral choca con las demandas sociales y ambientales del siglo XXI.

Este desafío se enmarca en una necesidad mundial sin precedentes impulsada por la transición energética: según el informe Global Critical Minerals Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las tecnologías de energía limpia representaron aproximadamente el 75% del crecimiento de la demanda de minerales clave (como cobre, litio y níquel) en 2025. Como reflejo de esto, la demanda mundial de baterías creció más de un 35% en solo un año, superando los 1,5 TWh.

A esto se suman proyecciones extremas. Un reciente informe respaldado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), publicado en junio de 2026, destaca que las tecnologías verdes están absorbiendo la oferta global de manera desproporcionada. Se prevé que el litio destinado exclusivamente a baterías pase de representar el 62% del consumo mundial en 2024 a un abrumador 87% para el año 2040. En el caso del níquel, saltará del 17% al 42%.

Sin embargo, a pesar de esta explosión en la demanda, el gran desafío es la ejecución. La AIE reveló que en 2025 la inversión mundial en extracción de minerales críticos cayó un 9% (la primera caída desde 2020), y el gasto en exploración para minas de litio y níquel se desplomó un 45%. El reto ya no es encontrar los minerales, sino superar la lentitud burocrática, la falta de financiamiento y la oposición social para poder extraerlos a tiempo.

Nelson Trejo, presidente de Partes y Servicios de Epiroc para las américas, lo tiene claro y por eso propone un cambio de paradigma radical: pasar de una industria que solo mitiga daños a una que construye.

El dirigente desglosó los retos de Colombia, el impacto de la tecnología y la urgencia de alcanzar la legitimidad social, apoyándose en su visión de que “el potencial que Colombia tiene en minería es gigante”.

Además, reconoce que la complejidad ambiental de Colombia exige un enfoque completamente distinto al de otras geografías.

“No, no es lo mismo, yo siempre lo menciono, independiente del impacto ambiental. Hacer minería en el desierto Atacama en Chile, que es conocido en el mundo porque tiene cero vida, porque no se encuentra un insecto ni nada, es distinto a hacer minería en Colombia donde la flora y la fauna son ricas en diversidad”, explica Nelson Trejo.

Ante este escenario, es enfático al señalar que hacer una minería responsable y ser una minería inteligente es la clave que tenemos que resolver en la actualidad.

Esta responsabilidad está directamente ligada a la rentabilidad del negocio. En el sector es común enfocarse en los costos directos (CAPEX y OPEX), pero el ejecutivo advierte que la verdadera viabilidad debe incluir el costo social. Las maquinarias mineras requieren inversiones colosales, con equipos que pueden costar US$7 millones.

Sin embargo, frente a quienes cuestionan estos montos, Nelson Trejo es tajante: “el equipo caro es el que no trabaja, la minería cara es la que no opera”.

Para que una mina sea económicamente rentable y sostenible, la industria tiene que realmente preocuparse por dejar un legado, un legado posterior al cierre de la mina, evitando la tendencia de abandonar las regiones dejando una tasa de desempleo mayor a la inicial.

“El proyecto más caro que puede existir hoy día es el proyecto que se detiene”, sentencia el directivo.

La transición hacia una minería regenerativa

Para contrarrestar los riesgos, la compañía está impulsando el concepto de “minería regenerativa”. A diferencia de la sustentabilidad tradicional, que busca un impacto cero en el medio ambiente, Nelson Trejo explica que “no basta con minimizar el daño, sino que hay que dejar un legado y este legado no solamente ambiental, medioambiental, también tiene que ser económico y educacional”.

Además, visualiza este modelo como una necesidad urgente:

“La minería regenerativa es básicamente hoy día una invitación, ya que espero que en algún futuro se transforme en una obligación para la gente que trabaja en la minería ejecutiva, mineros como yo, de tomar responsabilidad social y responsabilidad con la industria para que las cosas se vayan haciendo bien”.

Innovación corporativa: Tecnología agnóstica y automatización

Detrás de este empuje hay un músculo tecnológico robusto. Epiroc se ha reestructurado enfocándose cien por ciento en tecnología minera, al punto de haber comprado “33 nuevas compañías” en los últimos 4 años y logrando que el negocio crezca “de 3 billones de dólares estamos en siete”.

Nelson Trejo, presidente de Partes y Servicios de EPIROC para las américas. Foto: Epiroc

Esta evolución se sostiene en la “tecnología agnóstica” (sistemas abiertos). Usando una analogía, Trejo explica que Epiroc funciona más como un sistema Android (abierto) que como un ecosistema de Apple (cerrado). “Yo creo que los sistemas cerrados tienen muchas ventajas… pero tiene la limitación de poder integrar otros dispositivos electrónicos, de alta tecnología y más bajo costo”, permitiendo así incorporar avances de otros fabricantes y tecnologías emergentes, especialmente de Asia.

“Nuestro sueño es, por las condiciones difíciles que trabajamos, no tener gente que esté expuesta a los riesgos que implica la operación minera, logrando que la operación sea completamente remota y autónoma”, puntualiza Nelson Trejo.

Captura de valor y el sueño de una región integrada

“¿Dónde queda el valor realmente? ¿Quién captura el valor? Y ese valor no está quedando en Latinoamérica hoy día, no está quedando en Colombia, no está quedando en Chile, no está quedando en Perú”, cuestiona Nelson Trejo.

Parte de la solución pasa por erradicar la informalidad. Al hacer una minería industrializada y legal, se reduce la accidentalidad, se bajan los costos operativos y se genera mayor prosperidad. Pero esto requiere unión regional. “En Latinoamérica no hemos sido capaces de coordinarnos entre nosotros”, reflexiona, poniendo como ejemplo cómo los estados en Estados Unidos o los países de la Unión Europea operan en conjunto para ser potencias.

“Mi sueño y lo que la minería regenerativa invita es a líderes, hoy día latinoamericanos, a que aprendamos a coordinarnos como región”, afirma Nelson Trejo.

Educación: El puente hacia las nuevas generaciones

El éxito a largo plazo dependerá de educar a las comunidades con datos reales, dejando de lado los rumores. Para Nelson Trejo, hay que empezar a educar a los niños, que hagan decisión en base a datos, más que solo seguir rumores e información que puede no ser cierta, poniendo como ejemplo que en Chile, se cree erróneamente que la minería agota el agua, cuando en realidad “el 50% del agua la consume la agricultura y el 3% la minería”.

Nacido en un pequeño pueblo minero llamado Los Andes (Chile), Nelson Trejo jamás pensó estar sentado frente a líderes mundiales en Estocolmo representando a la región, y desea esa misma oportunidad para los jóvenes de hoy.

Por ello, concluye con un mensaje claro:

“Cuesta hoy día que la juventud, realmente, vea que la industria minera es una industria atractiva para trabajar y para crecer… es una invitación a mirar la industria minera con otros ojos en el fondo, ojos que realmente vean a la industria minera como un contribuidor, para el desarrollo económico, de futuro y de prosperidad para la región”.

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