El tipo de barrica y su historial previo, es decir si antes tuvo bourbon, jerez o ron, determinan hoy el carácter y el valor de un whisky escocés premium, y ya no únicamente por la edad o la rareza de una botella

El roble que envejece un whisky escocés casi nunca es nuevo. La gran mayoría de las barricas utilizadas en la industria almacenaron antes bourbon, jerez, vino o ron, y ese historial previo, más que la edad de la botella o la rareza de la destilería es lo que hoy define buena parte del perfil aromático que llega a la copa.

Ese detalle técnico, antes reservado a maestros mezcladores y coleccionistas, se ha convertido en un punto de interés para un consumidor premium que busca entender los procesos detrás de cada botella, un comportamiento similar al que ya se observa en la alta gastronomía, el café de especialidad y el vino.

La madera no funciona como un simple contenedor. Durante los años de maduración interactúa con el destilado y le transfiere compuestos que se traducen en notas de vainilla, miel, frutas secas, especias, cacao o perfiles tropicales, dependiendo del tipo de roble, del líquido que la barrica haya contenido con anterioridad y del número de veces que haya sido utilizada, un factor que también incide en la intensidad de esos sabores.

Primer uso y barricas reutilizadas

Dentro de esa conversación técnica, dos categorías han ganado protagonismo entre consumidores y expertos. Las barricas de primer uso, es decir, aquellas que envejecen whisky por primera vez tras haber contenido otro licor, aportan notas más intensas de vainilla, caramelo y especias. Las reutilizadas, en cambio, ceden protagonismo al carácter propio del destilado y permiten que la identidad de la destilería se exprese con mayor claridad.

El tiempo actúa como regulador de ese proceso. La interacción entre el whisky y la madera ocurre de forma gradual a lo largo de los años, lo que le permite al líquido ganar profundidad, suavidad y estructura sin que la barrica termine por dominar el perfil final. En la práctica, la barrica funciona más como una herramienta de precisión para construir perfiles complejos que como un elemento que se impone sobre el destilado.

Fotografía: Cortesia Pernod Ricard

Un caso para destacar es el de The Glenlivet, marca escocesa fundada en 1824 y parte del portafolio de Pernod Ricard, donde ese equilibrio ha sido determinante en la construcción de sus expresiones más recientes. “La sofisticación en el whisky ya no está definida únicamente por la edad o la rareza de una botella. Cada vez más consumidores buscan comprender los procesos que hay detrás de cada expresión, porque el conocimiento se ha convertido en una nueva forma de lujo”, comentó Susana Rojas, gerente de marca de Pernod Ricard Colombia.

El regreso del “cask finishing”

La técnica conocida como cask finishing, en la que un whisky termina su proceso de maduración en una segunda barrica distinta a la original, ha ganado terreno como una de las herramientas más visibles de esta tendencia. Dependiendo del tipo de barrica utilizada en esa segunda etapa, el resultado puede transformar de forma sustancial la experiencia final en copa.

The Glenlivet Caribbean Reserve, finalizada parcialmente en barricas que antes contuvieron ron caribeño, es un ejemplo de cómo esa técnica incorpora notas tropicales sin alterar la identidad original del destilado. En un registro distinto, The Glenlivet 18 años combina varios tipos de barrica a lo largo de su proceso de maduración para construir perfiles más maduros y complejos, pensados para una degustación más pausada.

Otras destilerías escocesas como Ballantine’s, Chivas Regal y Royal Salute también han incorporado narrativas similares alrededor de la selección de barricas, en un mercado donde el whisky escocés compite cada vez más por diferenciarse a través del proceso y no solo del producto terminado.

Ese giro coincide con un cambio más amplio en el comportamiento del consumidor premium, que ya no evalúa una botella únicamente por su exclusividad o su precio, sino por la capacidad de la marca de explicar y sostener una historia técnica detrás de cada lanzamiento.

The Glenlivet forma parte del portafolio de Pernod Ricard, compañía francesa que se define como líder mundial en la industria de vinos y espirituosos y que combina procesos de elaboración artesanal con tecnologías de distribución global. Su portafolio incluye, además de los whiskies escoceses Ballantine’s, Chivas Regal, Royal Salute y The Glenlivet, marcas como Absolut Vodka, Ricard, el whisky irlandés Jameson, el coñac Martell, el ron Havana Club, la ginebra Beefeater, el licor Malibu y las champañas Mumm y Perrier-Jouët.

Pernod Ricard sostiene además que parte de su estrategia corporativa pasa por el desarrollo de sus marcas con criterios de respeto por las personas y el medio ambiente, e incluye programas de formación para sus equipos alrededor del mundo bajo un enfoque de convivencia e inclusión, lineamientos que la compañía aplica de manera transversal a las distintas destilerías y casas que integran su portafolio, incluida The Glenlivet.