El Caribe creció 1,6% en 2025, por debajo del 2,6% nacional. Efraín Cepeda, del Comité Intergremial del Atlántico, y José Manuel Carbonell, presidente de Olímpica, ven oportunidades en infraestructura, logística, turismo y energía para cerrar brechas y acelerar la inversión.

Barranquilla tenía una ventaja difícil de ignorar: está prácticamente al nivel del mar. Sin embargo, cuando Avianca decidió dónde ubicar uno de sus principales centros de mantenimiento y reparación de aeronaves, MRO, la inversión terminó en Rionegro, a unos 2.200 metros de altitud.

El complejo, que ya operaba y fue inaugurado oficialmente en 2016, se convirtió para José Manuel Carbonell, presidente de Olímpica, en un ejemplo de las oportunidades que el Caribe puede perder cuando sus ventajas naturales no están acompañadas por la infraestructura necesaria.

“No hay derecho a que Barranquilla no tenga un aeropuerto”, afirmó Carbonell durante el panel El radar económico para el Caribe colombiano, realizado por Forbes Colombia en Barranquilla, al recordar que las condiciones aeroportuarias terminaron pesando más que la ventaja que ofrecía la ciudad para la operación de las aeronaves.

La anécdota resume parte del desafío que enfrenta una región con enormes posibilidades, pero también con brechas estructurales y un desempeño económico muy heterogéneo.

Según las cifras preliminares del DANE, la economía del Caribe creció 1,6% en 2025, frente al 2,6% del país, aunque con marcadas diferencias entre departamentos. Atlántico creció 2,6% y Bolívar 2%, mientras La Guajira se contrajo 1,6% y Cesar 1,1%. El desempeño regional estuvo impulsado por las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación, que crecieron 11,1%; la administración pública, educación y salud, con 4%; y el comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida y las actividades agropecuarias, ambas con 3,8%. En contraste, la construcción cayó 6% y la explotación de minas y canteras retrocedió 9,2%.

Las diferencias también son importantes entre departamentos. Mientras algunas economías de la región crecieron, La Guajira se contrajo 1,6% y Cesar 1,1%. Atlántico, además, es la mayor economía del Caribe, con un PIB de $82,3 billones en 2025, seguido por Bolívar, con $66,5 billones.

Para Efraín Cepeda Tarud, presidente del Comité Intergremial del Atlántico, cerrar esas brechas pasa por convertir las ventajas de la región en inversiones concretas. El Caribe cuenta con puertos, zonas francas, cercanía con Estados Unidos y una posición favorable ante la relocalización de cadenas productivas. Barranquilla tendrá además mayor protagonismo con su designación como capital alterna del Gobierno de Abelardo De La Espriella.

Infraestructura, capital humano y energía

El aeropuerto es solo una pieza. Cepeda señaló la necesidad de mejorar la conexión vial entre Santa Marta, Barranquilla y Cartagena y recuperar la navegabilidad del río Magdalena entre Barrancabermeja y Bocas de Ceniza. Actualmente, recordó, apenas 2% de la carga del país utiliza el modo fluvial.

Carbonell agregó otro desafío: el capital humano. La región necesita avanzar en bilingüismo, educación financiera e innovación para aprovechar mejor su cercanía con Estados Unidos y facilitar el crecimiento de sus empresas.

Pero quizás la mayor paradoja está en la energía. El Caribe paga algunos de los costos más altos y enfrenta problemas en la prestación del servicio, al mismo tiempo que posee condiciones para convertirse en el gran centro energético de Colombia.

Carbonell puso una cifra al problema: Olímpica gasta alrededor de $200.000 millones al año en energía, buena parte en sus operaciones del Caribe. Las altas temperaturas obligan a un uso intensivo de refrigeración y aire acondicionado, generando una desventaja frente a empresas que operan en zonas más frías del interior.

Para Cepeda, la energía debe abordarse en varios horizontes. En el corto plazo está el riesgo de un fenómeno de El Niño severo y la necesidad de garantizar la generación térmica; en el mediano, la región necesita encontrar un modelo sostenible de prestación del servicio eléctrico.

En el largo plazo aparece la oportunidad. El Caribe concentra buena parte de la generación térmica del país, posee un importante potencial eólico y solar -especialmente en La Guajira-, cuenta con infraestructura de regasificación y tiene la perspectiva del gas costa afuera, cuya producción comercial se espera para la próxima década.

Cepeda considera que esas condiciones pueden convertir al Caribe en un hub energético y utilizar la disponibilidad de energía como instrumento para atraer industria e inversión.

El diagnóstico del panel fue, por tanto, menos una lista de carencias que una agenda de oportunidades. Carbonell puso la infraestructura en el centro: la inversión en conectividad no solo aumenta la productividad, sino que genera empleo y consumo y puede alimentar un nuevo ciclo de crecimiento.

El Caribe tiene puertos, ubicación, energía y mercados. El desafío es lograr que esas ventajas dejen de ser solamente potencial y se conviertan en proyectos, inversión y empleo.