La salud mental dejó de ser un tema exclusivo de recursos humanos para convertirse en el núcleo de la supervivencia empresarial.
El ecosistema corporativo está despertando ante una realidad cada vez más evidente: la competitividad de las empresas está estrechamente ligada a la salud mental y al propósito de sus colaboradores. Así quedó planteado durante el Congreso Sura 2026, un espacio en el que líderes empresariales y expertos abordaron los retos que enfrentan las organizaciones alrededor del bienestar, la salud mental y la relación de las personas con su trabajo.
Las empresas se han convertido también en espacios de transformación de las personas y, por eso, la atención de la salud mental ha dejado de ser únicamente reactiva. El reto está ahora en anticiparse a posibles problemas y entender cómo estos pueden impactar tanto la vida laboral como personal.
Estefanía Gómez, gerente de la prestación de servicios en Sura Colombia, explica que este cambio también ha llevado a poner mayor atención en los hábitos y el bienestar de los trabajadores.
“Hoy en día le damos más relevancia a los hábitos de vida saludables, le damos más relevancia a los temas de bienestar”.

En ese proceso, la tecnología empieza a jugar un papel relevante. A través de inteligencia artificial y analítica avanzada, las organizaciones pueden identificar patrones en el uso de los servicios de salud y anticiparse a posibles complicaciones.
“Con inteligencia artificial y analítica avanzada nos estamos anticipando a saber si una persona, de acuerdo a sus consumos que tiene en temas de salud, si está yendo a urgencias, si está yendo a médicos, a psiquiatras, si se está consumiendo sus medicamentos o no. Podemos predecir si esa persona se nos va a hospitalizar”, explica Gómez.
La mirada, sin embargo, no se limita al trabajador. También involucra a su entorno más cercano, especialmente cuando ocurre un evento adverso de salud mental.
El costo de la desconexión
Para profundizar en algunos de los desafíos que enfrentan los trabajadores y líderes dentro de las organizaciones, Forbes Colombia conversó con Efrén Martínez, doctor en psicología, empresario y conferencista internacional.
Martínez pone el foco en una de las principales tensiones del mercado laboral actual: la desconexión de los trabajadores. Según datos citados por el experto, al 2025, 80% de los empleados a nivel global se sentían desconectados y sin compromiso con su trabajo.

Para Martínez, el reto no está únicamente en reconocer esa desconexión, sino en entender qué la está provocando. Abordarla de manera equivocada, dice, “es como cuando uno cree que el sol sale porque los gallos cantan y dedica todos los esfuerzos y los recursos a matar gallos”.
El psicólogo también llama la atención sobre la forma en que las empresas están interpretando actualmente los problemas de salud mental. Aunque considera positivo que estos temas hayan ganado espacio, advierte que la popularización de ciertos términos puede llevar a confundir reacciones normales con trastornos.
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“Todo el mundo dice, sí, yo tengo un problema de ansiedad. No, usted no tiene un problema de ansiedad, usted es normal, y cualquier persona normal tiene ansiedad cuando se siente amenazado por algo”, señala.
Su recomendación para diferenciar una reacción puntual de un problema que requiere atención es sencilla: “Hay un apellido que deben llevar todos los síntomas. El apellido es casi todo el día, casi todos los días”.
Los retos en las posiciones de liderazgo
En las posiciones directivas, Martínez identifica algunos comportamientos que pueden afectar la relación de los líderes con sus equipos. Entre ellos menciona el narcisismo y la dificultad para reconocer los propios errores.
“La más grave, sin duda, y además medida, es el narcisismo. El tamaño del ego. Claro que al o a la narcisista no les gusta la palabra, entonces la llamamos ‘la soberbia’. La soberbia que te hace ciego a los errores”.
Según Martínez, ciertos entornos corporativos también pueden favorecer este tipo de comportamientos, especialmente cuando las posiciones de poder están acompañadas de privilegios y tratos diferenciales.
A esto se suma la relación cada vez más intensa con el trabajo. Martínez señala que 83,7% de las mujeres latinas y 81,12% de los hombres presentan tendencias perfeccionistas y advierte sobre los efectos de una disponibilidad que puede terminar confundiéndose con productividad.
“Usted se droga con sensación de eficiencia contestando a las 12 de la noche, quedándole bien a este y creyendo que está rindiendo y en realidad a mediano plazo no va a rendir igual”, sostiene.
La discusión alcanza también a los modelos de trabajo. Frente al aumento de la soledad y el aislamiento, Martínez cuestiona la expansión del trabajo remoto y plantea que las empresas deberían revisar cuánto de esta modalidad resulta sostenible para sus equipos.
“Yo tengo la posición impopular que hay que disminuir el trabajo remoto a la mitad, los equipos remotos son altamente vulnerables comparado con los que no son remoto”, afirma.
De los protocolos a la cultura
El desafío para las empresas, según Martínez, no consiste únicamente en crear programas de bienestar o protocolos de atención. El entorno en el que estos se aplican también resulta determinante.
“Todas las organizaciones están llenas de protocolos y los protocolos nunca funcionan sino una cultura que los enmarque. Si la cultura de las cabezas no genera un espacio de seguridad psicológica”.
Encontrar un propósito entonces, es clave no solo para rendir, sino para vivir. Según Martínez, la evidencia científica muestra que “vives un 30% más si trabajas con propósito”.
Más allá de los protocolos, los programas de bienestar o las nuevas herramientas tecnológicas, la discusión termina regresando a una pregunta más sencilla: qué lugar ocupa el trabajo en la vida de las personas y qué efecto tiene sobre lo que ocurre cuando termina la jornada.
Martínez lo resume así:
“Si usted llega feliz del trabajo, usted la pasa muy bueno en su familia. Pero si usted llega jodido del trabajo, usted llega a joder a su familia”.
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