Mientras Colectora avanza para transportar la energía renovable que se genere en La Guajira, las empresas encuentran en la eficiencia energética, la generación solar y las baterías alternativas para reducir costos y ganar competitividad.
El Caribe colombiano tiene algunas de las mejores condiciones del país para producir energía solar y eólica, pero buena parte de ese potencial sigue atrapado. Los proyectos de generación avanzan lentamente y la infraestructura necesaria para llevar esa energía desde donde se produce hasta los centros de consumo todavía está en construcción.
La paradoja tiene un impacto directo sobre la competitividad de las empresas de la región. José Manuel Carbonell, presidente de Olímpica, reveló en el panel El radar económico para el Caribe colombiano que la compañía paga alrededor de $200.000 millones al año en energía, buena parte correspondiente a sus operaciones en la Costa, donde las altas temperaturas elevan las necesidades de refrigeración y aire acondicionado.
El problema apareció nuevamente durante el panel Energías alternativas, la gran oportunidad para el Caribe colombiano, realizado por Forbes Colombia en Barranquilla, en el que participaron María del Pilar Yepes, Líder Estratégica LATAM de GreenYellow Colombia, y Eduardo Pinilla, director técnico de Enlaza, filial del Grupo Energía Bogotá.
“Tenemos todo para construir ese liderazgo, pero estamos en el proceso”, señaló Yepes. Para la ejecutiva, el potencial de generación por sí solo no es suficiente: se requiere infraestructura capaz de transportar la electricidad desde los lugares donde puede producirse hasta aquellos donde está la demanda.
El desafío es particularmente importante en una región que, por sus temperaturas, tiene un elevado consumo eléctrico. “No podemos hacer nada si no tenemos la infraestructura necesaria para llevar esa energía desde los puntos donde se genera hasta los puntos de consumo”, afirmó.
Colectora y el cuello de botella de la transmisión
La dimensión de la oportunidad la puso Pinilla sobre la mesa. Según el directivo de Enlaza, el potencial energético del Caribe ronda los 36 GW, mientras Colectora permitirá inicialmente incorporar alrededor de 1 GW de energía renovable al Sistema Interconectado Nacional.
“La transmisión viene muy atrás de la generación”, sostuvo. Pero la generación tampoco ha avanzado al ritmo previsto en La Guajira y la mayoría de los proyectos acumulan retrasos, entre otros factores, por las dificultades de relacionamiento con las comunidades.
Colectora es precisamente una de las infraestructuras llamadas a comenzar a cerrar esa brecha. El proyecto conectará la generación renovable de La Guajira con el Sistema de Transmisión Nacional y está compuesto por los tramos Colectora-Cuestecitas y Cuestecitas-La Loma.
En este último, de unos 248 kilómetros, las 511 torres y las actividades de obra civil, montaje y tendido están terminadas. Enlaza prevé avanzar en su energización próximamente.
El tramo Colectora-Cuestecitas continúa en construcción. Pinilla explicó durante el panel que el proyecto completo se encuentra aproximadamente en 90% y que la expectativa es ponerlo en servicio durante el primer semestre de 2027.
Colectora permitirá integrar unos 1.050 MW de generación renovable al sistema eléctrico nacional. Frente al potencial que Pinilla estima para el Caribe, la cifra muestra la magnitud del camino que todavía queda por recorrer.
261 comunidades y más de 150 bloqueos
La infraestructura, sin embargo, no es solamente un desafío de ingeniería. Buena parte de la historia de Colectora ha estado marcada por el relacionamiento con las comunidades.
Enlaza comenzó el proyecto estimando que tendría que realizar alrededor de 65 consultas previas. La cifra terminó multiplicándose: actualmente existen 261 comunidades certificadas para consulta previa, entre ellas comunidades wayuu y yukpa, los cuatro pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta y consejos comunitarios afrocolombianos.
“Nosotros tuvimos que aprender”, reconoció Pinilla, quien explicó que construir líneas de transmisión en La Guajira obligó a la empresa a desarrollar una nueva forma de relacionarse con los territorios.
El directivo señaló que durante la ejecución se han presentado más de 150 bloqueos y que todavía aparecen nuevas comunidades con las que es necesario dialogar.
Pinilla considera que parte de la complejidad tiene una explicación histórica. Se trata, dijo, de poblaciones que durante muchos años tuvieron una presencia limitada del Estado y que, ante la llegada de grandes proyectos, terminan viendo a las empresas como interlocutores para resolver necesidades que van mucho más allá de la infraestructura energética.
La experiencia también ha dejado avances. Enlaza reporta un cumplimiento de 88,38% de los acuerdos derivados de las consultas previas y de 87,25% en las compensaciones socioculturales correspondientes al tramo Cuestecitas-La Loma.
Las empresas no tienen que esperar
Pero aprovechar el potencial energético del Caribe no depende únicamente de que entren en funcionamiento los grandes parques y las líneas de transmisión.
Yepes planteó que las empresas pueden actuar desde ahora sobre tres frentes: eficiencia energética, generación solar y almacenamiento con baterías.
El primero consiste en reducir el consumo mediante equipos y procesos más eficientes, algo especialmente relevante en el Caribe por el peso de los sistemas de refrigeración y climatización en hoteles, centros comerciales, industrias y establecimientos comerciales.
El segundo es la generación fotovoltaica. Las compañías pueden instalar paneles en sus propios techos o terrenos y también recurrir a esquemas de generación remota, en los que la planta solar se encuentra en un lugar diferente al punto donde se consume la electricidad.
El tercer componente son las baterías, una tecnología que empieza a ganar espacio en Colombia y que permite almacenar parte de la electricidad producida durante las horas de sol para utilizarla posteriormente, además de gestionar los picos de consumo y respaldar cargas críticas.
GreenYellow cuenta en Colombia con más de 200 MWp de capacidad solar instalada y en construcción y más de 500 iniciativas de eficiencia energética. Según Yepes, algunos de estos proyectos han permitido alcanzar ahorros de hasta 30% en la factura de energía, dependiendo de las características de cada operación.
La ejecutiva explicó que el modelo puede permitir que parte de esos ahorros financie las propias inversiones. Pero, a su juicio, el efecto va más allá de reducir la factura: disminuir el consumo energético mejora la competitividad y al mismo tiempo reduce la huella de carbono de las compañías.
De producir energía a atraer inversión
Ese punto conecta con una de las conclusiones del primer panel del foro. Efraín Cepeda, presidente del Comité Intergremial del Atlántico, planteó que el objetivo debería ser convertir al Caribe en un hub energético, aprovechando no solamente su potencial solar y eólico, sino también su generación térmica, la infraestructura de regasificación y las perspectivas del gas costa afuera.
La apuesta implica que la región no se limite a producir electricidad para enviarla al resto del país. El verdadero salto ocurrirá si una mayor disponibilidad de energía, acompañada de precios competitivos y un servicio confiable, se convierte en un argumento para atraer industria, inversiones y empleo.
Por ahora, las dos caras de la transición avanzan a velocidades diferentes. Las grandes redes y proyectos renovables necesitan superar cuellos de botella de infraestructura, licenciamiento y relacionamiento territorial. Las empresas, entretanto, tienen herramientas para comenzar a reducir desde ahora su consumo y su dependencia de la energía de la red.
El Caribe tiene el recurso. El reto es lograr que deje de ser solamente un potencial energético y se convierta en una ventaja competitiva para la región.
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