Detrás del éxito de los artistas hay quienes tienden puentes entre la visión creativa y comercial, entienden la importancia de la comunicación y habilitan nuevos espacios para evangelizar a los consumidores del arte.
El arte puede ser una pasión y a la vez un proyecto económico viable. Ese resultado depende de saber navegar en un mercado dinámico, sofisticado y, otras veces, subjetivo. Adriana Gómez, curadora y directora de la galería Latinou, lo tiene claro y ha volcado su iniciativa a tender puentes tangibles entre los artistas, los territorios, los compradores y espectadores.
La galería Latinou empezó como un comercio electrónico de arte, cuenta Gómez, que entonces soñaba con vender obras mientras dormía. Fue en 2021 cuando inauguró su espacio físico, migrando así hacia un modelo híbrido, cerrando el ciclo de la experiencia de compra. En entrevista con Forbes Colombia, afirma que el suyo ha sido un aprendizaje empírico, desde su curiosidad cultivada por el mundo del arte.
Ingeniera industrial de profesión, con maestría en marketing y ventas, Gómez reconectó con la escena artística mientras construía su carrera en el modelaje. Asegura que cuando era niña disfrutaba de pintar y recibió becas en escuelas juveniles de artes plásticas, pero nunca imaginó ser artista.
“A mí desde muy chiquita me gustaron los negocios”, dice. Tal vez por eso se convirtió en empresaria del arte, conciliando ambos intereses y su determinación por promocionar el talento latinoamericano.
Siendo oriunda de Barranquilla, era inevitable recorrer las salas de los museos europeos sin preguntarse por el arte latioamericano. “Me di cuenta de que había una carencia de estos lenguajes y formas de expresión artística”. Creó Latinou convencida de que esa ausencia respondía además a una necesidad de reestructurar la comercialización del arte contemporáneo.
Curaduría del negocio
Para que el modelo de negocio galerista sea sostenible, la selección de artistas debe trascender el mero discurso estético y exigir viabilidad en el tiempo, explica Gómez. Desde la dirección de la galería prioriza propuestas que demuestren constancia, disciplina y una materialidad compleja, lo que mitiga el riesgo operativo de respaldar trayectorias fugaces.
“La inversión de tiempo y capital que uno le pone a esto como galerista es bastante grande. Necesitamos proyectos que permanezcan más en el tiempo”, afirma.
Gómez valora sobre todo artistas que tengan una intención artística clara más allá del discurso, que sean capaces de sustentar la génesis de su obra y con quienes pueda establecer una relación de “complicidad” basada en el respeto y la tolerancia, garantizando así una colaboración profesional y comercial estable.
El equilibrio para ser rentables
Las empresas dedicadas al arte no están exentas de las presiones financieras que amenazan la rentabilidad. Entre otras cosas, Gómez menciona el encarecimiento de los arriendos, las nóminas y las producciones como algunos de los rubros internos que se deben gestionar, mientras que en el exterior, los recortes corporativos y la incertidumbre generada por los conflictos geopolíticos contraen el gasto.
En este complejo escenario, la directiva advierte sobre las graves ineficiencias operativas que devoran la rentabilidad del sector. “Nos la pasamos produciendo el 80% de nuestro tiempo y el 20%, si nos queda tiempo, ahora sí a vender. Se convierte en una bomba de tiempo porque, desafortunadamente, la industria del arte no está tan sofisticada”.
La falta de métricas claras y la opacidad en las transacciones dificultan la medición del impacto comercial, creando un ciclo que amenaza a los espacios menos consolidados. En ese entorno corresponde desmitificar la figura del galerista para que opere como un estratega empresarial.
Asimismo, la colaboración entre galerías de distintos tamaños (emergentes, medianas y grandes) se perfila como una solución táctica para diversificar el riesgo y ampliar el alcance de las exposiciones en un entorno más abierto que en años anteriores.
Respecto al comportamiento de tendencias como la Inteligencia Artificial en este mercado, asegura que la digitalización y la adopción tecnológica son factores innegociables para optimizar los recursos, por lo que el sector no puede retrasar su implementación.
La visión de Latinou rechaza el enfoque netamente especulativo, donde las obras se transan únicamente bajo promesas de valorización futura. El precio de una pieza se justifica a través de las horas de producción, el rigor curatorial, los materiales y la gestión mediática ejecutada por la galería.
#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de septiembre. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
