A los 30 años, Laura Cabrera ha convertido su experiencia en diseño y música en una plataforma de negocios creativos que conecta a artistas latinoamericanos con la industria europea.
Su nombre es Laura Cabrera, tiene 30 años y desde Barcelona ha construido un modelo de negocio que cruza música, diseño, arte y talento latinoamericano. Su recorrido comenzó en Colombia, mucho antes de que Próxima —el estudio de dirección creativa y producción que creó junto a la productora peruana Alexandra Bedoya— tomara forma.
Su formación comenzó en Diseño en la Universidad de los Andes, pero desde temprano Cabrera entendió que su interés iba más allá de diseñar objetos o espacios. Se inclinaba por los proyectos que exigían trabajar con personas, entender dinámicas colectivas y convertir esas ideas en experiencias. Esa combinación entre diseño, investigación y trabajo de campo sería el punto de partida de una trayectoria que pronto encontraría un nuevo escenario.
Sin embargo, fue la música la que terminó cambiando el rumbo de esa trayectoria.
Después de viajar y pasar un tiempo en España, Cabrera regresó a Colombia con una inquietud: había visto formatos de eventos musicales que todavía no eran habituales en el país y que mezclaban disciplinas más allá del concierto tradicional.
“Cuando volví a Colombia dije: hay cosas que están pasando afuera que acá no estamos haciendo”, recuerda en entrevista con Forbes Colombia.
Con amigos comenzó entonces a organizar sus propios eventos y a experimentar con una escena que todavía estaba construyendo sus códigos. En paralelo, llegó a Páramo Presenta, donde trabajó en activaciones universitarias, conciertos y proyectos vinculados con el Estéreo Picnic. Más adelante pasó al equipo de dirección de arte y, durante la pandemia, a Páramo Lab, la agencia de activaciones de marca vinculada al ecosistema musical.
Fue una etapa que le dejó una de las ideas que hoy atraviesa su carrera: la verdadera industria musical se aprende en la práctica.
En Páramo encontró otra forma de entender el liderazgo. A pesar de su edad, tuvo la oportunidad de asumir responsabilidades y participar en proyectos que le permitieron ampliar su mirada más allá del diseño. Una experiencia que sería determinante cuando, a los 25 años, decidió salir de Colombia.
De Bogotá a Barcelona
Cabrera llegó a Barcelona buscando algo que no encontraba todavía con la misma profundidad en Colombia: un ecosistema musical más consolidado del que pudiera aprender. Tenía dos opciones sobre la mesa: estudiar una maestría relacionada con arquitectura y ampliar su perfil o especializarse en Music Business. Escogió la segunda y entró al programa del Conservatori Liceu.
Ahora bien, la decisión tenía una dimensión profesional y personal. Durante los años que había trabajado en Colombia había empezado a identificar una barrera que no quería aceptar como permanente: el lugar que las mujeres ocupaban en las conversaciones de poder dentro de la industria.
“Como mujer en la industria, hablar de estos temas en su momento todavía era un reto muy grande. Que tu voz pudiera ser tenida en cuenta”, recuerda.
Cabrera no quería quedarse únicamente en el lugar de la diseñadora que aporta una visión estética a un proyecto. Quería entender el negocio, sentarse en la mesa de los promotores, participar en las decisiones y, eventualmente, liderar proyectos dentro de la industria musical.
Barcelona le permitió ampliar esa perspectiva.

Durante el máster comenzó a recorrer la escena europea de la música en vivo. Asistió a festivales, exploró formatos y descubrió un ecosistema mucho más amplio que el que había conocido en Colombia: propuestas que cruzaban música, arte y medios audiovisuales; festivales de gran formato y otros especializados en nichos musicales; escenarios instalados en espacios patrimoniales y proyectos que se desarrollaban durante todo el año.
“Me di cuenta de que existía un mundo muchísimo más grande de propuestas, de tipologías de festivales. Allá los festivales se dividen también por nichos o por corrientes y vanguardias de música”, explica.
La experiencia terminó ampliando su idea de lo que podía ser un escenario. En Europa encontró conciertos en iglesias, playas y anfiteatros, y una mayor apertura institucional para utilizar espacios culturales como parte de la programación musical. También descubrió una escena atravesada por la mezcla de culturas y sonidos que llegaban con la migración.
Su plan inicial era irse, aprender y volver a Colombia. Pero pronto entendió que un año no sería suficiente.
“Europa estaba desbordado en horizontes y propuestas porque también había una convergencia espectacular, increíble e inacabable de culturas por la migración que hay y de sonidos y eso hace que se preste mucho para generar más y más y más propuestas”, dice.
Fue entonces cuando decidió quedarse y convertir ese aprendizaje en empresa.
El puente latinoamericano
Junto con Alexandra Bedoya, productora peruana y quien había sido directora de su máster, creó Próxima, un estudio de dirección y producción creativa especializado en música en vivo.
El negocio parte de una premisa: llevar al escenario disciplinas y talentos que normalmente trabajan por separado. Para cada proyecto, Próxima arma equipos que pueden incluir artistas audiovisuales, escultores, fotógrafos, diseñadores, artistas textiles y otros perfiles creativos, y los conecta con las necesidades de un festival o un artista.

“Nosotros hacemos desde dirección creativa hasta producción creativa”, explica Cabrera. Esto significa que pueden entrar desde el comienzo de un proyecto, cuando todavía se está definiendo su concepto y propuesta de valor, o asumir posteriormente la producción y materialización de los escenarios y las experiencias.
Esa capacidad de acompañar los proyectos de principio a fin se ha convertido en una de las características de Próxima. En lugar de limitarse a diseñar cómo se ve un escenario, el equipo puede involucrarse en cómo se vive, qué cuenta y cómo esa experiencia se conecta con la identidad del festival o del artista.
El resultado es un portafolio que abarca escalas muy diferentes.
“Hemos hecho shows en el Sónar, en el Primavera Sound, que son festivales de 100.000 personas, hasta fiestas de 200 personas en donde hemos hecho lámparas a medida con nuestras manos”, cuenta.
Ahora, su objetivo es llevar ese modelo más allá de Barcelona.
Próxima busca ampliar su presencia en otros mercados europeos y, al mismo tiempo, profundizar su conexión con Latinoamérica. Una de sus apuestas recientes ha sido acompañar la gira de Tra Tra Trax, sello paisa para el que desarrolló el diseño de arte y que actualmente lleva su propuesta a distintos escenarios europeos. El recorrido ya ha pasado por ciudades como Londres y Ámsterdam, entre otros destinos.
Pero la apuesta de Cabrera no se limita a abrirle espacio a una propuesta latinoamericana en Europa. Su visión es utilizar esa red como un punto de encuentro para que más artistas y proyectos de la región puedan entrar en circuitos internacionales, acceder a nuevas audiencias y relacionarse con industrias creativas a las que, de otro modo, les resultaría más difícil llegar.
“Queremos hacer un emprendimiento que genere un puente, que hable de poder conectar la dirección de arte, como la vivimos y la entendemos nosotras dentro del mundo de la música en vivo, pero representando a talento latinoamericano”, explica.
El negocio detrás de la creatividad
Convertir una pasión artística en una empresa, sin embargo, no ha sido un proceso lineal. Para Cabrera, uno de los mayores desafíos ha sido conseguir que la creatividad pueda sostenerse económicamente sin terminar convertida en una obligación que desgaste el proceso artístico.
Su recomendación para quienes comienzan es no depender desde el primer momento de una única fuente de ingresos.

“Para empezar a emprender en algo creativo, lo mejor es tratar de tener los huevitos en otros lugares y no soltar del todo otras fuentes de ingreso para poder alimentar esa”, dice.
Ella misma lo hizo. Durante los primeros años de Próxima, combinó el emprendimiento con otros trabajos dentro de la industria. Cabrera actualmente también está vinculada a Soundit, donde participa en la programación musical del festival.
Ese equilibrio, asegura, le permitió algo que considera fundamental para un emprendimiento creativo: poder elegir los proyectos desde los valores y no únicamente desde la necesidad de facturar.
“Yo lo que he visto que mata mucho el arte es que se tenga que hacerlo todo de una. Este, es un proceso más largo para que ya luego ese arte tenga un sentido, tanto económico como simbólico”, afirma.
En Próxima, esa visión se traduce en una apuesta por construir un negocio en el que la creatividad no esté enfrentada con la sostenibilidad económica y en la que el talento emergente tenga espacio para crecer.
Lo que sigue
Cabrera no intenta predecir exactamente dónde estará dentro de cinco años. Después de todo, reconoce que hace cinco años tampoco habría imaginado que estaría construyendo su carrera desde Barcelona. Pero sí tiene una idea clara de lo que quiere construir.
“Si pudiera tener un deseo de lo que me gustaría estar haciendo en cinco años como mujer es crear espacios tanto en Latinoamérica como en Europa en donde se represente más nuestro talento y en donde se defienda el derecho a la cultura”, dice.
Incluso imagina la posibilidad de crear algún día su propio festival, un espacio que pueda operar entre Latinoamérica y Europa.
Hace una década, Cabrera comenzó organizando eventos autogestionados con amigos en Colombia. Hoy su trabajo puede llevarla a diseñar experiencias para festivales de gran formato en Europa, mientras construye una red de artistas que conecta a Latinoamérica con esa industria.
Su siguiente escenario, esta vez, todavía está por diseñarse.
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