Su patrimonio se ha multiplicado por más de 4,5 desde 2021. Tras tomar el control de Nutresa, sus últimas movidas incluyen petróleo y alimentos en Venezuela y una creciente apuesta por GeoPark.
Jaime Gilinski Bacal regresó en mayo pasado a Georgia Tech, la universidad estadounidense donde se graduó como ingeniero en 1978, para recibir un doctorado honoris causa y hablar ante una nueva generación de graduandos sobre una idea que ha marcado buena parte de su trayectoria empresarial: pensar en grande.
“Sueñen en grande, construyan sin descanso, den generosamente”, dijo al cerrar su intervención.
Las cifras ayudan a dimensionar hasta dónde ha llegado esa filosofía empresarial. Forbes estima actualmente su fortuna en US$17.300 millones, una cifra que muestra la velocidad con la que ha crecido su patrimonio en los últimos años. En 2021 estaba calculado en US$3.800 millones; en 2023, en US$3.600 millones; en 2024 saltó a US$7.700 millones y en 2025 alcanzó US$10.700 millones.
Es decir, en cinco años su patrimonio se multiplicó por más de 4,5, mientras su actividad empresarial se extendió mucho más allá de la banca, el negocio alrededor del cual construyó buena parte de su fortuna.
El ascenso, sin embargo, no ha sido lineal. Gilinski tenía US$3.700 millones en 2018; bajó a US$3.600 millones en 2019 y a US$3.400 millones en 2020. Luego pasó a US$3.800 millones en 2021 y US$4.200 millones en 2022, antes de caer nuevamente a US$3.600 millones en 2023.

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El salto de Nutresa
Forbes describe a Gilinski como el constructor de uno de los mayores imperios bancarios de América Latina, desarrollado mediante una sucesión de fusiones y adquisiciones. Su carrera comenzó precisamente en esa especialidad: después de obtener un MBA de Harvard en 1980 trabajó en el área de fusiones y adquisiciones de Morgan Stanley.
Pero buena parte de la transformación reciente de su patrimonio está asociada a negocios que trascienden la banca.
En 2022, Gilinski había adquirido participaciones importantes en Grupo Nutresa y Grupo Sura, dentro de una ofensiva empresarial que modificó el mapa corporativo colombiano. Tras sucesivas ofertas públicas de adquisición y posteriores acuerdos entre los accionistas, terminó tomando el control de Nutresa.
Hoy Georgia Tech destaca la trayectoria empresarial de Gilinski y la expansión de sus negocios en banca, alimentos, bienes raíces e inversiones en Estados Unidos, Reino Unido y América Latina. La universidad le otorgó el pasado 8 de mayo un doctorado honoris causa.
Durante su intervención ante los graduandos, Gilinski recordó que llegó a Estados Unidos siendo un joven colombiano con un inglés imperfecto y que su formación como ingeniero le enseñó algo que luego trasladaría a los negocios: observar un sistema con problemas y buscar la solución dentro de él.
“El título nunca fue el destino. Fue el fundamento”, afirmó.

Venezuela, la nueva frontera
En los últimos meses, Gilinski ha vuelto a acelerar sus movimientos empresariales y Venezuela se ha convertido en uno de los puntos centrales de esa expansión.
Una de las operaciones se produce nuevamente a través de Nutresa, que acordó la adquisición de Industrias Tío Rico, fabricante venezolano de helados, como parte de su estrategia para ampliar su presencia en ese mercado.
Pero el movimiento de mayor dimensión llegó por un sector en el que Gilinski hasta ahora no había sido protagonista: el petróleo.
En marzo, el Grupo Gilinski comenzó a construir una posición en GeoPark con una inversión estratégica inicial de US$107 millones. Nuevas compras elevaron posteriormente su participación hasta aproximadamente 28%, convirtiéndolo en el mayor accionista de la petrolera.
La inversión inicial fue apenas el comienzo. El Grupo Gilinski lideró la oportunidad que permitió a GeoPark acordar su entrada al bloque Bare, un gigantesco activo de crudo pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco. GeoPark reconoce que la presencia estratégica del grupo en Venezuela resultó fundamental para asegurar un contrato de participación productiva a 25 años con PDVSA.

La operación cambiará también el equilibrio de poder dentro de GeoPark. Como contraprestación por el activo venezolano, el Grupo Gilinski recibirá nuevas acciones de la petrolera y elevará inicialmente su participación desde alrededor de 28% hasta 56,3%, convirtiéndose en su accionista controlante. Bajo determinadas condiciones contractuales podría llegar a aproximadamente 58,4%.
Además, el grupo lanzará una oferta pública por hasta US$100 millones para adquirir acciones adicionales de GeoPark a US$12,22 por título.
La apuesta es de largo plazo. Durante la formalización del acuerdo petrolero en Caracas con la presidenta encargada de ese país, Delcy Rodríguez, Gilinski lo resumió de una manera: “Cuando el Grupo Gilinski decide invertir en un país, lo hace pensando en décadas, no en irse”.
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De la banca al petróleo
La incursión en Venezuela amplía todavía más un portafolio construido durante décadas.
Gilinski conserva sus intereses financieros y es el mayor accionista de Metro Bank en Reino Unido. También participa, junto con los multimillonarios británicos Ian y Richard Livingstone, en la reconversión de la antigua base estadounidense de Howard, junto al Canal de Panamá, en el proyecto Panamá Pacífico.
La diversificación ayuda a explicar por qué definirlo simplemente como banquero resulta cada vez más insuficiente. Georgia Tech lo describe este año como banquero, líder corporativo, desarrollador inmobiliario y filántropo, con activos principalmente en alimentos, banca y bienes raíces en América Latina, Estados Unidos y Europa.
Ahora habría que agregar petróleo. La entrada de GeoPark a Venezuela no solo convierte al Grupo Gilinski en controlador de una petrolera regional. Bare podría llevar a GeoPark a una escala completamente diferente: la compañía proyecta que la combinación de Venezuela, sus operaciones colombianas y Vaca Muerta en Argentina podría elevar su producción a 75.000-85.000 barriles equivalentes diarios hacia 2030, unas 2,7 veces su nivel actual.
Felipe Bayón, CEO de GeoPark, ha explicado que el desarrollo de Bare podría involucrar alrededor de US$6.800 millones entre Capex y Opex durante la vida del proyecto.
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“Un sueño que produzca nervios”
En Georgia Tech, Gilinski habló de riesgo, disciplina, reputación y de la necesidad de plantearse objetivos suficientemente grandes.
La universidad a la que llegó como estudiante colombiano en la década de 1970 lo incorporó este año también al Engineering Alumni Hall of Fame, reconocimiento reservado para graduados que han alcanzado los mayores niveles de desempeño profesional.
Gilinski invitó a los estudiantes a perseguir “un sueño que produzca nervios cuando se dice en voz alta” y defendió la importancia de asumir riesgos sin comprometer la reputación.
Su trayectoria reciente parece seguir esa lógica. En pocos años pasó de la batalla por el control de algunas de las compañías más emblemáticas de Colombia a consolidar Nutresa, reforzar sus inversiones internacionales y abrir una nueva frontera empresarial en Venezuela.
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